miércoles, 17 de octubre de 2018

Los orígenes de la cartografía municipal de Sant Gervasi de Cassoles

Hablando, Burgueño.

Hoy empezaban en l’Ardiaca, el actual Arxiu Històric de la Ciutat, las IV Jornades d’Història de Cartografia de Barcelona. Como acudiendo a sus ponencias siempre se aprende alguna cosa sobre la evolución de la ciudad, me he inscrito, aunque no podré asistir a todas ellas.
Hoy he estado en varias que me han parecido de gran interés, de las que pondré algo por aquí en otro momento, pero empezaré con una aparentemente de menor importancia para el público en general. La daba Jesús Burgueño y versaba sobre los orígenes de la cartografía municipal de Sant Gervasi de Cassoles. Como nací en lo que ahora sé que le llaman el Barri del Farró, me atañía bastante, y muy de cerca.
Dice Burgueño que el desarrollo urbanístico de Sant Gervasi es paradigmático, “de manual”. Son los propietarios de las grandes fincas del municipio los que, otorgándose el papel de promotores inmobiliarios, las parcelaron, dibujando de ese modo también sus calles. La suma de las diferentes promociones privadas ocupaban prácticamente todo el terreno. Como está haciendo una investigación sobre el tema se ha mostrado congratulado con la numerosa documentación que se conserva sobre todo ello.
Esos grandes propietarios se pueden seguir en el nomenclator de las calles, incluso de muchas de las actuales.
Putxet: Beltrán, bofarull, Puig,

Situación Sant Gervasi.

Ídem.

Las antiguas masías.

La plaza es ahora Mañé i Flaquer.

Passatge Sant Felip, también en el Farró.

Plaza Galvany primera proyectada. Ahora mercado, en Santaló, otro propietario.

Ganduxer, otro propietario de terrenos convertido en promotor.




 

martes, 16 de octubre de 2018

Cronicas periodísticas (Ana Basualdo)



La primera imagen corresponde al “Adán y Eva” de Rubens, copiado de Tiziano (segunda imagen). Incorporó únicamente el pájaro rojo de la izquierda, un guacamayo, que es un ave de origen mexicano. Algunos autores dicen que esos dos cuadros marcan el tránsito entre el Renacimiento y el Barroco.
Lo ha explicado hoy en el Palau Macaya Ana Basualdo, derivando desde sus comentarios sobre las Crónicas de Indias. Y es que al final le he dado al seminario sobre crónicas periodísticas una segunda oportunidad...
Me ha resultado esta sesión mucho mejor que la anterior, que fue a la primera a la que asistí. Primero porque se notaba la ausencia de alguno de los picos de oro que se otorgaron un papel protagonista el otro día. Eso ha propiciado una mayor tranquilidad y le ha dado más cancha a ella para explicar sus cosas, siempre interesantes. Hasta la mitad de la sesión, momento en el que se le ha ocurrido preguntar por sus opiniones al auditorio y se ha vuelto a ver entonces las concomitancias entre un seminario de este tipo y un colegio de niños aplicados, bastante insoportables.
He oído a alguna vecina de asiento criticar lo dispersa de la explicación, cosa que no admiten los que quieren una lección clara y ordenada, para poder tomar notas caligráficas en sus apuntes, a luego encuadernar. Es verdad que me ha desconcertado un poco cuando nos ha pasado una serie de imágenes de cuadros de pintores famosos que no parecían venir a cuento, pero luego se ha entendido que lo hacía para enseñar cómo era el paisaje según ellos y llegar a que la atmósfera de Josep Pla (su “Viaje a pie” era el otro punto del día) estaba emparentada con la de Cezanne.
Por lo demás, unas cuantas cosas que me han parecido de interés de las que ha dicho sobre los Cronistas de Indias: Primero, que sus escritos son tan variados y fueron de tanta influencia en Europa, que pueden llegar a ser considerados una especie de auténtica Enciclopedia. Fue en esas “crónicas” en las que por vez primera se describían pormenorizadamente los espacios, que antes no se juzgaban de interés. Ha leído una serie de palabras de uso común en nuestro idioma que fueron novedades aportadas por ellas y también ha alabado a Alejo Carpenter por caracterizar a las crónicas con el concepto de lo “real maravilloso”, para denigrar después que degenerara en “realismo mágico” tras Garcia Márquez, una etiqueta que, según se ha encargado de demostrarnos, ha hecho mucho daño a la literatura latinoamericana. Por último nos ha recomendado vivamente que mirásemos por internet (cuarta imagen) las láminas que posee el Jardín Botánico de Madrid correspondientes a los dibujos de plantas de José Celestino Mutis.
Al final, y eso sí que no venía a cuento, una chica quería dejar claro que había leído a Robert Walser y nos ha recomendado generosamente su lectura.



 

jueves, 11 de octubre de 2018

Cataluña ante el reto del s.XXI. El valor de la historia (José Enrique Ruiz-Domènec)


Le saqué una foto que no me atrevo a colgar. Está de perfil, como si posase para aparecer en una serie de monedas que se debieran acuñar. Aunque en el fondo creo que hasta le podría llegar a gustar, pues liga absolutamente con ese juego que desarrolla en todas sus charlas de enorme modestia y, al mismo tiempo, dar elementos para ser alzado al pedestal.
José Enrique Ruiz-Domènec inauguró ayer el ciclo de conferencias “Pensar la Historia” (que traerá por aquí a historiadores como John Elliot) con la conferencia “Cataluña ante el reto del s.XXI. El valor de la historia”. Su aparente -algo irónica- modestia le hizo decir (sonrisa de satisfacción al ver que eso provocaba las risas del auditorio) que estaba ahí únicamente como telonero.
Tras mencionar a los que les seguirán en próximas ocasiones, se puso serio, señalando que estaba observando “el final de una retracción del conocimiento de la Historia”, lo que nos supondría una gran suerte, puesto que podremos entonces acudir a ella en situaciones de encrucijada como la actual, para clarificarnos un poco y quizás iluminarnos y poder salir airosos de la misma.
Justo entonces, cuando empezaba a hablar de Tucídides, con el que, para su satisfacción, le habían comparado, se empezaron a oír unos aplausos, coronados con un enfervorizado cántico conjunto de Els Segadors. Aunque cercana se trataba de otra reunión, sin duda.
Antes de entrar en materia (que sólo lo ha hecho por el final y someramente), ha acusado a los habitantes del mundo actual de un enorme cortoplacismo, seguramente influido por el horizonte más lejano que se contempla, que suele coincidir con el de las siguientes elecciones. Una característica esa que hace que no se piense nunca en el necesario largo plazo, ni hacia atrás -¿qué pasó en esa circunstancia parecida?- ni hacia adelante. Y es una lástima, ha seguido, porque la Historia, bien analizada, puede suponer un relato absolutamente clarificador cara al futuro, frente a cosas como, por ejemplo, la novela histórica, que suele ser todo lo contrario.
El meollo de su conferencia se encuentra en un librito suyo reciente, “Informe sobre Cataluña” (Taurus y Rosa dels Vents), donde navega por trece momentos decisivos de los trece últimos siglos de historia de Cataluña. Ha detallado algunos de esos primeros momentos de referencia (La visita de un abasí barcelonés a Carlomagno, para hacerle una propuesta; Ramón Berenguer III firmando un tratado con los reyes de Sicilia, luego rectificado por su hijo, Ramon Berenguer IV; cambio de dinastía, compromiso de Caspe, rechazo al contestable; Jaume I el conquistador moribundo, una historia -ha señalado- muy tergiversada por los románticos; 1492- 1505, en que se vuelve a casar el rey viudo; 1640-1659, con La Paz de los Pirineos; 1700-1714; etc, para luego sólo mencionar otros momentos posteriores de la historia hasta llegar al periodo 2012-2018.
Para ver cómo puede llegarse a pensar que con sólo el estudio de las circunstancias y salidas que se dieron en esos momentos (que resultaron positivas o negativas para el país) puede uno iluminarse y ver con cierta claridad cómo podría resolverse lo planteado en el momento actual, habría que comprar y leer el librito. Yo no acabo de hacerme a la idea.

 

miércoles, 10 de octubre de 2018

Ana Basualdo


Recuerdo el nombre de Ana Basualdo en negrita, en el encabezado de artículos de cuando leía El País. Buscando nuevas conferencias a las que asistir en el Palau Macaya, di con que iba a hablar de crónicas periodísticas y, por curiosidad, me apunté para ver cómo resultaba.
En vez de una conferencia resultó ser un curso compuesto por cinco sesiones. Antes de la primera, nos enviaron desde la Fundación La Caixa unos cuantos textos para leer. Por un lado había dos de José Martí. En uno -delicioso- hablaba sobre Coney Island. El otro texto suyo coincidía con otro de Djuna Barnes en hablar de un mismo tema: el entierro de un patriarca chino en Nueva York. (Me pareció infinitamente mejor el de José Martí). Lamentablemente, no pude asistir a la sesión.
Por eso ayer fue mi primera asistencia. Fui despistado pero muy interesado, porque se iba a hablar de artículos-entrevista realmente de gran interés: Irene Polo en L’Opinió (una muy informativa cita con Josep Lluís Sert en su casa, para hablar de la Casa Bloc y de arquitectura social en general) y Truman Capote (con Marlon Brando para The New Yorker).
Visto cómo se desarrolló la sesión no sé si repetiré. Me cayó muy bien, viéndola en persona, Ana Basualdo. Argentina exiliada en Barcelona desde hace muchos años (denotó emoción fuerte cuando explicó lo que sintió al averiguar que Irene Polo hizo el viaje en sentido contrario, con un final bien diferente), se le detectó gran pasión, herida por los libros, por determinado tipo de libros, por la literatura y el buen periodismo. Como los textos hablan de diferentes cosas, algo escéptica sobre el resultado de sus pesquisas, se puso a preguntar quién de la nutrida aula sabía algo de Capote, de Josep Lluis Sert, del barrio de Aunós, o de lo que fuera. Preguntas para ver hasta qué punto su auditorio le seguía en cuanto a conocimientos. Su impresión debió ser ambivalente: Sí, pero...
Ahí está el posible problema que puede llevar a repensarme asistir a otras sesiones: Pude constatar que el promedio del alumnado estaba formado por gente muy concienciada y preocupada por clasificar, definir... y dar cuenta de su juicio... en vez de disfrutar. Unos cuantos, ya con la veda abierta, son de esos que empiezan su pregunta con ese nefasto “Quisiera hacer unas reflexiones...”
Yo no voy ahí para oír las reflexiones de ese señor, el disparate del de detrás de ese (que, ven a saber por qué interrumpiendo e interviniendo públicamente para sentar cátedra, confundió hipérbole con elipsis), o los pensamientos con apariencia de doctorales pero más que nada autosatisfechos de mi vecina de delante. Voy para oír las cosas interesantes que pueda decir o hacernos ver Ana Basualdo. Pero apenas si le quedó tiempo para nada, dentro de ese mar tan cansinamente agitado.
Entre intervenciones supuestamente doctorales, pero cosecha de lugares comunes realmente, tuve tiempo de pescar unas cuantas perlas de la ponente, dando pie a pensar lo interesante que debería ser participar en una tertulia en la que pudiera informar de sus lecturas y experiencias o, simplemente, parar la oreja tomando unas cervezas con ella. Aquí van algunas:
Definió “Música para camaleones” como el laborioso ejercicio de expresar lo máximo a partir de lo voluntariamente más depurado, lo más sencillo, dando ejemplos de sus ironías y hasta astutas maldades. Habló de su canon sobre Capote, un autor del que sólo abjura de sus “Plegarias atendidas”. Hizo reparar cómo, con qué sutilidad, hacía notar el paso del tiempo en su larguísimo artículo para el New Yorker.
Comparó la barroca prosa de Lezama Lima con la extremadamente limpia poesía de Sandro Penna.
Lanzó opiniones, comentarios sobre las crónicas argentinas actuales (que no sigue demasiado porque ve que no cubren ninguna función periodística). Se indignó públicamente del “Relato de un náufrago” de Garcia Márquez, porque había roto el pacto que toda crónica debe guardar con la realidad, engañando al lector, dejando solo el decorado.
Todo esto luchando con un micrófono que le hacía mantenerse incómodamente rígida y sin poder desarrollar lo que quería porque ella misma daba pie a las intervenciones del auditorio, que se centraban una y otra vez en los empollones o al menos parlanchines de la clase.
Así las cosas, miraré si voy o no las clases siguientes o simplemente paso a leer directamente los escritos por ella lanzados, que contienen a Pla, Juan Goytisolo, Marcelo Cohen, Robert Arlt, Canetti, Lara, Pasolini y muchos otros que seguro son de lo más atractivos. No como la mayoría de los alumnos del curso, tan sufridores de incontinencia.

 

lunes, 8 de octubre de 2018

Wolf Lepenies


El de la foto es Wolf Lepenies (un laureado sociólogo y politólogo alemán), escuchando la presentación que sobre él hacía Josep Ramoneda (sin enterarse ni papa, porque se ha liado de lo lindo con el aparato ese tan insidioso para traducciones, que estorba además una enormidad la comprensión cabal de la conferencia, pues la gente se lo pone mal en el oído y lo deja a todo volumen, resonando entonces la chirriante traducción por varios puntos de la sala).
Era la conferencia inaugural del curso de L’Escola d’Humanitats, y se disponía a hablar sobre conflictos este/oeste norte/sur. Ensayo por aquí un resumen de lo que más o menos he captado.
Ha empezado recordando cuando en 2007 Sarkozy pugnó por una unión de los países del Mediterráneo, lo que, según Lepenies, podía haber sido una buena idea, pero sobre la que el entonces presidente francés sólo sabía precisar que era contra el poder de Alemania. Desde entonces -ha precisado, invitándonos a marearnos un poco con la relación- han sucedido muchas cosas. De una cierta pugna entre el sur y el norte hemos pasado ahora básicamente a una confrontación entre europeistas y nacionalistas y populistas, de tal forma que ya teme lo que puedan deparar las elecciones de 2019.
Wolf Lepenies nos ha dicho que, nacido en 1941, pertenece a una generación para la que la existencia de una Unión Europea creada con el objetivo de evitar nuevas guerras internas sigue siendo muy válida. “Para mí generación -ha rematado- la caída de la UE sería una catástrofe”.
El repaso histórico ha sido esquemático, pero muy certero: tras la caída del muro de Berlín y de todo el bloque comunista, surgió una etapa en la que muchos líderes de los países del Este eran literatos. Pero las segundas elecciones ya hicieron huir la sonrisa de la boca. Empezaron a salir las fuerzas que ahora atenazan el futuro de casi todos esos países, y notoriamente Polonia y Hungría.
Ha explicado una experiencia personal bastante aterradora. Viendo que muchos artistas y gente de valor se iba de sus países para vivir en Occidente, participó en varios proyectos allí de escuelas de investigación. Dice que un mandatario húngaro le recibió muy atentamente. Estuvieron cenando juntos y mientras él le explicaba las intenciones de la escuela, el mandatario iba tomando notas en una libretita de mano, soltando de tanto en tanto un “Hay demasiados”. Hasta que le preguntó qué qué es lo que habría demasiados y obtuvo una respuesta escalofriante, por lo que tiene de retorno al pasado: “judíos”. No quería la formación de esa escuela porque eso significaba admitir la llegada de gente de otros lados y eso “no sería bien comprendido en nuestro país” (sic).
Dice Wolf Lepenies que varias veces se ha hecho la pregunta: ¿Por qué ha vuelto el nacionalismo a Europa? Una de las respuestas que se ha dado y nos ha trasmitido es muy interesante: Desde las instituciones europeas se ha infravalorado la resistencia a lo que supondría de pérdida de soberanía nacional el sometimiento a los reglamentos comunitarios. Para los países occidentales esto también ha sido así, pero es que la gran mayoría de esos países del Este nunca tuvieron la suerte de ser totalmente independientes, y por eso reclaman su cuota de soberanismo. Bruselas no ha seguido nunca el principio de subsidariedad, y eso, en su opinión, ha sido un enorme error.
Esto último es también aplicable, ha seguido, para la cuestión de la inmigración. En su opinión, lo de la cuota no puede funcionar nunca. Esos países hoy por hoy no quieren admitir inmigrantes y quizás se les debiera permitir, pero -y ahí se ha puesto rígido- en ese caso lo que no se les puede dejar pasar por alto es que no paguen a los países que sí los acojan.
Tras esto, ha seguido mencionando aspectos preocupantes relativos a esos países, en los que la separación de poderes está yéndose a la porra rápidamente y donde el nacionalismo se ha mostrado como de lo más “sexy”.
Después de hablar de cómo Macron, que parecía en un primer momento querer reforzar (reuniones iniciales con Ángela Merkel) la Union Europea, parece haber fracasado en el intento, sin haber logrado un franco apoyo de la jefa de gobierno alemana, ha dibujado cómo se encuentra en plena bronca con Matteo Salvini, como ejemplificación de cómo han derivado los asuntos.
Acercándose a las conclusiones de su charla, ha planteado su idea de que el futuro de la UE depende en gran medida de lograr una política de inmigración y africana unificada. Admite que muchos de los problemas de África, por ejemplo, venían de las políticas colonialistas europeas, pero rápidamente ha señalado que hace ya mucho tiempo que el mal funcionamiento de estos países se debe en buena parte a la corrupción de los nuevos gobernantes del continente. Él es partidario, sí, de inversiones europeas en África, pero siempre supervisadas para confirmar que no van a parar a manos de los corruptos.
Antes de acabar ha mirado a la audiencia y ha dicho que su charla estaba programada para hace justo una semana, pero que Josep Ramoneda le había explicado por qué no era oportuno darla ese día, tratándose del 1 de octubre. Ha dicho entonces que había una cosa que le iba a generar “muchos amigos”, pero que para ser honesto debía decirla y que para ello antes se paraba un momento y bebía un buen vaso de agua. Tras hacerlo, ha ido hacia ello:
No estoy cualificado - ha advertido- para hablar del tema catalán. Sí tengo varios amigos viviendo aquí, favorables o contrarios a las tesis independentistas, que me han hablado de ello, pero no puedo intervenir con gran conocimiento de causa. Para ser sincero-ha seguido- no creo en muchas de las razones de los independistas. Sí creo en los conflictos entre centro y periferia, pero una cosa tengo clarísima: “¡Olvídense de las razones históricas como base argumental!” La otra parte también tendrá las suyas. Dedíquense a discutir los problemas que llevan a las diferencias de criterio, pero sin invocar razones históricas, por favor.
Y ha finalizado: La revolución francesa propugnaba un estado jacobino, centralista, aunque también hubo una alternativa con los girondinos. Éstos eran más partidarios de una autonomía periférica. Por ahí se situaría el modelo suizo. Ha reafirmado su creencia de que una amplia autonomía no va contra los lazos, sino que crea mejores lazos, en su creencia en una plena solidaridad y se ha despedido con un deseo: Que Madrid ceda mucha autonomía para que Cataluña siga, satisfecha, en España.
Viendo Ramoneda que este tema iba a monopolizarlo todo, ha propuesto no abordarlo en La Ronda de preguntas que él suele hacer en ese momento y dejarlo para el coloquio final con el público.
En ese, una intervención de un asistente ha hablado de la existencia de ganadores y perdedores en Europa tras el proceso habido desde la caída del muro, pero Lepenies le ha contradicho: “Mirando cifras, todos han sido ganadores. Hable, en todo caso, de desigualdades: Corrijámoslas.”
Contestando otra pregunta se ha puesto a hacer, aunque mostrándose algo reacio para ello, una especulación muy interesante: “Yo no acabo de creer en las propuestas de todos estos movimientos populistas. Si Italia deja la UE, a la semana siguiente está en bancarrota...”
Otra especulación, llegando al límite. “Pensemos por un momento en que se llegasen a cumplir los pronósticos más negros, con triunfos electorales de esos partidos populistas. Yo sería partidario entonces de que Alemania, Francia, los países contrarios a esas ideas, salieran de la Unión Europea y crearan otra Unión que marcase y controlase estrictamente las condiciones de sus socios.”
Me gustaría, por último, y como se trata de una notoria excepción en este tipo de actos, valorar la magnífica intervención de una mujer del público, que se ha presentado como argentina (con experiencia en muchas crisis, pues) y más tarde como economista, pero sin solución alguna que aportar. En un primer momento ha apuntado hacia la falta de idea ilusionante por parte de las instancias europeas, que mirase más allá de la defensa del estado del bienestar. Pero luego ha lanzado un pequeño dardo contra lo que Lepenies sugería de ir dando más y más autonomía a los territorios locales. Según ella, esa era la forma de dejar el camino expedito al gran capital financiero, cuyas barbaridades sólo podrían ser combatidas a base de una Europa fuerte... y no dependiente suyo. Me parece una idea a tener en consideración, que se parece bastante a la que oí mencionar a Jordi Borja el otro día.

 

jueves, 4 de octubre de 2018

Ciudadanía y derechos en una ciudad global

Jordi Borja, durante su conferencia.

Aviso que aquí sigue un rollo excesivo porque, por si no se me habìa notado, el tema de la ciudad y de la planificación urbana me ha atraído desde antiguo y el histórico Jordi Borja, pese al cansancio que le produjeron las dos horas de su exposición, que le llegó a afectar a su flexibilidad de habla, dijo mucha cosa, expresó muchas ideas y trasmitió un montón de sensaciones interesantes.
Su charla tuvo lugar ayer, se llamaba “Ciudadanía y derechos en una ciudad global” o algo así -aunque eso es lo de menos- y era la que inauguraba el curso de la Societat Catalana de Geografia.
Josep Oliveras, presidente de la SCG, le presentó, como suele hacer, con recuerdos personales que van muy a cuento y aclaran mucho sobre el personaje. Explicó que la primera vez que lo vio fue en una conferencia sobre el barraquismo que dio hace ya 50 años, también para la SCG, entonces aún en el Palau Dalmases de la calle Montcada, y que al acabar se acercó a Pau Vila, preguntándole qué le había parecido. “Aquest xiquet ha fet una conferència molt cartesiana”, recuerda fue la respuesta del decano de los geógrafos catalanes.
Jordi Borja, para llegar a hablar del tema de la conferencia, empezó haciéndolo de su historia personal con la geografía. Se definió como “geógrafo degenerado”, explicando que había sido un pésimo estudiante hasta llegar a la Universidad. Le gustaban, eso sí, los mapas y sentía una fascinación enorme por la ciudad.
Para detallar y que entendiéramos por dónde iba esa fascinación que sentía por la ciudad citó a Cesare Pavese (“Cruzar una calle para escapar de casa”), a un inicial Josep Pla describiendo todas las sugerencias que ofrecía la ciudad de forma muy precisa o hasta a André Bretón (“Me gustan las ciudades porque en cada esquina puedes tener una sorpresa”). Haciendo novillos -siguió- se lanzaba a recorrer la ciudad, que era la aventura (el Barrio Chino) o el descubrimiento de la injusticia (el Carmelo, el Buen Pastor, gente viviendo en cuevas en Collblanc, en barracas de Les Corts,...): Vio entonces que existía una injusticia espacial.
Inició Derecho, carrera que no acabó (no explicó las razones, que tuvieron que ver con su militancia política en el PSUC, que luego le llevaría a Bandera Roja) porque “se tuvo que ir a Paris”. Allí conoció y siguió el maestrazgo de Pierre George y de Yves Lacoste (de quien explicó que sigue estando vivo, habiendo publicado recientemente unas memorias), que acabaron cursando visita más tarde a la Universidad Autónoma de Barcelona. No hizo, en cualquier caso, apenas referencias a su pasado político, sólo le salió un espontáneo “Más tarde, con las elecciones, sí aprendí a perder”.
Su gran tema, qué duda cabe, es Barcelona, pero lanzó una frase terrible: Tengo muy pocas cosas que decir de Barcelona, me aburre ahora soberanamente como tema de conversación. No por las actuaciones del gobierno actual de la ciudad, que ya va haciendo alguna cosa, sino por las pocas cosas que puede hacer.
Lanzó entonces su visión sobre la situación actual en cinco puntos que dejaban ver que seguía teniendo una fuerte visión marxista:
1 - Vivimos en un mundo sometido al Capitalismo.
2 - Más allá del “bloque cementero” ahora hay algo nuevo a lo que es muy difícil enfrentarse: un capitalismo financiero descentralizado. Para ir contra ese enorme poder se necesitaría una UE fuerte. Los Estados de Europa debieran desaparecer y así, de paso, acababa el problema catalán.
3 - No te puedes fiar de los gobiernos, no por su corrupción, que desde luego vemos que existe, sino por su absoluta debilidad.
4 - Si no hay movimientos sociales fuertes, la ciudad pasa a estar en venta.
5 - Detecto un cierto nivel, preocupante, de fascismo intolerante en grupos sociales de arriba y abajo.
Se quejó entonces amargamente de la escandalosa falta de código ético de la profesión de urbanista, contrariamente a lo que pasa con la medicina o la enseñanza, que atenúan ciertos desmanes. Como ejemplo, puso el de varios disparates cometidos en la planificación de polígonos sociales en Latinoamérica, contraria a lo mínimo que razonablemente debería respetar una planificación de este tipo.
Por último, pasó a hablar de lo que sorprendentemente calificó de “la chorrada del modelo Barcelona”, que tanto le han asociado como componente del equipo Maragall, cuando todo el mundo debiera saber que la ciudad no es algo fijo, sino un proceso. Se detuvo en analizar la evolución de la planificación urbana en Barcelona: se parte de una tradición progresista de la que sentirse orgullosos. Por un lado Cerdá, más adelante el GATCPAC, ambos con una imprescindible visión metropolitana (los ejes marcados por Cerdà de la Meridiana, la Diagonal o el Paralelo, por ejemplo, para dar una continuidad futura a la ciudad y permitir unos claros enlaces). Luego Porcioles, que es un ejemplo de lo que no se debe hacer, tuvo el mérito de hacer cosas después de una época de paralización absoluta. Y se llega al periodo Maragall. Pero con él se acaba la ciudad. Ya no quedaron más espacios vacíos. Y tras su mandato quedaron paralizadas la ciudad metropolitana y la capitalidad catalana. Dos proyectos fundamentales.
Ahí echó la culpa no sólo a populares y convergentes, sino también a los mismos socialistas. Nombró, para que se viera claro, a Mercè Sala y lo que le oyó decir en un pleno metropolitano totalmente socialista cuando presentó su propuesta: “Ahora todos tenemos cargos. Dejémoslo así.”
¿Qué dijo que se debía intentar en Cataluña? La creación de unos ejes de ciudades potentes, como Sabadell/Terrassa o Tarragona/Reus, que puedan llegar a competir con Barcelona, una ciudad ésta que no debe acumular, sino verse tan fuerte como para irradiar hacia el resto de Cataluña.
Pero explicó que lo que ve por todos lados (y ahí debe radicar la desazón que le he adivinado todas las veces que he coincidido con él últimamente, viéndolo como un alma en pena, muy despistado) es una completa falta de ideas de ciudad y de país del futuro.
Tras esta gozada de conferencia, aún hubo un coloquio, ya más confuso, en el que se habló de “los efectos perversos de los proyectos”, que acaban haciéndose cuestionar uno si en ocasiones no sería mejor no hacer nada, porque si no, el mercado tergiversa siempre lo que con buenas intenciones se planifica. Le oí preguntarse entonces si en el centro de la misma Bolonia, la ciudad tan alabada por su planificación de izquierdas, siguen viviendo los mismos. De la ciudad de Barcelona señaló que ya estaría bien que se quedase en un 50%, pero que, si no se hace nada, va camino de tener únicamente un 20% de habitantes fijos. De España, que hay mucho que recorrer en el camino de traspasar poder al ámbito local, que se ha quedado estancado en del orden de un insuficiente 13%
Una conferencia larga, pero vivificante.

Antes de empezar(se había equivocado de hora y al entrar en la sala con un amigo vimos que estaba ahí el solo) con Jaume Miranda.

Con Horacio Capel y Mercè Tatjer.

Josep Oliveras durante su presentación. Como en ciertos recitales, una primera fila de lujo.

Oriol Nel.lo haciendo una pregunta.

 

Sobre la guerra Irack-Irán

El inicio de la guerra fue la invasión por parte de Irak de la región de Shatt al Arab, quizás pensando Sadam Hussein que en ese momento ten...