Sentado entre las penumbras de la antigua biblioteca del gremio de los “cotoners” (los del textil algodonero, que fueron un lobby con gran poder por estos lares), señalando unos enormes cuadros del fondo que representaban a unos cuantos marajás muy puestos con sus respectivos turbantes, Félix de Azúa se ha preguntado en voz alta:
- ¿Por qué se retrata la gente?
Intentaba responder con ello a la primera pregunta que le hacía Andreu Jaume en un acto celebrado hoy para presentar “Volver la mirada”, un libro editado por Debate en el que figuran seleccionados buena parte de sus artículos sobre arte.
El marajá se hace pintar -se respondía Azúa más adelante- porque tiene la íntima convicción de ser muy poca cosa, y piensa que quizás sí se hace con su imagen, eso le dará el poder que quiere tener. La imagen es la que crea la cosa, y no al revés.
Eso ha sido una pequeña anotación dentro de una rápida mención de su visión sobre la historia del arte, que, como en su Diccionario del Arte y en este mismo libro, inicia siempre haciéndose preguntas sobre ese misterio: ¿por qué el hombre de las cavernas dibujó un caballo, incluso -quizás- antes de hablar?
Ha hecho notar las pocas imágenes que acompañan el periodo del siglo IV al VIII, de auténticas guerras iconoclastas. De estas guerras, ha seguido, salió vencedora la imagen, que tiene poder. A partir de ahí se creó, se definieron los rasgos de la imagen de Cristo, de la Virgen... En el Renacimiento empieza el desastre: La copia hace a la cosa. Surge el hasta entonces inexistente paisaje, que no era sino un estado de ánimo. Luego llegó el romanticismo, que fue el principio del concepto de Arte moderno: Apareció la responsabilidad moral del artista, quien debía cambiar el mundo. Volvieron luego los iconoclastas, como Duchamp y llegó el fin del Arte. Es verdad que los críticos siguen hablando de Arte, pero no saben de lo que hablan. Da pena, pero se acabó. A partir de ahora son Vds. -los que pintan- libres: ya nadie les exige que salven al mundo -ha redondeando-.
Le ha preguntado luego Jaume por Goya, sobre el que le ha reclamado que debería escribir ya un libro. En su respuesta Azúa ha dado un repaso admirado a las diferentes épocas de sus pinturas. En su evocación de los frescos -que ha tildado de milagrosos- de San Antonio de la Florida (que le ha servido para recomendar la visita, completada con la comida en un restaurante cutre vecino que, según él, es glorioso), ha explicado que eran la antítesis de las pinturas negras de la Quinta del Sordo, pues eran la alegría misma. Se ha detenido a continuación en hablar de sus retratos, pero sobre todo de los retratos hechos a sus amigos, de la grandeza y dignidad en el horror de sus extraordinarios cuadros posteriores, del salto de cien años de pintura que representan sus pinturas negras...
Del libro presentado Andreu Jaume ha reparado en los escritos sobre dos pintores posteriores a lo que se ha venido en denominar “el fin del arte”. Uno, Barceló pero, sobre todo, otro, Kiefer. Azúa ha justificado su aparición: Kiefer -ha dicho- es el último que cree en el icono. Pinta para cambiar el mundo. Quiere conjurar el horror. Intenta conjurar la maldad que se instaló en su país.
Ha sido un acto corto (sólo le ha hecho un par de preguntas al final Oscar Tusquets, que asistía en primera fila), pero realmente intenso. Estaba de buen humor y se ha notado. Ha respondido con precisión y profundidad. Hay gente que le tiene una manía visceral, pero creo que le deberían reconocer, tras asistir a sesiones como ésta, la inteligencia de su mirada y la claridad con la que consigue trasmitir sus ideas.
Para acabar, descubriéndome el sombrero, una cita que ha hecho de Hegel que me ha maravillado, por lo bien que ha explicado con ella una sensación. Hablaba, ahora no recuerdo muy bien por qué, de Bonnard. Describía alguno de sus cuadros, en los que Marthe, la modelo del pintor, se limpiaba en una enorme bañera. La luz incidía sobre su cuerpo de forma especial y, tras una ventana, lucía un manojo de flores amarillas. Era, como decía Hegel, “la vida en tanto que domingo”.

