miércoles, 24 de julio de 2024

El PSUC y la cultura

Los cuatro ponentes: Txema Castiella, Laia Ortiz, Giaime Pala y Laura Tremosa

A ver. ¿Cómo decirlo? Entré en la Universidad en el curso 1970/71 y, en ese momento, cualquier compañero realmente comprometido social y políticamente (un porcentaje realmente ínfimo en mi Escuela) ya estaba en grupos a la izquierda del PSUC. Es más: veían al PSUC como si fuera el diablo, unos “completos revisionistas”. Quizás fuera, eso sí, porque eran los que, aparentemente, lo copaban todo. También se ha de decir que un poco más de una década después, ya no quedaba ni uno de esos grupúsculos que tenían en su seno la verdad revolucionaria, y que presencié viajes personales bastante sorprendentes, de la intransigencia de una práctica ajustada a la teoría, a las batallas por el poder en el seno de empresas multinacionales.
Fue bastante después, a base de lecturas y hablando con mucha gente del entorno cultural, que fui sabiendo de los intríngulis reales y actividades de las células del PSUC, como ha recordado Laura Tremosa, “el partido” -que así le llamaban todos-, que ahora cumple 88 años. Fue por este segundo tipo de intereses, que no para recordar nada personal, pues, que acudí al acto de ayer.
Llegué ayer a la mesa redonda sobre “El PSUC y la cultura” -manías que se agudizan con la edad- el primero. Tenía miedo que tal como están las Ramblas y la Vía Laietana me costase mucho llegar hasta el Museo d’Història de Catalunya, donde tenía lugar, y estuviera entonces ya demasiado lleno, pero un cuarto de hora antes aún no había llegado ni un asistente de los llamados a estar en la mesa o a oír a éstos.
Me senté en las primeras filas. Llegó entonces Jordi Borja, a quien le debió sonar mi cara de alguna actividad y se acercó a saludarme y, un poco más tarde, fui yo el que me acerqué a saludar a Laura Tremosa, causante principal de que, al verla en el programa, acudiera yo, en realidad, al acto.
Con eso de sentarme en las primeras filas tuve suerte, porque empezó a llegar gente a trompicones (se ve que muchos llegaban de una visita guiada a la exposición “Tàpies. Art i activisme”) y a las 19.05 la sala estaba llena, empezaron a poner sillas por los pasillos y más atrás -por suerte fuera de mi visión- se acumulaba mucha más gente, que permaneció, sudando la gota gorda, de pie toda la sesión.
Noté un cierto compadreo…de antiguos militantes, en general algo desubicados, algunos con pinta -los calores- de explorador y otros de veraneante con camisa hawaiana de colores tristones. Ninguno de intelectual orgánico o inorgánico, que hubieras podido asociar, en tiempos, a “El PSUC y la cultura”. Y casi todos, con una cierta edad, de “haber sido”.
Empecemos: Jordi Guillot dio inicio al acto. Señaló que, además del 88 aniversario de la fundación del PSUC, ayer se cumplían 30 años de la muerte de García Nieto, y dio paso a la intervención, desde Madrid, de Ernest Urtasun, actual ministro de Cultura, quien dio la mala noticia de la pérdida del techo de gasto propuesto en el Congreso de los Diputados, y leyó un escrito en el que hablaba, sobre el tema de la relación del PSUC y la cultura, del cartel que Tàpies pintó para el partido y de las cuatro revistas que éste había lanzado, haciendo especial mención de Nous Horizonts.
Guillot recordó entonces el reciente fallecimiento de Fede Prieto y dio paso a la mesa en sí, de la que sólo presentó a Laura Tremosa (“Una de las primeras ingenieras catalanas”) y a Giaime Pala (historiador).
Laura Tremosa agradeció que, además de su condición de ingeniera, el moderador le hubiera presentado como mujer de cultura, porque, pese a toda una vida (y citó sus casi 88 años) reclamándolo, nunca consiguió que se admitieran los conocimientos técnicos y científicos como parte de la cultura.
Indicó que, de hecho, no entró en el PSUC hasta 1975/76, pero que ya a partir de los 60, durante la clandestinidad -si bien no tan dura como en los años 50-, había sido lo que luego se enteró: una compañera de viaje. En seguida comentó que ella allí, en realidad, sólo podía aportar alguna que otra anécdota, y que prefería que fuera el historiador, Pala, el que enmarcara históricamente el tema.
Y Pala lo hizo pero que muy bien, dejando boquiabierto y aplaudiendo a rabiar al auditorio.
Empezó, en mi opinión muy acertadamente, señalando que entre el PSUC y la Cultura había habido una relación… (y aquí se pensó bastante la palabra)… “delicada”.
Inicialmente -desarrolló-, está claro que lo primero era sobrevivir. No fue hasta 1956/57 que hubo en el PSUC el planteamiento de trabajar en el campo de la cultura, coincidiendo con el primer congreso del partido. Fue entonces que entraron una serie de estudiantes, jóvenes que no habían hecho la guerra, muchos hijos de los vencedores.
(Fue oír eso y yo pensar en las divertidas anécdotas que nos explicó en su día Joaquín Jordá, uno de esos jóvenes en los que estaba pensando ayer Pala, sobre sus primeros contactos con el Partido…)
Sigo con la intervención de Pala: En las conclusiones del primer Congreso, estando por ahí gente como Núñez y otros, no aparece nada escrito pero, según Pala, entre líneas puede leerse que, entendiendo la Dirección que todos sus miembros tenían un perfil inadecuado, por ser al completo trabajadores manuales, decidieron, en un acto de “dejar hacer” inaudito hasta entonces, que ese enlace con los intelectuales lo debían lograr esos jóvenes. Y él y Laura Tremosa precisaron casi al unísono que por “intelectuales” que incorporó por entonces el partido había que entender “intelectuales, profesionales y artistas”, es decir: gente que había estudiado.
Volvió a citar Pala entonces a “Nous Horitzonts”, como pepita de oro a estudiar si se quiere hablar de esa relación entre el partido y la cultura, señalando que por lo menos la mitad de sus números eran de gran calidad.
Entró entonces en una reflexión sobre la siguiente evolución del PSUC (con la política de entrada de sus miembros en todo tipo de entidades corporativas, copando organismos, como los Colegios Profesionales, durante los 60 y llegando hasta un potente estallido en ese campo en los 70) y, luego, sobre su quasi desaparición.
Señaló que en las primeras elecciones democráticas, en 1977, el PSUC era primero indiscutible en dos áreas: en la clase obrera y en el sector cultural. Que vino entonces la dolorosa confrontación interna que, sin ningún género de dudas, aceleró la crisis del partido. Pero, para dulcificar la cosa, se refirió a la simultánea crisis de partidos tan importantes como el PCI y el PCF, dando un alcance europeo a la crisis. Y acabó señalando que, en el fondo, el PSUC tuvo la desgracia de haber tenido que actuar siempre en tiempo de crisis (guerra civil, franquismo,…) y que, personalmente, creía que, habiendo estudiado la actuación de ambos partidos contra, respectivamente, el franquismo y el fascismo, el PSUC lo había hecho mejor que el PCI de su Italia natal, con lo que, de haber actuado en tiempos mejores, otro gallo le cantara…
Viendo Laura Tremosa que la intervención de Giaime Pala había acabado con un cierto tono melancólico, confirmó que en verdad ella veía toda su etapa del PSUC (que de hecho no ha acabado, porque Guillot señaló que era uno de los 1000 miembros que actualmente seguían pagando su cuota) con una cierta nostalgia, pero no por haber sido durante su juventud, sino porque lo veía un poco como “la desaparición del abuelo”.
Tremosa dio también su versión sobre la difuminación del PSUC, que coincide con la de muchos movimientos sociales y culturales de la época: contó que, estando ella ya en el Comité Central, cayó en la cuenta de que unos cuantos se creían que iban a ser alcaldes y demás cargos. Ahí llegó, remató, la sorpresa y la dispersión.
Lanzó ella una pregunta a Pala que me pareció muy pertinente, tras decir que le habría gustado hacerla a Urtasun, esto es, que cómo veían la relación entre la política y el mundo de la cultura en la actualidad, porque ella creía ver que no habían dos mundos más distanciados.
Pala no le contestó, sino que habló de otra cosa, aunque es verdad que también interesante: sobre la crisis de representatividad de los intelectuales de izquierda -los que siempre están al cargo de los partidos de izquierda- en el que debiera ser su caldo de cultivo, esto es, entre la clase trabajadora. Y con una reflexión muy aguda: que eso lo había entendido perfectamente la extrema derecha, y posiblemente de ahí su éxito.
Rosa Sans presentó después otra pareja de ponentes. Fueron éstos Laia Ortiz y Txema Castiella (éste, divertido, explicó al auditorio que Laia había sido su jefa en la alcaldía de Barcelona, habiendo sido sus anteriores jefas Eulàlia Vintró e Imma Mayol, que, por cierto, también estaba en la sala).
Pero, tras señalar un tercer aniversario (se cumplían también ayer los 44 años de la muerte de Alfonso Carlos Comín), los tres, no sé muy bien por qué, se pusieron a hablar casi exclusivamente de Tàpies. Que si el cuadro que cedió a Comisiones Obreras para que lo utilizara para ayudar al Viet-Nam, que si el cuadro que presidía la sede del PSUC y luego de Iniciativa, etc.
No sé: me parece a mí que 88 años del PSUC y todo una eventual actividad cultural no se resumen en uno o dos cuadros, por mucho que éstos sean de alguien de la categoría de Tàpies.
Fue entonces cuando Laura Tremosa, antes de que Jordi Guillot explicara que las cuotas de los miembros del PSUC servían para pagar los gastos de la Fundació Nous Horizonts… y la copa de cava a la que acabaron invitando y acudió raudo todo el auditorio en la terraza del MHC, viendo que todo eso de la cultura y el PSUC parecía rodar alrededor de Tàpies, pidió permiso para explicar, tras valorar la figura de Octavi Pallisa (alguien cuyo nombre debería haber surgido en un acto que llevaba ese enunciado de “El PSUC y la cultura”), la última anécdota, quizás la más divertida, de la tarde:
Le hizo ir Octavi Pallisa a casa de Tàpies, a recoger algo. Abrió la puerta su mujer, quien la miró, le oyó lo que buscaba y le dijo:
-“Escolta, nena: tu no saps que els matins NOSALTRES pintem?”

En directo desde Madrid, Urtasun.

La mesa completa. En el extremo izquierda Rosa Sans y, en la extrema derecha, Jordi Guillot.

Pala durante su brillante actuación.
 

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