jueves, 28 de septiembre de 2017

La memoria del cuerpo (Patricia Almarcegui)


Le llaman a dar conferencias sobre el viaje en abstracto y, centrando el foco, sobre los países musulmanes, por todos lados. Pero ha debido sentir la necesidad de variar, probarse como escritora y se ha lanzado a escribir una novela... que seguramente tiene mucho, como no podía ser de otra forma, de su experiencia personal. Hoy Patricia Almarcegui presentaba por fin en Barcelona, en la Laie, su "La memoria del cuerpo" (Fórcola).
Javier Jiménez, director de la editorial, ha empezado divertido ("Nunca publicaré ficción", dice que aseguraba a sus amigos, y ahí estaba presentando el sexto volumen de su colección de novelas), luego ha acercado el libro al principal campo de sus querencias ("Rezuma música por todos sus costados"), para finalmente retomar su papel de editor intentando convencer a futuros lectores y por tanto compradores ("Inteligente, nada complaciente con el lector, quien no obstante seguro que va a salir muy satisfecho de su lectura"). Más tarde, cuando ya tenía que ir a la estación para coger el AVE que le debía devolver a Madrid, ha resumido un poco otras vertientes del libro, como inmersión en la danza pero efectuada desde alguien de dentro, como recreación de San Petersburgo, y ha protagonizado una huida teatral bastante vistosa, acompañándose de su maleta rodante.
Rafael Argullol ha hablado de su sorpresa al encontrarse con un género especial. Por un lado -ha comentado- literatura de formación, libro de evocación de los años de danza de la que fue una gran bailarina, con elementos autobiográficos, pero que se singulariza por narrar un pasado evocado que pudo ser el futuro de la autora. Un futuro que ella misma, en una de esas encrucijadas que nos va deparando la vida, abandonó por otra de sus aptitudes. Y aquí su conclusión de que el libro le confirma lo que siempre ha pensado: Que no somos una identidad, sino que estamos enfrentados a varias de ellas, en encrucijadas que se mueven entre la libertad y el destino.
Catherine Allard, bailarina y directora de la compañía de danza del Institut del Teatre, ha rememorado una explicación muy gráfica que aparece en la novela sobre cómo debe mover su cuerpo una bailarina (una gota de agua debe ir deslizándose, brazo abajo, siempre por el perfil del mismo, para caer finalmente desde el extremo de la mano) y de eso ha deducido los orígenes zaragozanos de la autora, y que han tenido los mismos profesores.
Ha ratificado que se trata -como también han señalado los otros dos presentadores- de una novela sobre el cuerpo, dando una pista sobre una de las posibles interpretaciones de ese título: "Como antigua bailarina, al oír una música me vuelve enseguida la coreografía, la memoria del cuerpo". También ha valorado, desde su posición, a las palabras, acabando diciendo que era un libro en movimiento.
Para cerrar el acto, Patricia Almarcegui se ha mostrado satisfecha del ensayo vertido por Argullol en su presentación y sumamente contenta de que Catherine Allard le dijera -ella que representa al mundo de la danza en toda su esencia- que no había encontrado grandes clichés (esos tópicos que se repiten en los pocos momentos que la literatura y el cine han hablado de danza) en la novela.
Ha explicado que fue hace cinco años cuando empezó a escribir este libro. Fue justo tras la muerte de su padre (un muy buen poeta), en esos momentos en que uno sorprendido, vacío, se pone a preguntarse, abatido, cosas, cuando le resurgió con fuerza el recuerdo de una época crucial de su vida que había mantenido totalmente apartada de su cabeza: su etapa como bailarina. Su objetivo entonces fue transcribir todas esas experiencias a través de la escritura, haciéndolas llegar a los lectores.
Otra cosa que no le había oído ni leído previamente, y que me parece interesante, a la vez que muy ilustrativo, fue el título que estuvo a punto de tener la novela, "Sólo ocurre cuando oigo música". Lo ha comentado para confirmar el papel absolutamente central que en ella tiene la música.
Al final se oyeron unas cuantas voces entre el público, pidiendo una pequeña demostración, algún paso de baile de la escritora, pero lamentablemente ella ha hecho oídos sordos. También es verdad que en ese momento -y durante todo el acto- no sonaba música alguna. Sólo, en todo caso, la que cada asistente le pusiera internamente. Con la mía hubiera querido verle ensayar algún esbozo de danza, pero nones. A ver si consigo - que creo que sí- verla leyendo la novela.


 

Sobre la guerra Irack-Irán

El inicio de la guerra fue la invasión por parte de Irak de la región de Shatt al Arab, quizás pensando Sadam Hussein que en ese momento ten...