martes, 3 de febrero de 2026

Etimología (Javier Velaza)



En su tercera clase de Etimología, Javier Velaza, después de una breve advertencia sobre las variaciones del latín que no pudo terminar el día anterior, empezò ayer a explicar los procesos que han llevado de las palabras latinas a las de las lenguas romances.
Lo que quedó por explicar el otro día era sobre la existencia de variedades diatópicas (entre las diferentes zonas geográficas) y diafásicas (sociales, en el sentido de cambio del registro empleado según con quien se hable) en el latín. Velaza señaló que es seguro que existieron, pero que es escéptico respecto a los intentos de demostrar que se trata de diferencias constantes y significativas (las segundas) y respecto a que las diferencias entre una y otra zona fueran prefiguradoras de las lenguas romances que acabaron surgiendo en cada lugar. Faltan textos para demostrarlo de forma fehaciente.
Si el primer día habló de la Semiología comparándola con la Geología, ayer explicó también, antes de iniciar la enumeración de reglas de transformación del latín en lenguas romances, algo que nos devuelve a los estratos geológicos: se habla de sustrato (lengua preexistente que, encontrándose debajo de otra, influye en ella) y de superestrato (la de arriba respecto a la de abajo). Cuando el sustrato no ha desaparecido, se suele hablar de adstrato. Y tras esto ya iniciamos el cuarto capítulo del curso, que echa la pinta de ir para largo:
4.- Del latín a las lenguas románicas.
Inició el capítulo, primero, clasificando las lenguas romances, de manera fácil la primera (ver imagen) entre zona oriental y occidental (Rumania explicó que es un caso muy especial, porque los romanos llegaron ahí tarde -con Trajano- y sólo estuvieron 150 años), de manera más compleja por familias la segunda (segunda imagen).
Y ya empezó con los procesos que se han dado para llegar a las palabras romances. Habló de unas 40 “reglas” descubiertas (todas con un montón de excepciones de detalle cada una), de las que vimos las siete primeras:
1- Pérdida de -m latina en final de palabra: historiam, gloriam, fabricam, victoriam, fortunam,…
Una de las (pocas, porque cuesta hacer el sonido, y bastante frecuentemente se cambia fonéticamente por n) palabras castellanas que acaban en m, álbum, por ejemplo, entró como cultismo muchos años después, cuando la ley fonética señalada (que son todas de su momento) ya no se aplicaba.
2- Apócope: pérdida de la -e final átona latina (en ciertos contextos). Ejemplos:
Rivalem
Amorem
Vigorem
Errare
Entiéndase que decimos que rivalem, por ejemplo, acababa en -e porque primeramente llegó la pérdida de la -m final (regla anterior).
En italiano, sin embargo, no se pierde…
3- La -u final átona latina pasa a -o. El catalán la pierde frecuentemente. Ejemplos:
Cruentum
Animum
Exitum
Futurum . En francés se añadió una e para que se pronunciara la r final.
Los cambios, claro, se van dando no por etapas bruscas, sino paso a paso.
4- La s- inicial latina seguida de otra consonante desarrolló una vocal e-. Ejemplos:
Studium
Specialem
Stadium
Structuram
El francés y el italiano no vale la regla…
5- El diptongo ae se pasó a e. Ejemplos:
Praemium
Praesidium
Praeparare
Taedium
Aestivalem
Aedificium
La tendencia a cargarse los diptongos, sin embargo, ya se dio anteriormente, en el mismo latín.
6- Las grafías griegas epsilon (que pasó al latín como y), phi (que pasó al latín como ph), theta (que pasó al latín como th) y chi (que pasó al latín como ch) evolucionaron, conviertiendose en i, f, t y c/qu. Ejemplos:
Lyram
Sphaeram
Theatrum
Chartam
Mysterium
Chorum
Themam
7- (está ya se me hace más difícil, porque va de sonidos y no grafías, y -por eso soy fatal para los idiomas- no aprendo lo que no puedo leer mientras suena. Habla de letras sordas y sonoras, concepto de vibración de la laringe y así, que a mi edad ya me resigno a no entender y aprender) Las oclusivas (!) sordas (!) latinas intervocálicas (o entre vocal y l o r) sonorizaron.
Así, en esos casos, la p pasó a b, la t pasó a d y la c pasó a g. Ejemplos:
Mutare (en catalán no variaron en posición final. Ej: Aetatem, que pasó en castellano a edad, en catalán se quedó en edat)
Sapere
Catenam
Vestitum
Lacrimam
Como podrá más o menos entenderse, las reglas no van por separado, y una sigue a otra, con lo que para pasar de la palabra latina a la castellana, debe aplicarse la regla correspondiente en el momento en que cronológicamente se dio, y así sucesivamente.
Pero, para complicarlo todo un poco, muchas palabras llegaron al idioma romance cuando ya no funciona la regla, apareciendo en el lenguaje romance llegadas como cultismo. Un ejemplo: Sapienza, que en buena ley, aplicando la regla, debiera ser Sabienza. La regla se aplicó en su tiempo (ahí está sabiduría), pero mucho más tarde llegó como cultismo la palabra sapienza.
La próxima sesión, muchas más reglas de cambio del latín a las lenguas romances.




 

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