martes, 15 de diciembre de 2015

Laura Tremosa


Era "la chica" de la Escuela de Ingenieros. Estuvo dos años preparando por libre su ingreso ahí, porque su padre le convenció de que no estaría bien en una academia en la que todos sus compañeros serían hombres. Aprobó el ingreso, y ha explicado muy visualmente su encontronazo inicial con la Escuela: Ella arrinconada, sola, en una gran sala repleta de estudiantes, todos hombres. "Estuve tres días -ha comentado- sin que ningún alumno me dirigiera la palabra. Entonces uno de ellos se acercó y me abordó: ('Hola, me llamo Alfonso')" y tras las presentaciones le propuso ir a tomar algo en el bar de al lado. Era Alfonso Carlos Comín. Mirando al techo, divertida, ha confesado: "Más tarde pensé si no lo habría hecho en realidad forzado por sus creencias. Si no había sido un acto de caridad cristiana al que se obligó..."
Ha sido esta mañana en el acto para mí más interesante que se hace -una vez al mes- en la sede de los Ingenieros, "El café dels Enginyers", y su protagonista en esta ocasión Laura Tremosa. Por lo que ha ido contando hemos sabido que conserva bastantes cosas de la adolescencia, como esa afición de ir a la contra, que le hizo optar por la carrera de Ingenieros cuando su padre le decía que estudiase lo que quisiera, salvo ingeniería industrial. También que ha sido directora de un buen puñado de revistas técnicas "que le han permitido disfrutar bastante, mientras que otros empleos le podían haber proporcionado mucho más dinero, pero a costa de no pasárselo tan bien", o salvadora como organizadora de los 52 congresos -que se dice pronto- del Fórum de las Culturas. También ciertas consecuencias de ser una mujer ingeniera en una carrera entonces totalmente masculina: esas cartas a ella dirigidas en las que invariablemente aparecía como Lauro, porque no podía ser de ninguna forma, con su cargo, Laura; esos "este trabajo no es para Vd." y otras joyas por el estilo. Y la importancia del azar en la vida de cada uno, en su caso en forma de un retrato de Paulov.
Hasta ahí, más o menos, su exposición de los hechos de su biografía. Pero se ha visto bien claramente que en el formato en el que se siente más cómoda es en el de la discusión alrededor de una mesa, o en el de una tertulia. Presionándola en el turno de preguntas hemos sabido un poquillo más sobre su militancia feminista (con unos postulados nada ortodoxos, que suscribo totalmente), sobre sus actividades como organizadora cultural (una charla sobre "la hermenéutica del lenguaje" en el Colegio de Ingenieros desarrollada por un tal López pasaba perfectamente por el filtro del Gobierno Civil, por mucho que López Aranguren estuviera en aquel entonces prohibido), o como mujer comprometida políticamente, lo que le provocó pasar tres meses en la prisión de mujeres.
El relato de su presentación en la Comisaría de Vía Layetana con otros 40 miembros de la Asamblea de Catalunya (¡la de entonces! Ya ha avisado que quizás el único país por el que se comprometería ahora en cuanto a su libertad sería l'Alt Empordà, y seguramente sin su extensión al Baix Empordà) es magnífico, y retrata la mar de bien lo tragicómico de la época del último periodo del franquismo: Llegaron a la comisaría con maletas y todo, procedentes del vecino edificio de Ingenieros, donde se habían concentrado. Era el mediodía, y se ve que todos los comisarios estaban comiendo. El diálogo con los policías de guardia, de antología:
- Pero ustedes ¿a qué vienen?
- Hombre. Es que ustedes dicen que nos están buscando...
- Ya. ¿Y no podrían venir un poco más tarde? ¿Ya han comido? ¿Por qué no van a tomar algo en uno de estos bares de por aquí, que están muy bien, y regresan a eso de las cuatro?
Ha habido mucho más, pero bastará quizás ahora reproducir cómo ha contestado a unos cuantos asistentes cuando le han cuestionado algo más sobre feminismo, repitiendo unas cuantas ideas tópicas sobre el tema: "Tengo claro que la tecnología es femenina. A los hombres les ha correspondido tradicionalmente la creación de las religiones, las guerras. No me interesa demasiado, creo, un feminismo que triunfe a base de colonizar a la mujer, pasando ésta a desarrollar un comportamiento masculino." Ahí queda eso.


 

martes, 8 de diciembre de 2015

La ciudad en movimiento (Oriol Nel·lo)


Como en muchas ocasiones, la cosa se ha animado un montón en el coloquio. En una de las últimas intervenciones, por ejemplo, Horacio Capel se ha levantado, ha cogido el micro del conferenciante -el propio Oriol Nel.lo-, se ha mostrado visiblemente apesadumbrado por la reacción actual francesa votando al Frente Nacional y arrebatándole el modelo que siempre había representado para él -y para tantos- Francia, y le ha lanzado una acuciante pregunta dramática: ¿y si los movimientos sociales existen, pero van en esa horrible dirección, en retroceso, hacia un marcado color negro?
Era el acto de presentación de un librito ("La ciudad en movimiento". Editorial Díaz & Pons, 2015) en que Oriol Nel.lo habla del impacto de la crisis en la ciudad (evidenciada en sus desigualdades y segregación espacial) y da cuenta de que es en la ciudad donde se reflejan más este tipo de conflicto, pero donde también se puede iniciar, y con mayor fuerza, una respuesta.
En su intervención, Nel.lo ha recordado la continua presencia de movimientos sociales en Barcelona, mencionando la frase esa de Engels, dicha un par de años después de la Comuna de París, de que era sin duda la ciudad de todo el mundo que había visto más barricadas. Oriol Nel.lo es un magnífico conferenciarte (con el brillante pasaporte añadido de impulsor de la Ley de Barrios durante sus años de gestor gubernativo del tan denostado tripartito...) que, además de coger repetidamente el brazo de su compañero de mesa (en este caso Josep Oliveras, presidente de la Societat Catalana de Geografia, que organizaba el acto) para buscar su complicidad, sabe introducir observaciones que le dan un aire vivo a la sesión. En este punto, por ejemplo, ha explicado la reciente presencia en Barcelona de los grandes capitostes americanos del pensamiento social, y que alguno de ellos le preguntaba qué cómo, en una ciudad "tan hermosa como ésta, tan bien gestionada" ha habido siempre movimientos sociales tan potentes. Evidentemente él le había dado la vuelta a la pregunta. Si Barcelona había llegado a tener lo que le daba fama (cosas como el Ensanche, por ejemplo), había sido por la existencia y presión de sus movimientos sociales...
Ha criticado que siempre se califiquen los espacios ciudadanos según su posicionamiento en dos ejes: el eje social (izquierda/derecha) y, en el caso de Cataluña, el eje nacional. Ha echado en falta otra dimensión, otro eje que diera volumen a la representación. Uno que marcara la mayor o menor participación de la gente en las preocupaciones, las actividades políticas. Y ha alabado una reciente presentación de una tesis universitaria sobre este tema, que cuantificaba y cartografiaba las victorias sociales en Barcelona: una cada dos meses durante la transición, una cada dos años en los últimos tiempos. Temas para reflexionar...
Un antiguo compañero de instituto le ha recordado -ya he dicho que hoy las intervenciones no se lo han hecho nada fácil- cuando iban a manifestaciones con los obreros de las grandes empresas, y le ha preguntado, en dos fases, si le ve futuro o no a la case obrera. En una primera respuesta ha divagado por aquí y por allá. Cuando su amigo (lo ha tildado de ser de los que tiran con fuego) le ha dicho que no le había respondido a su pregunta, ha dado, a mi entender, una respuesta muy interesante. Más o menos que habría que subir el listón para mirar a nivel universal al responder, y que seguramente habría que pensar en las reivindicaciones actuales de los obreros coreanos o chinos, en busca de condiciones de trabajo adecuadas. Y chapeau a su colofón, citando a Gramsci:
Seguramente hay que actuar con el pesimismo de la inteligencia, y el optimismo de la voluntad...





 

Sobre la guerra Irack-Irán

El inicio de la guerra fue la invasión por parte de Irak de la región de Shatt al Arab, quizás pensando Sadam Hussein que en ese momento ten...