martes, 28 de febrero de 2023

Aniversario de la Associació d'Enginyers

La sede de la Associació d'Enginyers de Catalunya, Via Laietana 39, esquina Joaquim Pou, una de las vías acabadas con el Plà Jocelyn, que pretendía, entre otras cosas, evidenciar el pasado "gótico" de Barcelona (da directamente a la fachada -nueva, por otra parte- de la catedral).


Ayer se abrió la veda para una serie de actos programados por los ingenieros para la celebración del 160 aniversario de su Asociación. Y se hizo con un acto centrado en la construcción de su sede actual, Vía Laietana esquina Joaquim Pou (el de la primera foto), cuyo proyecto cumplió el 2022 la bonita cifra de cien años (la Associació d’Enginyers lo empezó a usar como sede en el 1926).
Para eso, además de contar con la plana mayor actual e histórica del Colegio y Asociación, así como con el actual decano del Colegio de Arquitectos, sobre todo intervinieron Guillermo Lusa, quien tiró de documentos que había ido rescatando para exponer cómo se desarrolló históricamente la Asociación hasta la actualidad, fijándose sobre todo en la creación y trifulcas de su sede, y el arquitecto Carles Ferrater, al que le pidieron hablara como profesional del ramo del edificio… que precisamente resulta que había proyectado su tío, Antoni Ferrater Bofill.
Por lo que dijo Guillermo Lusa, parece que durante mucho tiempo se había creído que la Asociación de Ingenieros se había creado en 1872 (lo que no está tampoco nada mal), pero era - comentó- porque todo el mundo había olvidado que bastante antes se había formado una Asociación anterior, que inició su actividad en la primitiva Escuela de Ingenieros del Convento de San Sebastián en 1863. Desde ahí recorrió arriba y abajo todo el casco antiguo de la ciudad, hasta que en 1922 llegó el proyecto de marras, fomentado principalmente por el Presidente de la Asociación de aquel momento, Ramoneda.
Me ha parecido divertido ver que el ya veterano Guillermo Lusa, que lleva toda su vida investigando en archivos la historia de la Escuela de Ingenieros y similares, no pudiera dejar pasar la ocasión de mostrar el carácter combativo que siempre le caracterizó (era, desde que entré allí a estudiar, el estandarte de los -entonces escasos- profesores progresistas). Tras presentar la preciosa fotografía de Alfonso XIII dando juego al pico (echarle un vistazo, que también la he colgado) para inaugurar la construcción de la sede de Vía Laietana 39, señaló que no había transcrito el discurso que ese día hizo Ramoneda en honor el rey, porque se avergonzaba como ingeniero de la ristra de frases tan aduladoras que le dirigió, en un momento en que acababa de haberse producido el desastre de Annual, estaba en marcha el informe Picasso y en muchos medios se señalaba la responsabilidad del monarca en los hechos. Para acabar de redondearlo, dejó caer que quién sabe, que quizás la proclamación de la Dictadura de Primo de Rivera había surgido, entre otras causas, para que no fueran a más esas acusaciones.
El edificio se acabó de construir en 1925 y en 1926 la Asociación se aposentó en él, aunque, dado el deficit económico generado, varias de sus dependencias pasaron a ser ocupadas por diversas entidades, que ofrecían el dinero de su alquiler para paliar la penosa situación económica creada.
Cuando parecía que a lo del déficit ya se le veía su final, estalló el Glorioso Follón y, para más INRI, uno de los bombardeos que amenizaron la ciudad durante la guerra civil dejó caer una de sus bombas en el edificio, causando sus buenos desperfectos.
Acabada la guerra civil, no fue hasta 1969 que se pudo llegar a cancelar la hipoteca, y el edificio entero pudo dedicarse por fin a lo que se dedica ahora (Colegio, Asociación y dos “de la casa: Caixa d’Enginyers y Mutua), tras ir logrando echar a los otros inquilinos (el último: la Falange…). No sé si consta por algún lado, pero recuerdo que Joan de Sagarra, cuando le llevamos ahí, nos explicó que había estado hacía mucho tiempo, para no sé qué trámite ligado con el servicio militar.
Carles Ferrater colocó la construcción del edificio que proyectó su tío, Antoni Ferrater, como una pieza más de la apertura de la Vía Laietana que, sucesora de la proyectada por Cerdà Vía A, no empezó a abrirse por falta de recursos hasta entrado el s.XX. La Reforma (como se le llamó entonces) supuso la destrucción de 2199 casas -que se dice pronto-, fue fomentada por la Lliga con apoyo de los republicanos y -recalcó-, con su idea de conectar el Eixample con el puerto, posiblemente de abrir vías de “pacificación de conflictos sociales” y, a la vez, resultar un buen negocio inmobiliario (se dejó en la calle sin indemnización a todos los inquilinos que vivían en alquiler y se expropió a todos los propietarios de la zona del tajo, dando sus terrenos al promotor, el Banco Colonial, propiedad de Antonio López, mientras que fue el ayuntamiento el que se hizo cargo de los derribos, sin que nunca se le retornara ni un duro), quedó en sus objetivos (entre los que también figuraba la “recuperación del barrio gótico”) bien lejos de las ideas higienistas de Cerdà.
Me pareció que Ferrater disparaba dianas contra el mismo Cerdà (dijo que, como miembro de la milicia, había planificado los chaflanes del Ensanche para evitar las peligrosas esquinas en un conflicto social) y contra Bohigas (mostró un artículo que éste escribió en El País en 1920 argumentando, con respecto a la Vía Laietana, que “derribar es saludable”).
Después de todo esto ya se centró en señalar los edificios desde su punto destacables de entre los construidos en una Vía Laietana “Chicago style” (nos confesó que el que prefería de todos era la Casa Guarro, vecina de la protagonista de la sesión, proyectada por Puig i Cadafalch) y en el propio edificio de los ingenieros, al que llamó, creo yo que más bien exageradamente, “nuestro Flatiron”, y del que alabó precisamente el aprovechamiento efectuado de la forma triangular de su parcela, consiguiendo que todos los espacios quedaran enfocados al exterior.
Por último, dedicó un poco del tiempo de su exposición a Antoni Ferrater Bofill, enseñando su Pabellón Uralita de la Exposición Universal de 1929 (foto) y destacando su entrada en el GATCPAC, del que llegó a ser su secretario.
Sustituto de Eusebi Bona en el proyecto del Círculo Ecuestre, que tras la Guerra fue ocupado como sede de los partidos (unificados) del Movimiento, acabó su disertación señalando que le hacía una cierta gracia que su propio despacho hubiera efectuado la reforma del edificio que lo sustituyó en el Paseo de Gracia, para hacer en él el Hotel Mandarín.
El pobre Pere López ya no habrá llegado hasta aquí, y mucho mejor, porque se habría ido cargando y echaría chispas debido a ir viendo como me he vuelto a liar de nuevo con unos apuntes tan extensos, casi inacabables, como éstos.

Al fondo, toda la manzana triangular junto a la nueva Via Laietana, entre vallas, esperando ser edificada.

Alfonso XII se debía haber escupido en la palma de las manos e iniciaba un golpe de pico para inaugurar la construcción.

Carles Ferrater, ayer en la sede de los ingenieros.

Construcción de la Via Laietana

El pabellón de Uralita.


Hotel Mandarin.
 

miércoles, 1 de febrero de 2023

Navegación a vela

Cuando la navegación a vapor ya se veía que iba a imponerse, la navegación a vela puso en órbita sus mejores barcos. La transición entre ambas tecnologías supuso una lucha larga, que duró del orden de un siglo. Ésta es la tesis de la exposición que Enric García Domingo, director del Museo Marítimo de Barcelona, sostuvo en su conferencia para el Fórum de la Associació del Museu de la Ciència i la Tècnica de Catalunya el pasado lunes.
De unos iniciales utilizaciones en canales y cursos fluviales, primero colocando una máquina de vapor en el barco sin apenas adaptar éste, el vapor fue haciéndose durante el siglo XIX con la navegación. La puesta en marcha de las hélices (frente a las palas) como método propulsor y la sustitución de los cascos de madera por los metálicos, impusieron la nueva tecnología.
La vela, utilizada durante 2.000 años, dio, tras su casi total hundimiento durante la Primera Guerra Mundial, como pasa en otros sectores en el momento de un cambio de tecnología, un precioso canto del cisne, alcanzando su máximo nivel técnico con la botadura de los Windjammers. Luego ya quedó recluida para su única utilización en cabotaje y barcos-escuela.
Fue interesante su explicación de que con el cambio de tecnología se pasaba de un sistema artesanal, en el que todos (marineros, fogoneros, etc) eran engranajes de una misma máquina, a un sistema industrial, en el que todos ellos pasaban a estar al servicio de la máquina, a proletarizarse.


En un inicio, la caldera y resto de la máquina de vapor se incrustaba en un casco que no había variado en absoluto.


Poco a poco (ver las imágenes de la inferior a la superior) el casco fue cambiando respecto al de la vela.

El Cutty Sark, Clipper de casco metálico forrado de madera, para tener las ventajas de ambos tipos




 

Sobre la guerra Irack-Irán

El inicio de la guerra fue la invasión por parte de Irak de la región de Shatt al Arab, quizás pensando Sadam Hussein que en ese momento ten...