jueves, 31 de agosto de 2017

Otra modernidad es posible. El pensamiento de Iván Illich


31 de agosto, ya una presentación en la librería Malpaso, y además lleno su pequeño auditorio. Se ha presentado el libro de Humberto Beck "Otra modernidad es posible. El pensamiento de Iván Illich" (Malpaso, 2017). Malcolm Otero le ha hecho de sparring, cuestionándole alguna de las ideas de Illich, pero nunca ha llegado la sangre al río.
En los 70 seguía yo en lo posible los escritos de Ivan Illich. Me gustaba su capacidad para darle la vuelta a los pensamientos más asentados, dados por certezas evidentes. Incluso pude asistir a alguna de sus intervenciones en directo, en las que derrochaba energía y capacidad de convicción, sin olvidar nunca, además, el sentido del humor.
Pero ha pasado el tiempo, y es posible que la figura de Illich, aunque ahora más que nunca se demuestren evidentes algunas de las paradojas que denunciaba, y posiblemente sea más necesario que nunca poner en práctica alguno de los caminos que propuso, se haya alejado del conocimiento general y de la primera línea del pensamiento crítico actual. Así las cosas, la sesión ha sido un acto más bien divulgativo sobre la figura de Illich que otra cosa pero, aunque el libro se centre en su pensamiento de los años 70, han salido aspectos e ideas nuevos, de interés.
El responsable de la editorial/librería ha empezado por lo más conocido: sus ideas sobre la desescolarización y contra la medicalización de la sociedad. Las escuelas -explica Humberto Beck- actúan como una Iglesia laica. El pecado original sería en su caso la estupidez, y se suponía que sólo un único estamento, la Escuela -como sucede con la iglesia en su campo- podía vencerlo, siguiendo unas normas que ella misma impone. Malcolm Otero ha repasado en voz alta las universidades donde Beck ha estudiado, pero éste no ha entrado al trapo, aunque ha concedido que si, que hay una paradoja: Los únicos sitios donde se puede discutir estas ideas contra la escolarización son las Universidades... Por su parte, la medicina institucionalizada obtiene, según Illich, lo opuesto a lo teóricamente buscado, y no sólo por la gran cantidad de gente que enferma por la propia medicina, sino también por un desastre social: muchas poblaciones de América, por ejemplo, se quedan sin formas naturales de curar al pasarse a la medicalización. Y se llega a paradojas de esas que tan bien sabía exponer Illich, como la del brutal incremento del gasto en salud (estudió el caso de Estados Unidos) sin que ello lleve a un incremento parejo de la salud de la gente. Y es que se da el caso habitual de que quien más cubierto esté, sienta muy superiores sus necesidades a cubrir.
A mí siempre me deslumbró la paradoja de la movilidad. Illich sostenía que hay un umbral de velocidad que, rebasado el cual, más velocidad comporta en realidad más tiempo de vida dedicado a moverse. Ese umbral estaría entre el ir caminando y en coche, y ahí es donde sale bien parada la bicicleta.
Con el tiempo Iván Illich se fue convirtiendo en lo que él llamaba un "arqueólogo de la certeza" Estudiaba la historia, para saber en qué momento, y por qué causas, llegamos a opinar esas supuestas "verdades incuestionables", porque suelen ser mucho más recientes de lo que se cree... Tras ese análisis se veía que esas certezas tenían los pies de barro.
Ahora que son tan habituales las tertulias radiofónicas, o televisivas, en cada una de ellas debiera ser obligatoria la participación de una persona con los conocimientos e ideas de Iván Illich, que pusiera patas arriba todos los tópicos que tenemos incrustados en el cerebro. Pero no parece que sea así, y en cambio más bien todo el mundo se empecina en hablar de nuevo de lo mil veces hablado, bien asentado en su sillón.

 

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