Con todo lo que se ha visto de Valencia y lo que se va sabiendo esta entrada parecerá de una ligereza y falta de respeto horrorosa, pero como ya la tenía preparada, la cuelgo:
Hay que ver lo que llegué a aprender ayer. Si no es porque todo se me olvida en un santiamén, un par de sesiones más y podría entrar a formar parte con nivel de una tertulia de enólogos.
La Comisión de Cultura (rama correspondiente) de la Asociación de Ingenieros reemprendía las catas de vinos, que había abandonado hace un montón de años. Puede ser un buen síntoma del retorno a esa normalidad institucional de la que tanto se habla. Tienen la intención de irse dedicando a todas las bodegas catalanas, por lo que, según un experto, se les presenta un holgado recorrido de unos 140 años por delante.
Esta sesión inaugural la dedicaron a dos bodegas de la denominación de origen Empordà, que son propiedad y están regentadas por dos ingenieros. Se trata del Celler Mas Pòlit, de Vilamaniscle y del Celler Mas Llunes, de Garriguella. Sus dueños nos explicaron el origen de cada una de ellas.
El primero viene como homenaje a un acestro suyo, que aparece documentado ya en 1630 como propietario de una masía y unas viñas, el Mas Hipòlit. Josep Lluis Iglesias, el gestor actual y descendiente del tal Hipólito, aprovechó para hacernos notar que en catalán los diminutivos se forman con la terminación de los nombres. De ahí el Pòlit, por lo que no se trata de Mas Polit (“Masía limpia, arreglada”).
El segundo recibe el nombre de la viña original. Según su propietario, Antoni Roig, también su familia ha tenido viñas desde antiguo: 700 años.
Ambas familias tenían vides, pues, desde tiempos inmemoriales, pero pasaban toda su cosecha a otras bodegas. Ya ha pasado tiempo desde que, desde el CIR de Sant Climent Sescebas, se iba en grupo, a la que podías salir del recinto, hasta el primer límite permitido, Espolla, donde todo el mundo se ponía ciego de garnacha, volviendo al campamento en condiciones etílicas que ahora serían tildadas de suicidas. Entonces la garnacha, la principal uva de la zona, la cosechaban las cooperativas de todos esos pueblos de la zona (Espolla, Rebòs, Garriguella,…) y servían el vino que de ella obtenían a granel, en unas grandes mesas exteriores de madera que ahora recuerdo difuminadas entre brumas. Apenas quedan ya cooperativas, y han surgido, en cambio, pequeñas bodegas de calidad, que son muy consideradas por los entendidos, habiendo merecido premios importantes. Las dos de la cata de ayer son de éstas. Ambas tratan y envasan las uvas cosechadas en sus popias viñas, que han renovado y ampliado.
Probamos seis vinos. Dos blancos, dos tintos jóvenes y dos de crianza. Estos dos últimos, uno de cada bodega, a unos precios muy asequibles (por internet los vimos a 13 y 17 euros la botella), me parecieron exquisitos. Se trata del Mas Pòlit (mismo nombre que la bodega) y el Emporion.
Y también me resultó de lo más interesante, muy diferente a lo que nunca había probado, el ‘Esventat’ de Mas Llunes, un vino al que la gente llama “natural” por no tener sulfitos, pero que otra gente no le quiere adjudicar lo de natural porque ayudan su fermentación con fermentos que han sacado de sus propias vides. Atiné en que el nombre se lo pusieron por provenir de uva de una viña de terreno de pizarras (en Mas Llunes tienen viñas en terreno pizarroso y en el llano de l’Empordà, mientras que en el Mas Pòlit las tienen todas de pizarras) azotado por la Tramontana: En efecto -me dijeron: es así, y todos pensábamos que estábamos “tocats per la tramontana” por buscar hacer y lanzar un vino de estas caracterísicas. Merece probarse…












































