lunes, 25 de febrero de 2019

Enric Casasses. Truquen a la finestra

Martí Sales presentando a Enric Casasses, sentado observando atentamente al auditorio. A su lado la cesta de la compra, detrás, por el suelo, su chaquetón.

Este ciclo de sesiones del CCCB llevan el nombre genérico de “Debates” y eso, al menos en lo que respecta a la de ayer (“Enric Casasses. Truquen a la finestra”) más bien podía llevar a equívoco, como también lo que leí por algún lado de que se trataba de una entrevista suya con Martí Sales. Sí que hubo un momento, tras la muy sui generis presentación que hizo Sales, en que parecía que éste iniciaba algo parecido a una entrevista con Casasses, preguntándole quién era Mossén Xemeneia (1). Pero en seguida se acabó el cruce de preguntas/respuestas, para Enric Casasses dirigirse entonces al atril con el fin de lanzar desde ahí -comentó- “su conferencia”.
Había llegado a la tarima del auditorio con una cesta de mercado y envuelto en un pesado chaquetón, del que intentó desprenderse colgándolo en un listón del fondo del escenario. El listón no presentaba más que visualmente una madera de la que colgar algo y el chaquetón cayó estrepitosamente, como un fardo, al suelo, porque debía tener todos sus bolsillos repletos, pero Casasses no se inmutó, dejándolo tal cual, tirado por el suelo.
Cuando se dirigía hacia el atril pudimos apreciar los larguísimos zapatos rechúpate la punta que lucía, que casi recordaban a los de los Leningrad Cowboys. En la superficie del atril dejó una serie de libretas de diferentes tamaños repletas de papeles y en un taburete, a su lado, la cesta de la compra... de la que fue sacando luego alternativamente, para rebuscar en ellos y usarlos en su cometido, otras libretas y varios libros.
La supuesta conferencia que de conferencia no tenía nada era, en realidad, lo que todo el mundo esperaba de Enric Casasses, un (no muy ensayado e informal) recital de poesías de las suyas, mezclado con tiempos muertos de búsqueda del texto, muchísimas aclaraciones sobre lo que estaba leyendo y su sentido, así como dando mucha información sobre dónde (casa de l’Eixample la mayoría) y cuándo (desde noviembre hasta la noche anterior) había escrito lo que leía.
Casi todo giraba, eso sí, sobre las ventanas, puesto que, como dijo en un determinado momento, le pidieron “una conferencia sobre cómo miran por la ventana los poetas”. Parece que desde el momento de la propuesta fue anotando lo que se le pasaba por la cabeza -relacionado o no con las ventanas- en un grueso libretón con espiral, a modo de dietario variopinto.
Fuera o no fuera la conferencia esperable, el caso es que le ha servido para hacer citas comentadas de Bob Dylan, de William Blake (“Todos los malos artistas parece que hayan copiado. Los buenos artistas lo copian todo”), de René Char, de Patchen, de la Ilíada (señalando que las tiendas de los aqueos eran mucho más sólidas que las casas de la urbanización de Pins de Dalt), de -criticándolo- Gil de Biedma y de sí mismo, naturalmente (Quin tic tinc?).
Empezó recordando que ya desde sus inicios pensó mucho en la dialéctica de la mosca y el vidrio, para seguir cogiendo y leyendo frases de aquí (las libretas) y de allá (los libros), todo ello acompañado con esos gestos que tan bien le acompañan en sus recitales, poniendo aún más énfasis a ciertas palabras o sonidos. En algún momento parecía un hombre orquesta, haciendo juegos de palabras, diciendo algún chiste malo de solemnidad y hasta dando palmas y todo.
También hizo una defensa acérrima de los plátanos de Barcelona, unos árboles que en verano dan sombra clara, frente a los lledoners (almeces) por los que los están, trágicamente, reemplazando, ocasionando entonces “que en la ciudad se haga oscuro una hora antes”. En la próxima ocasión, tendrá también mucha cosa que decir, con su manera inconfundible de decir.
(1) A lo que respondió Casasses que era él mismo con sombrero de copa, un nombre que se había apropiado de un cura facha que hubo por L’Escala.


Enric Casasses, aplicándose en su conferencia. Delante suyo, en un taburete que debió pedir en el momento de ver el espacio, la cesta de la compra, repleta de libros suyos y otras yerbas.

La última fase de la sesión, ya abandonada la cesta de la compra: respondiendo a las preguntas del público, muy interesados en los detalles y la filosofía de las ventanas, aunque ya había avisado inicialmente que los filósofos nunca dan respuestas, sino que únicamente dicen que “desde allá puede verse, entenderse todo”.
 

jueves, 21 de febrero de 2019

La Crucifixión a través de los tiempos (Estela Ocampo)


Una última entrega sobre el viaje de Estela Ocampo por las imágenes de la Crucifixión a través de los tiempos. Procede de su sesión en el seminario “La Biblia para agnósticos”, en el CCCB. Para no inundar esto de imágenes, selecciono sólo las que más me gustaron o interesaron. En la de cabecera, Cristo de San Juan De la Cruz, en el que dijo se inspiró claramente Dalí para el suyo.
-Una primera, Jesucristo vestido, los ladrones no, en una ilustración del Evangelio Rabbula, 586.
-Una escultura catalana en madera de final del siglo XII, que posee el Museo de Bilbao. Recuerdo que me dijeron, en otro seminario, que se les suelen llamar Cristos Majestad por cómo le representan y que me sorprendió saber que todo rastro de sangre se lo pintaron bastantes siglos detrás, cuando quisieron que se viera claro su sufrimiento.
-El impresionante Cristo crucificado de Brunelleschi en Santa Maria Novara. En el Renacimiento (1410) ya no es rey, sino un humano desnudo.
-El retablo de San Zeno, Mantegna 1457.
-Rafael (1502) ya presenta un Cuadro mucho más dulcificado.
-Un dibujo de Miguel Ángel siempre admira.
-Nada dulcificado en absoluto con la crucifixión del tríptico de Grunewald, con ese San Juan señalando a “Ecce homo”, hecho realmente lo que se dice un Cristo.
-Altdorfer, 1512.
-No me suele gustar Rubens, pero este Cristo de 1618, dejando traslucir la influencia de la Contrareforma, me dejó impresionado. Fuera detalles anecdóticos, en un auténtico repliegue hacia el sufrimiento, nos explicó Estela Ocampo.
-Sí existen las obras maestras...Velázquez 1632
-Como no tenía presente este Goya de 1780. Siguiendo a Velázquez, pero muy poco religioso.
-En el Cristo Amarillo de Gauguin,1889, la exaltación del sufrimiento.













 

sábado, 16 de febrero de 2019

Parejas célebres. Lazos inconscientes



Hasta un cierto tiempo antes no sabía que la biblioteca donde daba una charla Victoria Combalia era la del Campo Freudiano de Barcelona, que es un sitio que, leído así - ¡qué quieres que te diga!- impresiona a un tipo como yo, lego total en ese tipo de disciplinas. Todavía más si luego le añades que lo que son de verdad de verdad sus habituales, que organizan actos como éste de ayer, es freudianas (hasta casi el momento del inicio del acto pensaba que todo eran mujeres, para finalmente ver que llegaba algún otro hombre para acompañarme), sí, pero de tendencia lacaniana.
El acto en cuestión venía a ser, en realidad, la presentación del libro “Parejas célebres. Lazos inconscientes”, de Dalila Arpin, para la que habían preparado todo un dispositivo en forma de diálogo con Victoria Combalía, centrándose básicamente en la figura de su biografiada Dora Maar.
A la izquierda de Vds, pues, la especialista en psicoanálisis y, para seguir el estereotipo, argentina, Dalila Arpin. A la derecha, Victoria Combalía, conocedora a fondo de la vida y obra de Dora Maar y de muchos otros artistas o, para lo que nos reunía ahí, artistas y parejas de artistas.
Me pareció muy curioso que, además de la cantidad de datos de primera mano sobre Dora Maar que fue ofreciendo Victoria Combalía, aunque se presentó como desconocedora grande del psicoanálisis, fue dando pie, incidiendo en lo que veía podía servir para ello, a un análisis psicoanalítico que a su vez fue emprendiendo Dalila Arpin. Tomé algunas notas de lo que fue saliendo de la boca de Arpin, envuelta en un mundo en que cualquier aspecto puede ser tomado como totalmente revelador, asociado a sus teorías. Todas ellas las iba diciendo en cada ocasión en la que el relato de Combalía se prestaba a ello con una entradilla que llegó a divertirme: “Es interesante para nosotros...”. Aclaro: ese nosotros se refería a los lacanianas. Los puntos que anoté o retuve:
-El amor al padre, primera marca lacaniana.
-Cuando Combalía señaló que Dora Maar había vivido sus amores con Picasso con sufrimiento y una enorme sumisión, Arpin dijo que esa continua búsqueda de mujeres por parte de Picasso indicaba que, en realidad, le atemorizaban (!)
-El punto polémico saltó cuando Arpin quiso apoyar su aseveración anterior aludiendo a cómo de feas y destruidas (sic) pintaba en revancha Picasso a sus Bellas mujeres. Ahí Combalía, muy educada, le contestó que en eso seguramente influía mucho más que Picasso había sido uno de los inventores del cubismo, y que en cuadros cubistas hay pintadas mujeres, pero también todo tipo de objetos... y hombres. No puede decirse que lo que practicaba Picasso en su pintura era descuartizar mujeres, sino más bien Cubismo.
-Una escena relatada por Victoria Combalía correspondiente al primer encuentro, en un café, entre Picasso y Dora Maar, en la que está última iba jugando con su navajita, pinchando entre sus dedos, dio ayer mucho jugo en la casa de los freudianos. Salió por ahí la ausencia del padre de la fotógrafa, su guante, guardado como fetiche por Picasso (“Para los hombres el amor es fetichista. Las mujeres, en cambio, son erotónomas, que quieren que les amen)
-El padre espiritual que adoptó Dora Maar en los años 50 (el muy tradicionalista Dom Jean de Monleon) dio de sí también bastante. Fue alternativamente el padre que buscaba (la frase: “como no podía agarrar al padre, lo hizo con algo muy de su madre, la religión”) y el sustituto de Picasso. Luego se acordó que, para los psicoanalistas, de natural incólumes a la religión, era mejor abrazar una sotana que una camisa de fuerza.
-Una cierta bajada de tono en la asignación de las dos o tres causas que los freudianos lacanianos asignan a todos los fenómenos psicóticos se dio cuando Danila Arpin señaló que posiblemente tan importante como la ruptura amorosa con Picasso en los trastornos mentales de Dora Maar, una mujer desde siempre frágil, fuera el que la muerte de su madre tuviera lugar precisamente mientras estaba teniendo una conferencia telefónica con ella. Todos acordamos, y ella la primera, que una situación de éstas queda ahí grabada a fuego, por lo impresionante.
Acabo aquí. Me resultó una forma divertida de explorar y seguir el relato de Victoria Combalía sobre Dora Maar. Si alguien quiere entrar en detalles, ahí está esperándole su libro sobre ella, con la historia completa. Dio, por cierto, dos noticias al respecto, todas ligadas con Francia: una primera que en la traducción al francés recién acabada de su libro incluye algún detalle nuevo, que ha podido averiguar en los últimos tiempos. La segunda, que el 5 de junio se inaugura una macro-exposición sobre Dora Maar en el Centre Pompidou, en la que ha colaborado, que será todo un acontecimiento.


La foto con la que, al menos de momento, el Centre Pompidou anuncia la exposición Dora Maar que abrirá en junio.
 

Sobre la guerra Irack-Irán

El inicio de la guerra fue la invasión por parte de Irak de la región de Shatt al Arab, quizás pensando Sadam Hussein que en ese momento ten...