Martí Sales presentando a Enric Casasses, sentado observando atentamente al auditorio. A su lado la cesta de la compra, detrás, por el suelo, su chaquetón.
Este ciclo de sesiones del CCCB llevan el nombre genérico de “Debates” y eso, al menos en lo que respecta a la de ayer (“Enric Casasses. Truquen a la finestra”) más bien podía llevar a equívoco, como también lo que leí por algún lado de que se trataba de una entrevista suya con Martí Sales. Sí que hubo un momento, tras la muy sui generis presentación que hizo Sales, en que parecía que éste iniciaba algo parecido a una entrevista con Casasses, preguntándole quién era Mossén Xemeneia (1). Pero en seguida se acabó el cruce de preguntas/respuestas, para Enric Casasses dirigirse entonces al atril con el fin de lanzar desde ahí -comentó- “su conferencia”.
Había llegado a la tarima del auditorio con una cesta de mercado y envuelto en un pesado chaquetón, del que intentó desprenderse colgándolo en un listón del fondo del escenario. El listón no presentaba más que visualmente una madera de la que colgar algo y el chaquetón cayó estrepitosamente, como un fardo, al suelo, porque debía tener todos sus bolsillos repletos, pero Casasses no se inmutó, dejándolo tal cual, tirado por el suelo.
Cuando se dirigía hacia el atril pudimos apreciar los larguísimos zapatos rechúpate la punta que lucía, que casi recordaban a los de los Leningrad Cowboys. En la superficie del atril dejó una serie de libretas de diferentes tamaños repletas de papeles y en un taburete, a su lado, la cesta de la compra... de la que fue sacando luego alternativamente, para rebuscar en ellos y usarlos en su cometido, otras libretas y varios libros.
La supuesta conferencia que de conferencia no tenía nada era, en realidad, lo que todo el mundo esperaba de Enric Casasses, un (no muy ensayado e informal) recital de poesías de las suyas, mezclado con tiempos muertos de búsqueda del texto, muchísimas aclaraciones sobre lo que estaba leyendo y su sentido, así como dando mucha información sobre dónde (casa de l’Eixample la mayoría) y cuándo (desde noviembre hasta la noche anterior) había escrito lo que leía.
Casi todo giraba, eso sí, sobre las ventanas, puesto que, como dijo en un determinado momento, le pidieron “una conferencia sobre cómo miran por la ventana los poetas”. Parece que desde el momento de la propuesta fue anotando lo que se le pasaba por la cabeza -relacionado o no con las ventanas- en un grueso libretón con espiral, a modo de dietario variopinto.
Fuera o no fuera la conferencia esperable, el caso es que le ha servido para hacer citas comentadas de Bob Dylan, de William Blake (“Todos los malos artistas parece que hayan copiado. Los buenos artistas lo copian todo”), de René Char, de Patchen, de la Ilíada (señalando que las tiendas de los aqueos eran mucho más sólidas que las casas de la urbanización de Pins de Dalt), de -criticándolo- Gil de Biedma y de sí mismo, naturalmente (Quin tic tinc?).
Empezó recordando que ya desde sus inicios pensó mucho en la dialéctica de la mosca y el vidrio, para seguir cogiendo y leyendo frases de aquí (las libretas) y de allá (los libros), todo ello acompañado con esos gestos que tan bien le acompañan en sus recitales, poniendo aún más énfasis a ciertas palabras o sonidos. En algún momento parecía un hombre orquesta, haciendo juegos de palabras, diciendo algún chiste malo de solemnidad y hasta dando palmas y todo.
También hizo una defensa acérrima de los plátanos de Barcelona, unos árboles que en verano dan sombra clara, frente a los lledoners (almeces) por los que los están, trágicamente, reemplazando, ocasionando entonces “que en la ciudad se haga oscuro una hora antes”. En la próxima ocasión, tendrá también mucha cosa que decir, con su manera inconfundible de decir.
(1) A lo que respondió Casasses que era él mismo con sombrero de copa, un nombre que se había apropiado de un cura facha que hubo por L’Escala.
Enric Casasses, aplicándose en su conferencia. Delante suyo, en un taburete que debió pedir en el momento de ver el espacio, la cesta de la compra, repleta de libros suyos y otras yerbas.
La última fase de la sesión, ya abandonada la cesta de la compra: respondiendo a las preguntas del público, muy interesados en los detalles y la filosofía de las ventanas, aunque ya había avisado inicialmente que los filósofos nunca dan respuestas, sino que únicamente dicen que “desde allá puede verse, entenderse todo”.




















