En el Convent de Sant Agustí de Barcelona, La Fundació Ricard Salvat ha conmemorado que hoy se cumplen los cinco años, ya, de la muerte del director teatral.
Tras unas palabras de Núria Galobardes, su viuda, Carme Sansa y Araceli Bruch (completando las tres que aparecen en la foto) han leído unos textos variados. A mí me han gustado especialmente unas notas del diario del propio Salvat, escritas en 1962, registrando sus impresiones al ir a Moscú, al Congreso Mundial de la Paz, y dejando clara la “falta de sentido estético de los soviéticos”, a tenor de los ramos de flores que entregaban a los famosos visitantes franceses.
Luego ha habido intervenciones de Enric Ciurans, Isabel-Clara Simó (que se ha mostrado divertidamente violenta contra esos mequetrefes que triunfan mientras se ignora una personalidad como la de Salvat) y Joan Anton Benach, y los tres han coincidido en reclamar el nombre de Ricard Salvat para la sala grande del TNC, donde nunca llamaron a actuar a su compañía.
Por último la pintora Mariona Millà ha proyectado unas imágenes sobre su cooperación artística con Salvat (igual pongo por aquí alguna muestra), y todo ha acabado con la secuencia en blanco y negro sobre una casa decrépita, vista desde el punto de vista de una rata, que Agustí Villaronga filmó para el final del montaje de “Mirall tancat”. Los aplausos de la (mucha) gente que ha acudido se han sumado a los aplausos del público –en las imágenes- a los actores de “Mirall Trencat”, pero a mi me ha faltado la salida a escena del propio Ricard Salvat, su director, a saludar. Eso sí que habría sido una buena despedida.
