jueves, 13 de abril de 2023

París erem nosaltres (Andreu Claret)


Uno de los lugares en principio más extraños donde le han debido proponer a Andreu Claret presentar su novela, último Premi Ramon Llull (“Paris erem nosaltres”, Grup 62 -en catalán- y Planeta -en castellano-, 2023) supongo que habrá sido en donde lo pesqué ayer yo, en el Institut Français de Barcelona.
Extraño por cuanto aún no se ha traducido al francés -on verra-, pero muy pertinente, por varias razones, que pasan por la propia nacionalidad hasta la adolescencia de su escritor, estar ambientada ahí en buena parte la novela y, sobre todo, esa consideración de Francia y especialmente París como ideal de toda una generación.
Una cosa curiosa es que cuando llegué, unos quince minutos antes, ya estaba preparada la mesa, el escritor y su presentadora (lamento recordar únicamente su nombre propio, Rosa, como dijo en dos o tres ocasiones de forma combinada con unos golpecitos en su brazo, una muy antigua amiga de Andreu Claret) en sus sillas respectivas y buena parte del público también en sus puestos. A mí me sorprendió, pero lo que nunca me había pasado es que el acto empezó unos ocho minutos antes de la hora prevista. ¡Hay gente más ansiosa que yo, que siempre llego a las citas con antelación y empiezo lo que organizo con puntualidad!
Pero, al margen de esta anécdota, me gustaría señalar dos o tres cosas del contenido de la sesión, de entre las que comentó Claret.
Una primera, sobre la propia gestación del libro. Dijo que tras tres novelas sobre la guerra civil, hablando de personajes de la Historia con mayúsculas -el cónsul ruso en Barcelona la última-, tenia ganas de hablar de gente común. No lograba encauzar su empeño, hasta que se dio cuenta que tenía delante suyo, en su casa, lo que buscaba. Poseía las 25 horas que grabó a su padre contando sus historias poco tiempo antes de su muerte, pero, descubriendo muchos silencios en ellas, se puso a investigarlos.
Llegó así a captar de verdad la historia de sus padres, de esos sobrevivientes de diez años, de 1936 a 1946, en los que todo estuvo paralizado.
Respondiendo a preguntas posteriores, una serie de flecos por mí desconocidos aparecieron, como esa campaña contra Companys, llevada por los propios catalanes en el exilio, antes de su captura por la Gestapo y entrega que acabó en su fusilamiento.
Pero la figura que articula toda la novela es la de Andreu Claret padre, del que he podido corregir radicalmente la idea que tenia en mi cabeza sobre su biografía. De orígenes muy modestos, nacido en un entonces empobrecido y aislado Suria, acabó -en la aventura que termina el libro, tras haber sido promotor de la carretera fronteriza de Andorra por el Pas de la Casa, entrando en Barcelona, llamado por Porcioles, al mando de unas máquinas quitanieves que acabaron con la paralización de la ciudad por la nevada de navidad del 1962.
Solo le faltó que las máquinas entraran por la Diagonal -yo tengo el recuerdo de su entrada en la Plaza España por la Gran Vía- para conseguir su personal venganza con respecto a la imagen de la entrada de las tropas franquistas en Barcelona.
Una imagen, la de la entrada triunfal de las quitanieves, de película. Y, hablando de película, ayer Andreu Claret insistió en lo increíble que, al margen de unos cuantos documentales, no se haya hecho aún ninguna película sobre la penosa retirada del ejército republicano y las hasta 450.000 personas que, en febrero de 1939, uno de los años más fríos de la época, alcanzaron penosamente la frontera de Francia. A ver.



 

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