miércoles, 22 de febrero de 2017

Gonzalo Goytisolo

Gonzalo Goytisolo explicando cómo se le ocurrió pintar dos Carmen Balcells en vez de una a la hora de hacer su retrato.

Se ve que Josep Ramoneda entrevista una vez al mes a un artista en la sala Volart de la Fundación Vila Casas, y hoy le ha tocado el turno a Gonzalo Goytisolo (que estará ahí hasta el 26 de marzo). Ramoneda ha arrancado explicando la extrañeza que inicialmente le supuso ver los cuadros expuestos: "¡Pero si parece la página 'People' de los periódicos!", se dijo. Y es que la exposición es de retratos no escogidos por el artista, sino de encargo, y hay entonces desde corporaciones que le han pedido un retrato oficial de su presidente para colgarlo en la galería correspondiente, hasta gente que desea un recuerdo de la familia al completo. Goytisolo ha explicado que él actúa entonces como mercenario, poniéndose al servicio de los intereses de sus clientes, y que la cosa está en intentar aún así que el cuadro que resulte siga siendo, pese a esas condiciones, obra propia.
Al margen de esto, Ramoneda le ha presentado, además de como pintor, como escritor, y la verdad es que en el coloquio que ha seguido ha demostrado largo y tendido que es un artista que, ciertamente, tiene discurso. De forma inesperada viniendo como complemento de este tipo de exposición, el diálogo ha volado alto, abordando diversos temas sobre la etapa actual del arte, pasando por terrenos como el conceptual y los vanguardismos, la conceptuación del arte frente a la realidad ("hay que recordar que mis cuadros son ficciones, no la realidad"), la necesaria multi-apertura -a muchas cosas- de la obra de arte para poder ser considerada como tal, la historia del arte no como un continuo avance sino como una expansión al estilo de las ondas en la superficie de un estanque, el arte como forma de conocimiento, la interactuación de las obras de arte con su entorno, y varios temas más de este estilo y nivel.
He tenido tiempo de dar un garbeo por la exposición y, a parte del más o menos mal rollo que pueden llegar a transferir todos esos retratos de prohombres acumulados en la planta subterránea, viendo que hasta ahí puedes dar con cuadros que son en sí estupendas pinturas, me ha dado por pensar que tampoco está tan mal que, ya que su obra no le da para vivir, Gonzalo Goytisolo se vea obligado a pintar obras de este estilo.

Encargos de por la planta baja.

En el coloquio.

Una pared de los retratos de corporaciones de la planta baja.

A la derecha, el magnífico retrato de su tío Juan, pintado con motivo de haberle otorgado el año pasado el premio Cervantes. Lamentablemente me salió cortado...
 

martes, 21 de febrero de 2017

Ximo Bosch

La platea del Romea empieza a llenarse para la conferencia.

También ayer, la Fundació Romea presentó en su sede -quizás el teatro con más solera de Barcelona- algo bastante insospechado: Joaquim "Ximo" Bosch, el popular miembro de la asociación "Jueces para la democracia", dio una conferencia sobre "La corrupció política", así, en su valenciano natal, lleno por cierto de las para nosotros divertidas expresiones tipo "aixina".
No es que explicara, desgraciadamente, nada nuevo. Tras iniciar su charla con la frase de que "Todo poder corrompe, pero el poder absoluto corrompe absolutamente", señaló que por esa razón era absolutamente necesario en un sistema la existencia de contrapoderes, y vino a documentar que la corrupción tan expandida hoy en día es no una ola pasajera, sino algo sistémico.
Para él, según indicó, el prototipo de corrupción fue la existente en la dictadura franquista, y si no se ve verdadera voluntad de acabar con ella (porque se han rechazado todas las propuestas efectuadas para ello), es por su funcionalidad. Una gran funcionalidad para enriquecerse ese trozo de iceberg que ha emergido, pero sobre todo para la financiación de unos partidos con una enorme estructura jerarquizada, muy burocratizada, que necesita pagarse de algún modo para sostenerse.
Tras esta exposición se dedicó el resto de la conferencia a enumerar lo que, a su juicio, podía hacerse para realmente erradicarla, partiendo de la voluntad política para ello:
Si lo que más corre por ahí es ese "que paguen los culpables", con penas de cárcel y demás, justificó que eso sería el final de todo un edificio, porque en el momento en que se aplica una pena el mal ya está hecho. Que lo que tocaría sería prevenir, evitar el saqueo, regulando aspectos como los sistemas de contratación institucional, aumentando las competencias de técnicos independientes, implantando controles externos, separando los cargos públicos de los políticos, paliando la pobreza de recursos judiciales, disminuyendo la posibilidad de indultos políticos, etc.
A un señor del público le pareció una conferencia pesimista, porque no dejaba muchas esperanzas para acabar con la bicha. Fue entonces cuando Bosch sacó fuerzas de flaqueza de su agotada garganta por tantas declaraciones, sacó su mejor sonrisa y, confesándose un pertinaz optimista, dijo que sí, que él veía indicios, brechas impensables hace veinte años.
Me impresionó, por significativa, la frase que rememoró, que se ve que Aznar soltó en una campaña, en una plaza de toros: "Vamos a barrer de las calles a todos los pequeños delincuentes". ¡Nada contra los grandes delincuentes!
Y de cajón una explicación de lo que debiera ser pero no es: Que un partido o un político tiene dos vías de actuación cuando se les acusa de corrupción: O bien disolverse o dimitir, para poder pasar a ser ante la ley gente común, que puede por razones de su defensa no responder a las preguntas de jueces y fiscales, o bien responder absolutamente a todas las preguntas, dando explicaciones sobre su actuación.

En el escenario, Carles Canut (que llevó con mano de hierro el pequeño coloquio final, sin dejar que el público se fuera por las habituales e inflamadas "consideraciones", porque "hemos venido a escuchar al conferenciante) y Joaquim Bosch.
 

jueves, 16 de febrero de 2017

Mapes i control del territori a Barcelona. Vuit estudis

De izquierda a derecha, Ramón Grau, Xavier Tarraubella,
Vicenç Rosselló y Antoni Magariños.

Hoy acto de presentación de un libro (tercero de una serie) para amantes de los mapas, "Mapes i control del territori a Barcelona. Vuit estudis", en el Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona, que por cierto cumple cien años como institución.
El libro presenta, con gran y muy interesante aparato gráfico, con una maqueta y diseño magníficos, las ponencias de las terceras jornadas sobre historia de la cartografía de Barcelona que periódicamente (se anuncian unas cuartas para 2018) organiza el Arxiu Històric y el Institut Cartogràfic.
Los editores del libro son Ramón Grau (historiador) y Carme Montaner (geógrafa), del Arxiu Històric y del Institut Cartogràfic respectivamente. Por la introducción del primero, en la que ha explicado la génesis de estas jornadas y publicaciones, hemos podido saber que en su día fue profesor de Carme, así como que entre los autores hay también otros antiguos alumnos, los Urteaga, Nadal y Muro, todos ellos miembros de un Grup d'Estudis d'Història de la Cartografía que me da que es el alma de buena parte de todo esto. No en vano luego, quien ha leído una nota crítica sobre el libro ha sido su actual presidente, Vicenç Rosselló.
Rosselló ha empezado señalando que tras su meticulosa lectura podía decir que Cerdà se erigía en el protagonista del libro, ya que era el más citado. En casi todos los artículos del libro aparece en el centro de las múltiples polémicas que surgieron en el siglo XIX, como la de si se debía planificar una ciudad abierta o una plaza militar... A continuación Vicenç Rosselló ha hecho, como quien no quiere la cosa, una personal historia de la cartografía de Barcelona, engarzando las diferentes piezas del libro, dando a conocer lo que aportan, y añadiendo su visión de la jugada.

Vicenç Rosselló procediendo a la lectura de su comentario sobre el libro.
 

miércoles, 1 de febrero de 2017

Cuando en Barcelona se mataba más que en Chicago


Hoy me he acercado al impresionante auditorio del nuevo Conservatori del Liceu, para ver qué explicaban de la "Barcelona años 20 (Cuando en Barcelona se mataba más que en Chicago)", una de las mesas redondas de Barcelona Negra.
Antoni Baños de moderador, y Andreu Martín, Antonio Soler y Paco Ignacio Taibo II, desbrozando lo comprendido durante la investigación para sus recientes libros sobre el periodo. Como ha arrancado Baños, más que de Barcelona Negra se podría hablar de Barcelona rojinegra.
Han explicado cosas curiosas los tres y, pese a la limitación del formato, han dado una idea bastante clara de cómo rodaron las cosas de esa época (1917-1923) en que campaban por sus respetos los pistoleros de la patronal y anarquistas de los que nació más tarde la FAI.
Andreu Martín ha conseguido hacer ver los espacios de la ciudad implicados. Recordando lo que le explicaba su padre llevándole al ya desaparecido Boston (Montaner / Aragón), que se conservaba igual: "Ahí se sentaban los del Lliure. Aquí dejaban sus sombreros y sus pistolas". O hablando del Bar La Tranquilidad, del Paralelo, en el que se ve que se vendían o alquilaban pistolas. O de ese kiosco de la plaça del Pes de la Palla, frecuentado por pistoleros hasta que empezaron a sentarse en sus mesas los sindicalistas, que lo fueron pagando después uno a uno con sus vidas.
Antonio Soler, que ha publicado un novela "Apóstoles y asesinos", que es en realidad una biografía de Salvador Seguí, el Noi del Sucre, ha hablado sobre todo de los protagonistas. Primero remontándose al antecedente, muy pintoresco, de Joan Rull, un supuesto confidente quien acabó ejecutado tras engañar varias veces a sus contratantes policiales y hacer entrar a toda su familia en su lucrativo negocio de fabricante de bombas, hasta ser detenido gracias a los servicios de un exótico policía de Scotland Yard desplazado ex-profeso. Luego, asombrándose y asombrando a todos de brutales vidas, más allá de las más cargadas novelas, como la de Ángel Pestaña.
Por último, Paco Ignacio Taibo II se regocijaba de la fuerza de unas ideas, con gente iletrada que había aprendido a leer en la cárcel o en los ateneos populares que proliferaron por todos los barrios, propugnando el naturismo, la oposición a un mundo del trabajo profundamente injusto. Ha pasado lista a las condiciones de vida de, por ejemplo, un modesto carpintero, obligado a trabajar once horas diarias, debiendo llevar sus herramientas desde casa, porque el patrón no se las pagaba, con míseras viviendas y alimentación,...
Como Antonio Soler ha sentenciado, esa Barcelona de esos años no se entiende sin la I Guerra Mundial. En ella la ciudad se llena de espías y las ganancias de las empresas se multiplican por diez, pero ni un céntimo de esa riqueza se traspasa a los obreros, que siguen con las mismas míseras condiciones de vida que en 1914.
Ha habido humor en la mesa ("Entre gitanos no nos leemos las manos", se ha excusado Paco Ignacio Taibo II ante la comprometida pregunta sobre si se habían leído entre ellos sus libros) y risas en la sala (como cuando él mismo ha exclamado "¡cómo se ve que no eres mexicano!" cuando ha oído decir a Baños que ahora las pistolas y la cocaína están más restringidas) y es verdad que, como ha cerrado el moderador, ha tenido su qué hablar i oír hablar de anarquismo en el Liceo y al lado de la comisaría de los Mossos d'Esquadra.

 

Sobre la guerra Irack-Irán

El inicio de la guerra fue la invasión por parte de Irak de la región de Shatt al Arab, quizás pensando Sadam Hussein que en ese momento ten...