miércoles, 1 de febrero de 2017

Cuando en Barcelona se mataba más que en Chicago


Hoy me he acercado al impresionante auditorio del nuevo Conservatori del Liceu, para ver qué explicaban de la "Barcelona años 20 (Cuando en Barcelona se mataba más que en Chicago)", una de las mesas redondas de Barcelona Negra.
Antoni Baños de moderador, y Andreu Martín, Antonio Soler y Paco Ignacio Taibo II, desbrozando lo comprendido durante la investigación para sus recientes libros sobre el periodo. Como ha arrancado Baños, más que de Barcelona Negra se podría hablar de Barcelona rojinegra.
Han explicado cosas curiosas los tres y, pese a la limitación del formato, han dado una idea bastante clara de cómo rodaron las cosas de esa época (1917-1923) en que campaban por sus respetos los pistoleros de la patronal y anarquistas de los que nació más tarde la FAI.
Andreu Martín ha conseguido hacer ver los espacios de la ciudad implicados. Recordando lo que le explicaba su padre llevándole al ya desaparecido Boston (Montaner / Aragón), que se conservaba igual: "Ahí se sentaban los del Lliure. Aquí dejaban sus sombreros y sus pistolas". O hablando del Bar La Tranquilidad, del Paralelo, en el que se ve que se vendían o alquilaban pistolas. O de ese kiosco de la plaça del Pes de la Palla, frecuentado por pistoleros hasta que empezaron a sentarse en sus mesas los sindicalistas, que lo fueron pagando después uno a uno con sus vidas.
Antonio Soler, que ha publicado un novela "Apóstoles y asesinos", que es en realidad una biografía de Salvador Seguí, el Noi del Sucre, ha hablado sobre todo de los protagonistas. Primero remontándose al antecedente, muy pintoresco, de Joan Rull, un supuesto confidente quien acabó ejecutado tras engañar varias veces a sus contratantes policiales y hacer entrar a toda su familia en su lucrativo negocio de fabricante de bombas, hasta ser detenido gracias a los servicios de un exótico policía de Scotland Yard desplazado ex-profeso. Luego, asombrándose y asombrando a todos de brutales vidas, más allá de las más cargadas novelas, como la de Ángel Pestaña.
Por último, Paco Ignacio Taibo II se regocijaba de la fuerza de unas ideas, con gente iletrada que había aprendido a leer en la cárcel o en los ateneos populares que proliferaron por todos los barrios, propugnando el naturismo, la oposición a un mundo del trabajo profundamente injusto. Ha pasado lista a las condiciones de vida de, por ejemplo, un modesto carpintero, obligado a trabajar once horas diarias, debiendo llevar sus herramientas desde casa, porque el patrón no se las pagaba, con míseras viviendas y alimentación,...
Como Antonio Soler ha sentenciado, esa Barcelona de esos años no se entiende sin la I Guerra Mundial. En ella la ciudad se llena de espías y las ganancias de las empresas se multiplican por diez, pero ni un céntimo de esa riqueza se traspasa a los obreros, que siguen con las mismas míseras condiciones de vida que en 1914.
Ha habido humor en la mesa ("Entre gitanos no nos leemos las manos", se ha excusado Paco Ignacio Taibo II ante la comprometida pregunta sobre si se habían leído entre ellos sus libros) y risas en la sala (como cuando él mismo ha exclamado "¡cómo se ve que no eres mexicano!" cuando ha oído decir a Baños que ahora las pistolas y la cocaína están más restringidas) y es verdad que, como ha cerrado el moderador, ha tenido su qué hablar i oír hablar de anarquismo en el Liceo y al lado de la comisaría de los Mossos d'Esquadra.

 

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