Jaume Claret y Jordi Amat.
Me quedo de la sesión de ayer tarde, que cerraba el seminario del MUHBA sobre Barcelona después (de la muerte) de Franco, con las dos preguntas que lanzó al aire Jordi Amat (la segunda reformulando lo que había oído de Germán Labrador):
1/-¿No será que hubo en Cataluña una incompatibilidad entre la creación desde cero de una capitalidad de nación y apostar al mismo tiempo por una cultura -hasta entonces muy exitosa- de la disidencia?
2/-¿Serán incompatibles el capitalismo liberal y la democracia (entendida ésta como la libertad de actuación del individuo)?
La primera surgió, creo yo, después de que Marta Vallverdú efectuase toda una proclama propagandística sobre los diferentes ámbitos con capitalidad cultural de Barcelona (en 1975) y a mí me entraron unas ganas grandes de preguntarle qué había entonces pasado después, según ella, una vez alcanzados los objetivos políticos de autonomía por los que se luchó, para que remitiera casi por completo esa capitalidad.
La segunda, tras oír que, después de las Jornadas Libertarias de 1977, con las instituciones políticas de la democracia funcionando vía Lay de Salud Pública -además de las propias pulsiones autodestructivas-, se acabaron todos los espacios libertarios.
Asistí a la sesión preguntándome cómo iba a abordar Jordi Amat un tema, a priori, bastante manido, como el del ámbito de la cultura en la Barcelona de por 1975-79, sabedor de que él siempre sorprende -un poco a la imagen de Éric Vuillard- sacando punta de alguna foto, imagen o anécdota del periodo y lugar, haciéndole alcanzar categoría de símbolo revelador.
Ayer las imágenes que quiso hicieran ese papel fueron
-La celebración de la Nit de Santa Llucia 1975, con 2.000 personas para arropar los primeros premios de poesía después de la muerte de Franco, y las ganas que eso representaba.
-Lluís Llach en un recital en el Palau d’Esports, después de que le hubieran prohibido cantar “Viatge a Ítaca” el año anterior. Sensación de ruptura muy fuerte, con gritos del público reivindicando Libertad y Amnistía, políticos de la oposición en las primeras filas, etc.
-Las ya muy nombradas manifestaciones de febrero del 1976 y las primeras escenas del “Informe General” de Pere Portabella. La rotundidad de ese acercamiento hacia el Valle caídos y el plano en picado hacia la tumba de Franco -¡ya está bajo tierra!- para a continuación pasar a unas conversaciones entre las fuerzas de izquierda sobre el futuro.
Después de eso, Amat nombró y dató sólo una serie de hitos sobre decisiones y hechos producidos posteriormente en Barcelona y Cataluña:
-1976: Cambio del nombre de la Av. General Godet por la de Pau Casals. Colocación de la escultura de Viladomat y decisión de encargar la escultura (que no se instalaría hasta 1982) de Apel.les Fenosa, con, inscritos, los versos de Salvador Espriu.
-Congreso Cultura Catalana
-1979, ya con la primera alcaldía democrática, Narcís Serra de alcalde ya promueve una amplia sustitución de placas de calles, retirando los nombres de todos los golpistas.
-Encargo de la escultura Dona i ocell a Miró, para recibir con ella a los que llegasen a la ciudad.
-1981. Decisión de transformación de la Casa de Caritat y luego ya la presentación de Barcelona a los Juegos Olímpicos de 1992.
A la pregunta del moderador, Jaume Claret (que ha estado moderando y dirigiendo estos coloquios muy bien, sólo impotente en conseguir, pese a sus peticiones, que en el turno de preguntas los asistentes fueran breves y lanzasen realmente preguntas: era un poema su cara viendo la enésima e inacabable “reflexión” de alguien, y al final sólo mostraba con golpes de cabeza y sonrisa irónica, de forma acompasada, su educado asentimiento a la perorata de turno de quien tenía a bien soltar su reflexión rememorando sus batallitas), fue interesante su contestación de que las cosas no hay que verlas con los ojos de hoy, y dejar claro que la República no formaba parte de la reivindicación del momento. La constatación del peligro de involución existente y el recuerdo de todo lo pasado hicieron en ese momento olvidarse de ello.
En sus últimos turnos de intervención, quizás ya en el turno de preguntas, rememoró, centrándose en el ámbito de las discográficas y la música, que conoce muy bien, el caso de Edigsa y La cova del Drac, concediendo que que por aquí había unos márgenes de libertad que no existían por otros lados. Pero, para llegar a la disolución de todas esas expectativas, leyó lo que comentó Raimon, cantante emblemático en todo ese proceso cuando, en 1981, quien quiso editar su obra completa y no hubo discográfica alguna que se la quisiera publicar.
Por su parte, en la segunda mesa redonda, dedicada también al mundo cultural, pero en sus disidencias, Isabel Segura, que estuvo como su apellido indica, pero además muy clara, hablo sobre todo de la “machada” (sé que no debiera emplear aquí este término, pero se me entenderá lo que quiero decir y fue el primero que, deformaciones acumuladas, me acudió a la cabeza) que supusieron las Jornades Catalanes de la Dona, donde se sacó oro de lo que correspondía a un año dedicado a la mujer por la ONU cuyas celebraciones correspondían en España como presidenta a Pilar Primo de Rivera, y leyó las conclusiones de las jornadas, muy avanzadas y completas pese a tratarse de unas reuniones de consenso, que abarcaban un amplísimo espectro, que iba desde las más radicales feministas… hasta grupos del Opus Dei.
De entre los datos que dio, además de vindicar la importancia de la revista “Reivindicación Feminista”, seguramente resonaron como plomo por la sala que en la época en la Prisión de Trinitat las mujeres presas eran, en un 30%, por casos ligados a abortos, y el 50% a otras cosas de la Ley Peligrosidad social, como el adulterio… Y los intentos fracasados para que la amnistía que se pedía en todas las manifestaciones, se ampliara también a las penas de leyes franquistas como la de Peligrosidad Social.
Me queda ya, únicamente, mencionar el buen rollo e impresión que me trasmitieron las intervenciones de Germán Labrador, hablando de lo que dijo que Onliyú definió como “un fugaz recreo”, el que la ciudad disfrutó desde la muerte de Franco hasta el final de las Jornadas Libertarias, con la bacanal del Parque Güell.
Me hizo gracia oír eso de que en la exposición que hicieron para el Reina Sofía constataron que todos los partidos presentaron para las elecciones al mismo señor: cuarentón, algo barrigón y calvo, estilo el José Luis López Vázquez de “La cabina”.
Y ya definiendo los dos grandes tipos de contracultura que se dieron por aquí, ver las iniciales vías paralelas entre
a/ Lo de California y derivados (Star)
b/ La de la Tradición libertaria (Ajoblanco)
Señaló el estallido que supuso, en 1976, las múltiples representaciones del “Don Juan” en el Born, organizadas por la Asociación de Actores de Teatro. Por ahí pasó todo el mundo. Y recalcó que, en vez de representarse, como es tradición, un 31 de octubre, se tuvo la guasa de hacerlo un 20N. Y la mención de que también querían ligar ese don Juan con Don Juan Carlos, ese día en el Valle de los Caídos, pero hasta ahí llegó la broma y eso sí que no se lo dejaron pasar.
Luego habló un poco de las Jornadas Libertarias, recalcando que se ha estado mucho tiempo sin generar memoria sobre su existencia, borradas como con ensaño de todo recuerdo.
Muchas de sus intervenciones, situándose totalmente contrario a muchas de las cosas que se dijeron en la primera mesa redonda, las dedicó a definir las intenciones de la contracultura, y le salió algo como: Fundar espacios donde conviven gente que no son como tú.
Como conclusión de toda la sesión creo que está bien esto que apunté, de que se asocia la transición como una época de reformas políticas, pero en la que realmente se produjeron una buena serie de rupturas culturales.
Marta Vallverdú, Jaume Claret y Jordi Amat.
Isabel Segura, Marc Gil (que también moderó con acierto esta segunda mesa redonda, en la que se le vio encontrarse a sus anchas) y Germán Labrador.














