sábado, 1 de marzo de 2025

Política del malestar


Introducción muy personal:
Como no me muevo por sus frentes (psicoanálisis lacaniano, líneas feministas y filosofía política), no me avergüenza decir que no me sonaba para nada el nombre de la ponente en la sesión de ayer del curso sobre “Guerra y Capitalismo” del Institut d’Humanitats, Alicia Valdés. Un poco más el título de su libro, “Política del malestar” (Debate, 2022), que ha tenido mucho éxito y le ha impulsado a pasear por foros de todo el mundo, sin que yo haya leído una línea suya.
Pero el caso es que llegué ayer al CCCB con una antelación de más de diez minutos y vi que en la mesa había una chica que creí del staff de la casa, probando el ordenador, la proyección y esas cosas. Calzada con wambas, luciendo e intentando que sonaran unos pendientes de colgajos que recordaban esas cosas que se ponen sobre las puertas para que suenen cuando se abren, cubierto todo un brazo de llamativos tatuajes, aunque disimulado todo por una camisa blanca arremangada y una pieza negra que estaba entre el peto y un delantal negro de cocina con unas cintas muy raras para sujetarlo: Vamos, que cuando la que había organizado el curso la presentó como politóloga con recentísimo contrato en la Universidad de Oviedo, hubo una cierta sorpresa, porque su aspecto no podía estar más alejado de lo que se suele entender como el del profesorado académico, aunque éste haya evolucionado un montón.
A los diez minutos de empezada su charla, llena de la jerga de sus especialidades, es verdad que mezclada con expresiones coloquiales variadas, ya estaba preguntándome qué hacía yo allí, y quien me había mandado matricularme en ese curso… pero llegó un momento en que vi que, pese a lo abstruso de todo ese mundo donde nos metía, se explicaba muy bien, lo que quedó evidente cuando empezó, tras “la teoría”, con los ejemplos prácticos, y debo decir que acabó no sólo interesándome, sino gustándome mucho y -lo mejor-, pese a lo dramático de los hechos analizados, divirtiéndome un montón. Aunque ya aviso que sólo daré por aquí dos o tres de las ideas que creo haber entendido -con sus posibles errores-, vayamos a ello:
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La parte teórica:
Empezó situando los elementos base de su charla en lo que explicó en su “Política del malestar” añadiendo una serie de ideas de un libro que publicó en inglés, que ahora se está traduciendo y aparecerá en breve. También, situándose entre la izquierda lacaniana, de donde supongo sacó una serie de latinajos que me mantuvieron ausente por unos momentos, digiriendo la crisis personal de que he hablado.
Su verdadero desarrollo teórico empecé a entenderlo, pese a lo enrevesado que parecía para gente de ciencias como yo, en la “Teoría de la Existencia”, remontándose a Aristóteles (que sólo daba carta de naturaleza, existencia, a unos pocos, dejando a la gran mayoría en la ‘ek-sistencia’), y al S1 de Lacan y otros pensadores, siendo ese S1 el entorno básico de la existencia, con un perímetro variable de lo que excluye.
Con los ejemplos que fue diciendo se fue entendiendo mejor. A veces interesa -explicó- que el S1 sea más inclusivo (se necesitan, al fin y al cabo, trabajadores para que vaya tirando la máquina) y otras menos. En función de eso puede variar ese S1 hombre, blanco, de determinados rasgos étnicos. En la Alemania nazi el S1 tendía al ario.
“Capitalismo como necropolítica” fue el título de su charla. Es decir, cómo el capitalismo tiende a excluir la vida de muchos. Alicia Valdés propone actualizar toda la terminología, y sostiene que debería hablarse no sólo de vida, sino ir más allá y hablar de “vida vivible”, superados unos mínimos que, desgraciadamente, ya hoy en día una buena parte de. Humanidad no posee. Y estuvo hablando continuamente de la “muerte simbólica”: la de todos aquellos que se sitúan fuera de los marcos de lo vivo.
También, en toda esa parte “teórica”, habló de la dualidad entre lo humano y lo no humano (con el manejo que éstos términos han tenido, cuando se dice que determinado grupo ha dejado de ser humano y por lo tanto no se merece consideración alguna). Pero también ahí señaló que quizás debería pensarse no sólo en personas, sino en sitios como también sujetos de derechos. Estaba pensando en continuos atentados que no se cometen contra personas, pero sí sobre ciertas zonas de la naturaleza, dijo, rozando entrar en todas las cuestiones ecologistas.
Pero hasta ahí duró la parte teórica, y entró en los ejemplos, mucho menos áridos, y que todos reconocimos como retrato de nuestro mundo más actual.
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Los ejemplos de la vida actual:
Puso entonces unos cuantos ejemplos cercanos, y muy recientes- de muerte simbólica:
—La actriz transgénero Hunter Schafer, que denunció que en su nuevo pasaporte ya no pone mujer, sino hombre. Tras explicar eso, la actriz indicó, reivindicativa, que no por lo que ponga el pasaporte dejarán de existir. Pero Alicia Valdés se pregunta que en qué espacio, en qué condiciones… Desde luego les han cambiado las reglas de la existencia, y eso asusta, y mucho.
-Los vuelos con deportaciones masivas. Y en este punto añadió otro extremo a su explicación: La muerte física sigue a la simbólica, como demuestra esa niña inmigrante que se suicidó ante posibles denuncias de sus compañeras de clase, que la acosaban diciéndoselo, cuando Trump ofreció una recompensa a quienes informaran de inmigrantes ilegales.
Otro tramo de la exposición se movió por la dualidad Eros-Tanatos. Freud ya decía que no nos podemos separar de la pulsión de autodestrucción….
¿De qué manera gestiona el capitalismo la pulsión de muerte? Para explicar esto señaló también unos cuantos ejemplos.
Así, en procesos electorales, el caso de Milei, que indicaba en Argentina durante el proceso electoral que había que destruirlo todo para volver a empezar. La consecuencia no es sino que el S1 es cada vez más pequeño….
Otro ejemplo en el terreno de los procesos electorales lo constituyen el intento de toma del poder de Bolsonaro o el asalto al Capitolio de Washington. Puso la imagen que cuelgo para que viéramos las pintas de los asaltantes a este último, disfrazados a posta con las pintas que les vemos, para asentar un hecho mítico. Con todo lo que se está viendo al respecto, representa ya un uso legitimado de la violencia…
Otros ejemplos, éstos sobre los malestares psíquicos y la mercantilización del malestar.
-Colgó una imagen de un taller de costura de Bangladesh, con un ejército de niñas trabajando, donde se elaboran las camisetas que inundan todo Occidente. El Eros consumista -señaló- incluye el Tánatos, aunque éste está oculto.
Una foto de revista con un modelo vestido al estilo de un vagabundo le hizo decir que se estaba haciendo de la violencia un elemento de consumo, algo mercantilizado.
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Explicaciones y conclusiones:
En la rueda de preguntas también salieron temas muy interesantes. Ante la pregunta de un asistente sobre cómo la extrema derecha -ahora ya en el poder en sitios como Argentina o Estados Unidos- se las podían dar a sí mismos de revolucionarios, contra el sistema, Alicia Valdés explicó muy bien que, a base de bulos, la extrema derecha te dice que el S1 corresponde ya a la mujer trans, a los okupas (hacen que ese y no el precio brutal de la vivienda, sea el supuesto problema de la vivienda), a los inmigrantes, etc, y que son los que tienen ahora el poder. Entonces ellos, dicen, reaccionan contra ese sistema en el poder.
Sobre cómo consiguen que, por ejemplo, un madrileño del puente de Vallecas vote a la extrema derecha, que dijo un asistente no entender, respondió que había dedicado su libro “La política del malestar” a decir todas aquellas causas -siempre son múltiples- que había encontrado. Pero en el aula dispensó algunas de esas razones posibles.
-Ayuso, dijo, es la arquetipo de la chulapa madrileña, y la gente no vota únicamente atendiendo a su realidad material. La ven decir lo que dice y piensan: ¡olé tus cojones! votándola por eso.
-Hay anuncios, muy seguidos, que te impulsan a haciendo no sé qué tontería, “descargarte tu primer millón”, a los que convencen mucha gente que, además, esperan que cuando lleguen a tener ese millón que creen van a alcanzar, no haya un socialista en el gobierno y que se lo quede.
Pero, lo que realmente me ha convencido son sus respuestas al esperable “¿qué se puede hacer?”. Aquí dos o tres de ellas:
-Lo único que le puede salvar a la izquierda es que haga realmente de izquierdas. Die Linke lo ha hecho en Alemania y, aunque ha obtenido pocos votos del total, ha doblado los que tenía. Y eran los únicos que ofrecían programas realmente de izquierda.
-Los memes pueden ser la respuesta a los bulos. Hay que movilizar la alegría.
-Y esta joya: la gente piensa, y con bastante razón, que la derecha es divertida y la izquierda un rollo. Pues venga, a cambiar.

Veo que FB me ha ocultado esta imágen, diciéndome que medios independiemntes la habían clificado como fake. Será un fake la foto, pero que iban así y asaltaropn en Congreso, cosa cierta.




 

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