No se ha acercado mucha gente a la amplia y luminosa sala de actos de la ETSAB (zona ampliación de Coderch). La organización ha bajado del escenario sillas y mesitas hasta el bonito pavimento de terrazo, para hacer más acogedor el acto sobre Antoni de Moragas y Gallisà, penúltima etapa del ciclo que se le dedica por cumplirse este año su centenario. Sin calefacción, no obstante, a medida que ha ido pasando el rato, iba cogiéndose un poco de frío, justo lo contrario de lo que pasaba con el tema del acto, que ha ido adquiriendo calidez, y ha acabado con un aplauso conjunto muy solidario ponentes – asistentes.
Daniel Giralt Miracle ha definido a nuestro protagonista con dos imágenes y dos frases. Las imágenes, para dejar clara su elegancia, son cómo se le veía ajustarse, antes que nada, el nudo de la corbata, y con qué finura elevaba la copa de Mascaró. Las frases definitorias, “agitador con pinta de burgués” y la que lanzó sobre él Pere Quart, “l’home del seny i diseny”. En su intervención, Giralt, a quien se le veía con verdaderas ganas de aportar cosas para el recuerdo de quien se notaba que había significado mucho para él, ha recalcado el papel de Moragas en la recuperación de toda una cultura escondida, casi perdida.
J. M. Corredor Matheos se ha dedicado a recorrer escritos de Moragas para revistas de la época, y sobre todo, el artículo que sobre la arquitectura de 1959/60 escribió para el suplemento de la Espasa, que Corredor dirigía. Me he quedado con unas ganas grandes de ampliar la Espasa de mi abuelo con todos sus suplementos, pese a que ya lo había desechado por falta de espacio cuando en los años 80 me hice con ella.
André Ricard ha buceado por los orígenes del diseño moderno en Barcelona, con fotos y todo, y ha comentado que el saber de la existencia de Antoni de Moragas fue para él como el descubrimiento de la huella de Viernes por parte de Robinson Crusoe: ¡Había más vida en la ciudad!
Pero quizás la intervención que más nos ha acercado al personaje, gran arquitecto, diseñador, hombre de relaciones y de ideas organizativas, hoy ha sido su hijo, Antoni de Moragas Spà, en su primera aparición por la Escuela de Arquitectura después de jubilado (“siempre se vuelve al lugar del crimen”, ha comentado).
Ha empezado explicando anécdotas que conoce de la relación –y adoración- de Moragas con –por- Aalto (esa de “el mejor arquitecto del mundo muriéndose a mi lado, y yo sin saber qué hacer”, u otra sobre la compra de unas castañuelas), pero donde ha estado mejor ha sido, claro, cuando hablando de su padre ha hablado, y no podía ser de otra forma, de sí mismo.
Eso que ha explicado de que Català-Roca hizo su primera y última fotografía de sus famosísimas series de arquitectura sobre el Park Hotel, es de antología. Las primeras fotos del hotel le hicieron entrar y fotografiar todas las obras del Grupo R. Las ultimas se las pidió Moragas hijo, tras hacer una remodelación del hotel de 1949/50 de su padre, para la que su única condición lanzada al propietario fue que se debía devolver el hotel al proyecto original, desfigurado por el paso del tiempo. La fidelidad con el proyecto original durante la remodelación (y ha utilizado precisamente esta palabra, fidelidad, que no es únicamente, está claro, con el proyecto, sino que lleva directamente a su origen etimológico) le hizo –ha explicado- recuperar hasta cosas que estaban en el proyecto, pero que no llegaron a hacerse en realidad (como un detalle muy de Alvaar Aalto de una puerta).
Ha puesto Moragas hijo una última foto. Es la de una iglesia (“arte povera avant la lettre” que hizo su padre en Badalona. Recuerdo lo ilusionado que estaba con el proyecto de remodelación que le encargaron, del que colgó y explicó cosas por estos muros. Iba a hacer una ampliación respetuosa al máximo, hasta que algo se cruzó por el medio. ¡Con la Iglesia hemos topado! –dice. Estoy seguro de que las tergiversaciones deben ser enojosas, pero que también por algún lado de la nueva iglesia se podrá reconocer este nuevo trabajo de fidelidad.
Me volví a exceder en el tamaño de la entrada.



