martes, 10 de diciembre de 2013

Sobre Antoni de Moragas y Gallisà


No se ha acercado mucha gente a la amplia y luminosa sala de actos de la ETSAB (zona ampliación de Coderch). La organización ha bajado del escenario sillas y mesitas hasta el bonito pavimento de terrazo, para hacer más acogedor el acto sobre Antoni de Moragas y Gallisà, penúltima etapa del ciclo que se le dedica por cumplirse este año su centenario. Sin calefacción, no obstante, a medida que ha ido pasando el rato, iba cogiéndose un poco de frío, justo lo contrario de lo que pasaba con el tema del acto, que ha ido adquiriendo calidez, y ha acabado con un aplauso conjunto muy solidario ponentes – asistentes.
Daniel Giralt Miracle ha definido a nuestro protagonista con dos imágenes y dos frases. Las imágenes, para dejar clara su elegancia, son cómo se le veía ajustarse, antes que nada, el nudo de la corbata, y con qué finura elevaba la copa de Mascaró. Las frases definitorias, “agitador con pinta de burgués” y la que lanzó sobre él Pere Quart, “l’home del seny i diseny”. En su intervención, Giralt, a quien se le veía con verdaderas ganas de aportar cosas para el recuerdo de quien se notaba que había significado mucho para él, ha recalcado el papel de Moragas en la recuperación de toda una cultura escondida, casi perdida.
J. M. Corredor Matheos se ha dedicado a recorrer escritos de Moragas para revistas de la época, y sobre todo, el artículo que sobre la arquitectura de 1959/60 escribió para el suplemento de la Espasa, que Corredor dirigía. Me he quedado con unas ganas grandes de ampliar la Espasa de mi abuelo con todos sus suplementos, pese a que ya lo había desechado por falta de espacio cuando en los años 80 me hice con ella.
André Ricard ha buceado por los orígenes del diseño moderno en Barcelona, con fotos y todo, y ha comentado que el saber de la existencia de Antoni de Moragas fue para él como el descubrimiento de la huella de Viernes por parte de Robinson Crusoe: ¡Había más vida en la ciudad!
Pero quizás la intervención que más nos ha acercado al personaje, gran arquitecto, diseñador, hombre de relaciones y de ideas organizativas, hoy ha sido su hijo, Antoni de Moragas Spà, en su primera aparición por la Escuela de Arquitectura después de jubilado (“siempre se vuelve al lugar del crimen”, ha comentado).
Ha empezado explicando anécdotas que conoce de la relación –y adoración- de Moragas con –por- Aalto (esa de “el mejor arquitecto del mundo muriéndose a mi lado, y yo sin saber qué hacer”, u otra sobre la compra de unas castañuelas), pero donde ha estado mejor ha sido, claro, cuando hablando de su padre ha hablado, y no podía ser de otra forma, de sí mismo.
Eso que ha explicado de que Català-Roca hizo su primera y última fotografía de sus famosísimas series de arquitectura sobre el Park Hotel, es de antología. Las primeras fotos del hotel le hicieron entrar y fotografiar todas las obras del Grupo R. Las ultimas se las pidió Moragas hijo, tras hacer una remodelación del hotel de 1949/50 de su padre, para la que su única condición lanzada al propietario fue que se debía devolver el hotel al proyecto original, desfigurado por el paso del tiempo. La fidelidad con el proyecto original durante la remodelación (y ha utilizado precisamente esta palabra, fidelidad, que no es únicamente, está claro, con el proyecto, sino que lleva directamente a su origen etimológico) le hizo –ha explicado- recuperar hasta cosas que estaban en el proyecto, pero que no llegaron a hacerse en realidad (como un detalle muy de Alvaar Aalto de una puerta).
Ha puesto Moragas hijo una última foto. Es la de una iglesia (“arte povera avant la lettre” que hizo su padre en Badalona. Recuerdo lo ilusionado que estaba con el proyecto de remodelación que le encargaron, del que colgó y explicó cosas por estos muros. Iba a hacer una ampliación respetuosa al máximo, hasta que algo se cruzó por el medio. ¡Con la Iglesia hemos topado! –dice. Estoy seguro de que las tergiversaciones deben ser enojosas, pero que también por algún lado de la nueva iglesia se podrá reconocer este nuevo trabajo de fidelidad.
Me volví a exceder en el tamaño de la entrada.

 

domingo, 8 de diciembre de 2013

Xavier Monteys


Disfruto un montón oyendo a Xavier Monteys hablando de arquitectura, o leyendo sus críticas del “Quadern” de El País. Tres de éstas, de las que más me quedaron grabadas, precisamente, han constituido el núcleo de su conferencia de hoy dentro del ciclo “Ara Crítica” que organiza Arquin FAD en el espacio de Trespa, junto al Mercat del Born, en Barcelona.
La primera sobre la plaza, “casi involuntaria” que ha surgido entre la Biblioteca de Blanquerna, el teatro del CCCB y el Dispensario Antituberculoso de J. L. Sert (“A ver quien es el guapo, después de tanto estudio sobre el GATCPAC, que tiene el valor de reparar ese edificio, ahora que ha quedado con el culo al aire”).
La segunda sobre la Plaza Lesseps (“Una plaza no es las cositas que se ponen en ella, sino el fondo, las fachadas que la rodean”).
La tercera sobre el atentado perpetrado por Apple, dando “trasparencia” al edificio de Eusebi Bona en la Plaza Cataluña (“una obra de arquitectura diplomática, que no velaba por ella misma, sino por la plaza”).
Pero no sólo ha hablado de eso, claro está, sino que, a medida que se le iba ocurriendo, ha ido hablando de todo, muchas veces brillantemente, provocando hasta la carcajada (como cuando ha recordado y hecho suyo el lema del anuncio de un reconstituyente de su infancia: “Si quieres estar como un toro, no comas toro, come lo que come el toro”), otras veces emocionando, como cuando ha recomendado efusivamente “En la ciudad del mañana”, la correspondencia entre Hermann Henselmann, arquitecto jefe del Berlín de la DDR, y la escritora Brigitte Reimann, surgida a través de esa pregunta de ¿Se puede besar en Hoyerswerda?

 

Plan de usos de Barcelona


Vi que hoy había en el Colegio de Ingenieros una jornada en la que técnicos del Ayuntamiento de Barcelona iban a exponer las modificaciones al mal llamado “Plan de Usos” de Ciutat Vella (el que debía regular el impacto de las actividades en el territorio) y me apunté, curioso por ver cómo justificaban lo injustificable.
Josep. M. Coll, Director del Servicio de Licencias ha sido más o menos claro al explicar los motivos para modificar algo tan reciente como 2010: 1/ La inexistencia entonces de un listado fiable de actividades, y haberse descubierto ahora errores (Aunque luego ha salido que estos errores sólo abarcaban un 8%) 2/ Un marco económico claramente desfavorable, que precisa de impulsos económicos y 3/ Un cambio de gobierno municipal con perspectivas y apreciaciones diferentes.
Nuria García, la Jefa de Licencias del Distrito ha dado a conocer mejor los detalles perseguidos por los cambios (básicamente: dado que Ciutat Vella está saturada de servicios “turísticos” –de alojamiento y de otro tipo- mantener la limitación de los mismos, debiendo basarse toda apertura de licencia en el cierre de otra previa, pero con ciertas modificaciones que van a permitir incrementar su densidad y que dejan “gratis” –sin cierre de otra licencia a cambio- unas cuantas zonas y hoteles que rehabiliten edificios catalogados actualmente en estado precario.
Aunque ya sabía que me iban a conducir a otro negociado (en este caso, al de Comercio, donde dicen que creen que están preparando algo…), he lanzado la pregunta –“no como técnico, sino como habitante de Barcelona”- sobre qué han planeado en estas modificaciones para frenar la debacle actual de comercios tradicionales, una de las últimas barreras actuales para preservar la vida, y contra la conversión del centro de la ciudad en parque temático. Acto seguido se me ha lanzado encima toda la jauría de “técnicos”, tanto del Colegio de Ingenieros Industriales como los más belicosos del de Ingenieros Técnicos, que también organizaba el acto. Un responsable del primero ha dicho que, respetando opiniones como la mía, ellos estaban por el “libre comercio”. Y, aún entendiendo la visión de esa chica que ha acompañado a su padre, actual propietario, tras una muerte, de un edificio cerrado en la zona que querrían rentabilizar (la pobre ha visto que tendrá que vérselas en la búsqueda de licencias en un mercado que debe ser una jungla, donde los poderosos deben marcar la ley), poco me iba a imaginar yo que acabaría entendiendo y apoyando el papel de los pobres funcionarios de la Administración: Un energúmeno –creo que también de Ingenieros Industriales- ha amenazado a la mesa, explicando que lo que están haciendo es ir contra la dinamización económica, con tantas restricciones, y que ya que no van en la línea de la liberación del mercado, estén preparados para que les lluevan denuncias de Europa y de todos lados. Núria García ha pedido la palabra y, muy sensatamente, ha recordado que la iniciativa inmobiliaria dejada a su albur ha sido la que nos ha metido en la situación económica actual, y que o se preserva la diversidad de la ciudad, sin transigir a estas cosas, o la ciudad muere. Un discurso que suscribo al cien por cien, pero que su jefe directo ha criticado como “discurso político”, ajeno a lo que los técnicos como ellos deben hacer ahí, ya que están para responder técnicamente a las voluntades políticas que se definan.
Volvemos a eso de la imparcialidad de la técnica, y ya veo que deberé yo volver a hacer uso de un informe técnico ejemplificador, absolutamente profesional, que Claude Lanzmann dio a conocer en su “Shoah”. Era el de unos ingenieros alemanes especificando cómo debía modificarse la caja de un camión / cámara de gas para ser más operativo y obtener un mejor rendimiento en su cometido.

 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Antoni de Moragas i Gallisà


Aunque ahora parezca mentira, esa Barcelona existió
El traslado del FAD casi ha dejado sin sede al único acto de homenaje de Antoni de Moragas Gallissà al que puedo ir. Finalmente se hace en la Escola Eina y, llegando un poco antes, oscuro, uno empieza a sospechar por qué se le llama el “Desert de Sarrià” al paraje en que se encuentra. Se ha perdido algún ponente de la mesa redonda y el acto ha empezado tarde, pero bien, con un desfile de la plana mayor, y hasta senior, de la arquitectura catalana: Bohigas, Correa y una larga corte. Me quedo mirando y admirando a ciertos arquitectos que siguen vistiendo pantalones de pana. Nadie, en cualquier caso, lleva corbata. En un acto similar sobre un ingeniero la cosa habría sido, me temo, muy diferente.
Xavier Monteys ha estado, para mi gusto, magnífico, como en los mejores de sus artículos para el “Quadern” de El País, dejando ir su ira contra tanta norma y valoración estúpida. Ha escogido tres cosas de Moragas que, desde su punto de vista, en comparación con lo que cunde ahora, más le gustan: Una manilla de puerta de bola (sencilla pero opuesta por completo a tanta lisura), el vestíbulo de sus casas de Vía Augusta - Brusi (por su tamaño, su luz, sus cerámicas, su forma de colocar los ladrillos vistos) y sus toques a la casa de Mitjans en la calle Gomis, sobre Hospital Militar, con su cubierta a dos aguas.
J. Lahuerta se ha centrado en lo que supuso Moragas para la arquitectura de los años 50, como una traslación de la modernez pop de un Hamilton a nuestras coordenadas. José Corredor Matheos, por su parte, ha pintado a Moragas con el calificativo del “seny”, luego puesto en duda, y ha explicado alguna anécdota muy divertida, como ese intento/idea de una serie de amigos de crear una sección de toros en Serra d’Or, de la que, naturalmente, se encargaría él. Si no como responsable de una utópica sección de toros de la revista, como sí todos veían (o querrían ver) a Antoni de Moragas Gallissà, según también ha comentado, era como Presidente de la Generalitat. Tal era su porte de patricio y su forma de actuar.
Oriol Bohigas se ha centrado sobre todo en su habilidad política, su capacidad de síntesis, buscando siempre institucionalizar los avances que se iban logrando. Y ha recordado que eso de verlo en la Caputxinada, el encierro de los demócratas en el convento de los Capucchinos, en 1966, siendo él el decano del Colegio de Arquitectos, lo hizo ver como un héroe de una nueva actitud que afloraba.
Las dos últimas intervenciones han sido más íntimas. Su hijo, Antoni de Moragas Spà, ha hecho entender el mareo sideral que le produjo darse cuenta de que su padre tenía la misma edad que Albert Camús, y leer a éste en sus diarios decir, solemne, que ya tenía la edad de su padre al morir, justo lo que le pasa a él mismo. Hace unos meses le oí decir esto mismo, y me llegó su mirada penetrante, a Daria Esteva, la hija del cineasta, corroborando su absoluta necesidad, sin esperar más, de hacer cosas para salvar la memoria de su padre. 

Por último ha estado muy bien, me digo, oír a su nieto, explicando que al morir su abuelo, él solo tenía cinco años, y que el único recuerdo que guarda directo de su abuelo, él y todos sus primos, es que les pintaba cada vez un gatito en el dorso de su mano (que me han explicado luego que, al arrugar la piel, parecía maullar). Y, sobre todo, captar su emoción al dar las gracias a todos los que, con estos actos, le estaban facilitando la tarea de saber quién era su abuelo. 

Sobre la guerra Irack-Irán

El inicio de la guerra fue la invasión por parte de Irak de la región de Shatt al Arab, quizás pensando Sadam Hussein que en ese momento ten...