Vi que hoy había en el Colegio de Ingenieros una jornada en la que técnicos del Ayuntamiento de Barcelona iban a exponer las modificaciones al mal llamado “Plan de Usos” de Ciutat Vella (el que debía regular el impacto de las actividades en el territorio) y me apunté, curioso por ver cómo justificaban lo injustificable.
Josep. M. Coll, Director del Servicio de Licencias ha sido más o menos claro al explicar los motivos para modificar algo tan reciente como 2010: 1/ La inexistencia entonces de un listado fiable de actividades, y haberse descubierto ahora errores (Aunque luego ha salido que estos errores sólo abarcaban un 8%) 2/ Un marco económico claramente desfavorable, que precisa de impulsos económicos y 3/ Un cambio de gobierno municipal con perspectivas y apreciaciones diferentes.
Nuria García, la Jefa de Licencias del Distrito ha dado a conocer mejor los detalles perseguidos por los cambios (básicamente: dado que Ciutat Vella está saturada de servicios “turísticos” –de alojamiento y de otro tipo- mantener la limitación de los mismos, debiendo basarse toda apertura de licencia en el cierre de otra previa, pero con ciertas modificaciones que van a permitir incrementar su densidad y que dejan “gratis” –sin cierre de otra licencia a cambio- unas cuantas zonas y hoteles que rehabiliten edificios catalogados actualmente en estado precario.
Aunque ya sabía que me iban a conducir a otro negociado (en este caso, al de Comercio, donde dicen que creen que están preparando algo…), he lanzado la pregunta –“no como técnico, sino como habitante de Barcelona”- sobre qué han planeado en estas modificaciones para frenar la debacle actual de comercios tradicionales, una de las últimas barreras actuales para preservar la vida, y contra la conversión del centro de la ciudad en parque temático. Acto seguido se me ha lanzado encima toda la jauría de “técnicos”, tanto del Colegio de Ingenieros Industriales como los más belicosos del de Ingenieros Técnicos, que también organizaba el acto. Un responsable del primero ha dicho que, respetando opiniones como la mía, ellos estaban por el “libre comercio”. Y, aún entendiendo la visión de esa chica que ha acompañado a su padre, actual propietario, tras una muerte, de un edificio cerrado en la zona que querrían rentabilizar (la pobre ha visto que tendrá que vérselas en la búsqueda de licencias en un mercado que debe ser una jungla, donde los poderosos deben marcar la ley), poco me iba a imaginar yo que acabaría entendiendo y apoyando el papel de los pobres funcionarios de la Administración: Un energúmeno –creo que también de Ingenieros Industriales- ha amenazado a la mesa, explicando que lo que están haciendo es ir contra la dinamización económica, con tantas restricciones, y que ya que no van en la línea de la liberación del mercado, estén preparados para que les lluevan denuncias de Europa y de todos lados. Núria García ha pedido la palabra y, muy sensatamente, ha recordado que la iniciativa inmobiliaria dejada a su albur ha sido la que nos ha metido en la situación económica actual, y que o se preserva la diversidad de la ciudad, sin transigir a estas cosas, o la ciudad muere. Un discurso que suscribo al cien por cien, pero que su jefe directo ha criticado como “discurso político”, ajeno a lo que los técnicos como ellos deben hacer ahí, ya que están para responder técnicamente a las voluntades políticas que se definan.
Volvemos a eso de la imparcialidad de la técnica, y ya veo que deberé yo volver a hacer uso de un informe técnico ejemplificador, absolutamente profesional, que Claude Lanzmann dio a conocer en su “Shoah”. Era el de unos ingenieros alemanes especificando cómo debía modificarse la caja de un camión / cámara de gas para ser más operativo y obtener un mejor rendimiento en su cometido.

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