Estaba, fácilmente reconocible por su sombrero (he hecho bien, para no entrar en competencia ni equívocos, en dejar el mío en casa), Pere Gimferrer. Debe ser por aquello de la solidaridad entre académicos. Hemos entrado juntos, pero él ha ido a la primera fila (un papelito le reservaba su sitio) y yo he tenido que ascender hasta la última. Al poco tiempo, el aforo del auditorio del Centre Social Teresa Pàmies estaba al completo.
No conozco demasiado a Antonio Muñoz Molina. En tiempos le leí la que creo que fue su primera novela, sin que me entusiasmara. Luego leí, para recoger detalles de la ciudad antes de visitarla, el libro que dedicó a Nueva York. Siempre algún trozo de sus artículos de por aquí o de por allá, pero la verdad es que sus escritos no me suelen emocionar y los dejo, porque veo que dice lo que ya sé que va a decir, sabiendo cuál es su línea de pensamiento, y no recuerdo que me haya sorprendido nunca lo suficiente, más allá de las palabras de corrección política, para seguir leyéndole. Lo suelto ya: Parece buena gente, le gustan las cosas que me gustan a mí, pero en general me aburre soberanamente.
Sin embargo hoy, como llovía, yo iniciaba un resfriado y hacía un día de perros como para escoger otras propuestas más lejanas, siendo ésta cerca de casa y con entrada libre, pues he ido a curiosear. Era un acto de promoción de su último libro, "Un andar solitario entre la gente" (Seix Barral). Su sparring, del que me he preguntado si tendría que actuar de minero, era Jordi Corominas Julián, con lo que estaba garantizado que uno u otro no nos dejarían ahí, sin oír nada, sino todo lo contrario, como así ha sido. Nadie ha debido hacer de minero, pues el mineral estaba todo a nivel de superficie. Corominas más bien ha tenido que ir frenando su flujo de aportación.
El argentino que se ha sentado a mi lado y yo nos hemos preguntado el por qué teníamos que esperar los cinco minutos de cortesía si todos ya estábamos dentro (salvo ellos) y por lo tanto no esperábamos a nadie. Han entrado cuando pasaban seis minutos... pero se han ido al fondo, al "camerino". Y por fin ha empezado el acto a las 19,13. Aún queda mucho que hacer para la regeneración de país esa que se está buscando.
El libro dice Muñoz Molina que surgió de ir haciendo fotos con el móvil y anotando todos los letreros, los mensajes que le salían al paso en sus recorridos por la ciudad.
Dice, y lo ha demostrado con alguna lectura, que sólo con recoger fragmentos de anuncios y titulares de periódicos, haciéndolos seguir unos de otros, se obtiene una especie de letra de rap, de un tono apocalíptico destacado.
He azuzado algo más el oído cuando han hablado de caminantes por la ciudad, como Benjamin, o Baudelaire, que, ha señalado, no hacían en esos casos, como periodistas, más que una literatura de lo inmediato. O cuando ha leído algún otro párrafo que la visión de algún anuncio le llevó a escribir sobre detalles, como loa zapatos o la forma de andar de escritores u turistas personajes.
Al salir no he comprado el libro, pero he visto que mucha gente que había seguido el acto si lo hacía.



