En el Aula Magna (así entre nosotros, una aula grande, sin grandes diferencias con otras, salvó su tamaño) de la Universidad de Barcelona (facultad del ramo). Rosa Alcoy semiescondida en la oscuridad de la izquierda.
Enredado con otras cosas, no me he apuntado en esta ocasión al seminario del EMAC en la Universidad de Barcelona ("Essències de l'art català fora de Catalunya), pero no me quería perder por nada del mundo la conferencia que Rosa Alcoy decía haber preparado para el mismo sobre su padre, el pintor Eduard Alcoy.
Titulada "La pintura d'Eduard Alcoy i la Torino Nera", estaba centrada, como ha avisado en la introducción, sólo en un aspecto de su obra, el que la vincula al mundo italiano, y concretamente a la ciudad de Turín. Aún así, ha hecho una introducción sobre su obra previa, para que situásemos a Eduard Alcoy en el mundo del arte de su época. Nacido en 1930, formado pues en los años 40, recogió inicialmente todas las influencias de la pintura de su entorno -ha empezado a decir, al tiempo que mostraba en pantalla (ver la segunda foto) una serie de dibujos y acuarelas muy atractivos-. Pero no es sino hasta los años 50 -ha continuado- cuando se produce la irrupción de otras formas, ya en el campo de la abstracción (de 1955, por ejemplo, es "Yellow dog blues" -ver la tercera foto-, que habla del mundo del jazz, de la musicalidad), y entrando su estilo en un mundo mágico, muy ligado al Dau al Set.
En esos años se pone a trabajar como diseñador en la agencia Zen, con Cirici Pellicer, y en 1957 entra en el Grupo Silex (cuarta fotografía). Sigue pintando cuadros abstractos hasta que en los años 60, al cerrar Zen, se va a vivir a Mataró y entra en una cierta crisis al abandonar la abstracción, para ir entrando en la figuración, acercándose al mundo que lo define.
En los primeros 70 un galerista de Turín se interesa por su obra. Obtiene una beca y toma la decisión de dedicarse íntegramente a la pintura. La apuesta, dice su hija Rosa con una sonrisa en la cara, no le sale del todo mal, pues llegó a sacar adelante a cinco hijos. En su primera exposición turinesa, en 1971, vende todos los cuadros en cinco días.
Buena parte de su mundo, ese mundo que hace que uno distinga inmediatamente un cuadro de Alcoy, está ya ahí: Esos personajes con rostros que parecen caretas, cabezas en las que se asientan muchas ideas que toman formas muy diferentes, los numerosos pajarracos, y unos paisajes y arquitecturas que Irán invadiendo sus cuadros. También, esa presencia de la muerte, en muchas ocasiones servida con ironía, que hace que su hija haya hoy podido hablar emparentándolo con la "Torino Nera", una película de la época firmada por Carlo Lizzani, que también ambienta, de alguna forma, esa época.
Este año se cumplen los treinta de la muerte del pintor, y durante el mes de octubre está previsto que pueda verse una exposición sobre él en Llavaneres.
Obras juveniles
1955
El grupo Silex.
Ocell fora de gabia.
Los cuatro jinetes del Apocalipsis.
Un óleo previo: Homenaje a El Bosco. Protagonista de un seminario previo organizado por Rosa Alcoy.
También previo al periodo, esta pintura sobre Ávila, con esas caras en el subsuelo, sosteniendo toda la ciudad.
Un caballo herido, rojo. Quizás la muerte
Póster de la película de Lizzani.
Portadas de publicaciones italianas hechas por Alcoy.















