Tuve un buen profesor de matemáticas en el bachillerato, que destacaba sobre todo en sesiones especiales. Así, recuerdo la que nos dio a los que no fuimos a unos ejercicios espirituales cuando le preguntamos sobre el infinito. Lo he recordado hoy, oyendo en el CCCB a Franco Farinelli hablar de “El fin del Nuevo Mundo y el inicio del nuestro: el regreso de la geografía”, totalmente embobado siguiendo su relato, intrigado, esperando la revelación.
Ha empezado hablando de Rodrigo de Triana y de su controversia con Cristóbal Colón, quien, a su manera, definió el punto de fuga. Ha pasado entonces a hablar del Pórtico de los Inocentes de Brunelleschi, en la Plaza della Annunziata de Florencia, como fundación del espacio moderno: Sujeto – intervalo – objeto. Y, pasando por el Taylorismo, hablando de las condiciones del espacio moderno ha mencionado hasta a los inmigrantes que saltan de África a Europa. Ha recordado a no me acuerdo quién, que señaló que para entender la globalización se debía leer “La vuelta al mundo en 80 días” y llegado a que nos encontramos ahora con la misma situación que los presocráticos: con la imperiosa necesidad de reinventar el mundo para intentar hacerse menos daño.
Lo más sorprendente es que ha visto geógrafos y geografía por todos lados: en los primeros filósofos, en Kant (que enseñaba geografía en la Universidad), en todo. Quizás tenga razón.

















