martes, 27 de noviembre de 2018

Figuras femeninas en Montmartre (Victoria Combalía)

Victoria Combalía, sola en su pequeño pupitre en medio del escenario, frente a las 350 personas que llenaban el auditorio, escuchando la presentación que de ella hacían.

Si asistes a una conferencia de Victoria Combalia ya sabes que vas a salir conociendo el estado del arte del tema del que trate. Pero ayer, en Caixaforum, acudiendo a su “Figuras femeninas en Montmartre”, confieso que por un momento tuve dudas sobre si sería capaz de hacernos oír cosas que sonaran a nuevas en un tema -que ella señaló fuera de su especialidad- que me imaginaba con unas ciertas costuras prefijadas. Tras su paseo por unas cuantas personalidades y hacerme descubrir una pintora que ya me quedará fijada en la memoria, creo que puedo responder que sí, que de calle.
La duda lingüística del presentador sobre cómo nombrar a una poseedora -como ella- del título de Chevalier des Arts et des Lettres (Ese “caballera” que tan raro sonó) le dio oportunidad de ganarse (recordando todo aquello de las miembras y los miembros) al nutrido auditorio con el que había de enfrentarse desde su pequeño y aislado pupitre en medio del escenario: ¡Nada menos que 350 personas en anfiteatro frente a ella! Llegamos una hora antes con la intención de ojear previamente un poco las exposiciones, pero por suerte, para evitar colas después, se me ocurrió pasar por taquilla: ¡Ya sólo quedaban cuatro entradas para su conferencia!
Organizó muy bien el recorrido por la vida y obra de cinco mujeres, como dijo, no únicamente musas, sino “de las que hacen cosas”, acabando, tras un inicio que habrá hecho también las delicias de los seguidores de los ecos de sociedad, con dos auténticas, enormes, pintoras. La ultima fue Mary Cassatt. La penúltima, la que he apuntado en la libreta de “a no olvidar”: Suzanne Valadon, que me sonaba por haberle visto algo por algún museo, pero a quien decididamente no reconocía en absoluto.
La primera fue Misia Sert, quien tocaba el piano al parecer bastante bien, habiendo llegado a ser, en un internado en la que le confinaron, alumna de Fauré. Amiga de Mallarmé, Debussy, Jarry, Ravel, Cocteau o un Josep Maria Sert con el que se casó. Por aquí asomaron los ecos de (la alta) sociedad, con la relación que hizo de sus diferentes líos amorosos, ciertamente numerosos.
La segunda presencia femenina significativa de Montmartre que nos presentó fue Berthe Weill, la primera mujer en llevar una galería de arte. Con el carácter, gusto e intuición para tratar con pintores como Toulouse Lautrec o Picasso cuando eran muy baratos. Expuso además a varias mujeres pintoras, como Emily Charmy o Jacqueline Maval, de quienes Combalia mostró en el auditorio de Caixaforum obras muy atractivas.
La tercera la que fue amante de Picasso, Fernande Olivier, de la que nos explicó que se había descubierto que también pintaba.
A Suzanne Valadon, la cuarta biografiada, con solo verle la foto que proyectó, ya se intuía una gran personalidad. Modelo de Toulouse Lautrec, amante de Puvis de Chavannes, madre de Maurice Utrillo, a quien enseñó a pintar. Hay que ver sus dibujos de desnudos femeninos, o ese “Desnudo con manta a rayas”...
Por último otra pintora, la más conocida de entre los impresionistas, junto a Berthe Morrisot: Mary Cassat. Victoria Combalia leyó la apreciación de Gauguin de que tenía más fuerza que Morrisot, señalando eso de que siempre hay que escuchar, por certeros, los comentarios de los pintores cuando hacen de críticos de otros pintores. Americana, de regreso a su país se ve que asesoró la compra de muchos cuadros de los Nabis, lo que justificaría la nutrida presencia hoy de pintura de ese grupo en los museos de Estados Unidos. De Mary Cassat (como poco antes pasó con Suzanne Valadon), mostró unos cuantos cuadros señalando en cada uno de ellos una o dos características definitorias muy atinadas. Habló también de su tendencia a mostrar mujeres en actividad intelectual o -y ahí enlazó con esa polémica sobre si existe una mirada plenamente femenina cuando una mujer ejerce de pintora- en comunicación con sus hijos.
Ovación final y cierre. Vamos: como para salir silbando bien satisfechos, afrontando sin problema la noche, que se iniciaba fresquilla.

Pierre Bonnard. “Misia al piano” (1902).

Berthe Weill.

Emilie Charmy. Autorretrato.


1920. Retrato de Berthe Weill. Picasso.

Fernande Olivier.

Explicó Victoria Combalia que se comenta que la mujer de este dibujo de Picasso podría ser Fernande, por primera vez pintada por él.

Suzanne Valadon, pintora auténticamente asociable a Montmartre, donde vivió desde los cuatro años.



La naturalidad con que esta niña posa, con sus piernas abiertas, en este interior azul, dio pie a Victoria Combalia a pensar lo que habría llovido de haber sido pintado el cuadro por un hombre, en vez de por Mary Cassatt.

La mirada que se cruzan niño y madre en este cuadro de Mary Cassatt, imprescindible si se ha de hablar de la mirada femenina en pintura. 

lunes, 19 de noviembre de 2018

La tragedia griega y nosotros (Simón Critchley)


El de la imagen es Simón Critchley (que hablaba hoy para L’Escola Europea d’Humanitats de “La tragedia griega y nosotros”), sacando de su cartera los manuscritos de su libro ya escrito pero sin publicar sobre el tema, mientras Santiago Zabala bebe agua preparándose a presentarlo y luego a hacer como que le cuestiona algo de lo que ha dicho, al mismo tiempo que en los monitores acaba el anuncio de preocupación social de La Caixa, que presta el Palau Macaya para la sesión. Tengo observado que cuando la cosa va de muy filosófica y en inglés, Josep Ramoneda suele pasar el testigo a alguien de su equipo.
Critchley ha escrito “En qué pensamos cuando pensamos en fútbol”, libro del que ya pediré una opinión a Luis Carceller, pero hoy no iba de pensar el deporte, sino, como he dicho, de pensar la tragedia griega, desde el primer texto que se conserva, “Los persas”, de Esquilo (472 ac).
Toda una larga introducción la ha construido detallando precisamente en qué consistía la tragedia (hecha para pensar en la acción, que no se ve en el escenario; mostrar la rabia que viene de la guerra,...), en la etimología de muchos de los términos griegos asociados (y por ahí ha ligado “teatro” con la “teoría” que se nos muestra en el escenario) y en detallar el argumento -extremadamente simplificado, por suerte- de la trilogía de “La Orestíada” de Esquilo.
Pero me parece que tenía que ligar la tragedia griega con nuestra época, y la verdad es que en eso ha estado muy poco tiempo, mostrándose muy parco. Sí que ha soltado por el medio que estábamos atrapados en un círculo vicioso de venganzas en forma de guerras, pero, de hecho, yo casi sólo le he entendido luego la reflexión final, que me ha dejado más bien preocupado. Algo así cómo lo que sigue:
“No creo que el conocimiento de la tragedia griega haga sino volverse más escéptico. Puede que haga incluso abandonar la esperanza de solución de los conflictos actuales. Pero sí que estoy seguro de que nos volvería más valerosos”
¡Pues sí qué! Como observación personal, claro.

 

lunes, 12 de noviembre de 2018

Populismos de las izquierdas: una estrategia ilusoria


El título de la conferencia de la Escola Europea d’Humanitats de hoy era “Populismos de las izquierdas: una estrategia ilusoria”. Eric Fassin ha querido hablar en ella en castellano, aún perdiendo en precisión, para poder llegar mejor a la gente que ha acudido a oírlo en el Palau Macaya. Es verdad que no se expresaba a la perfección, pero la claridad de su discurso ha sido extraordinaria. Y eso es bueno para asentar ideas en un tema que aún estando a la orden del día, se escurre de un lado hacia otro, impreciso, enormemente.
Lo suyo ha sido una crítica al populismo desde la izquierda. Ha empezado fuerte, convenciendo de que no nos encontramos tanto en un momento de auge del populismo como del fascismo. Que el tema de los nombres con los que se denominan los fenómenos no es baladí, y que el uso del de “populismo” puede dar a entender que existe aún con sus partidarios una cierta posibilidad de diálogo, mientras que si se supiera que se habla de fascismo ya estaría claro que no. Ha perfilado la situación actual: Estamos en un momento neofascista del neoliberalismo.
Ha hecho otra aclaración: Se habla de que el populismo es un fenómeno que surge por todo el mundo como reacción contra el neoliberalismo, pero el populismo no es una reacción, sino un síntoma del neoliberalismo. Eso se demostraría viendo, por ejemplo, que votar a Trump es votar a Wall Street, o que Bolsonaro no sólo se apoya en “el pueblo”, sino también en las clases más ricas.
Ahí ha entrado en otra diferenciación. Los populistas hablan de “El pueblo”, mientras que él habla de “un pueblo” y, ya puestos, de un pueblo de izquierdas. Para defender que no es verdad que las clases populares sean hoy en día de extrema derecha, ha indicado que incluso en países como en Francia, donde es verdad que es a la extrema derecha a la que más votan, sigue habiendo entre ellas más abstención que votos populistas.
Un tema que me ha parecido muy interesante ha sido su defensa de que no hay porosidad entre partidos de derecha o de izquierda. Eso, señala, es demostrable trabajando estadísticas de votos en Francia, por ejemplo. Mélenchon quiso transformar los votos de ultraderecha en votos de izquierda, lo que es, en su opinión, un completo error. De enarbolar la bandera roja pasó a hacerlo con la tricolor, de cantar la Internacional, a la Marsellesa. Dio en las últimas elecciones un giro completo hacia “la nación”. Obtuvo, es cierto, mejores resultados, pero gracias a votos que no procedían de la ultraderecha. La porosidad se da entre los diferentes partidos de derecha o de izquierda entre sí. Ramoneda, en el coloquio, le ha indicado una posible diferencia en España, debido a la cuestión Cataluña/España, que habría propiciado porosidad tanto en una (Junts pel sí) como en otra. Pero Fassin ha r3spondido oportunamente que, por lo que alcanzaba a saber, Junts Pel Sí había sido una alianza, lo que no supone una transferencia.
Eso de saber que no hay porosidad derecha/izquierda, ha continuado, tiene consecuencias, porque entonces se pueden distinguir afectos diferentes.
En el caso de la izquierda se puede hablar, por ejemplo, de la Indignación, mientras que en la derecha lo que se distingue es resentimiento. Se pasa de un concepto global, común, a otro individual, del que sólo piensa en sus privilegios, no en los de la comunidad.
Más precisiones con los nombres de gran interés. El nuevo fascismo dice que la inmigración es un problema. No debe seguirse ese lenguaje. La inmigración, como la escuela, no es un problema, como sí lo es la pobreza: tienen problemas, lo que es muy distinto. Las cosas deben cambiarse para lograr acabar con los problemas que tienen. Si, en cambio, ellas por sí son un problema, hay que acabar con ellas, destruirlas.
Aspectos a buscar, ahondando en la diferenciación: Se debe cambiar de ser un
pueblo exclusivo a ser un pueblo inclusivo... de todo tipo de minorías. Se debe cambiar de elegir en una votación a una persona a votar una causa. No se debería pensar sólo en las elecciones (por las que se busca únicamente las mayorías) sino en apoyar movimientos sociales, de más fondo. Reclama, por último, reconstruir una izquierda con opciones positivas, no sólo rechazos de lo existente, no un populismo de izquierdas.
En el coloquio se ha hablado también un poco -muy poco- de Europa, de la Unión Europea. Él ha introducido un matiz. Que de acuerdo en hablar de Europa, pero según de qué Europa. La de las fronteras internas para los ocupantes de autobús (Valls inventó los controles fronterizos internos no para aeropuertos, sino para el más pobre de los transportes, el de autobús, y ahora mismo hay un control racial en frontera para los autocares entre Italia y Francia y España y Francia), para ese, no.
Ha acabado como empezara: Diciendo que él no define nunca al populismo, que no lo utiliza como descripción de un fenómeno. Que habla, en todo caso, de “estrategias populistas”.
Me ha gustado. En un momento en que todos los supuestos partidos de izquierdas reaccionan a las presiones de la ultraderecha asumiendo buena parte de sus presupuestos, está bien que alguien deje claro que ese proceder no hace sino hinchar el globo, y que lo que debe hacerse es abrir vías de izquierda.

 

Sobre la guerra Irack-Irán

El inicio de la guerra fue la invasión por parte de Irak de la región de Shatt al Arab, quizás pensando Sadam Hussein que en ese momento ten...