El título de la conferencia de la Escola Europea d’Humanitats de hoy era “Populismos de las izquierdas: una estrategia ilusoria”. Eric Fassin ha querido hablar en ella en castellano, aún perdiendo en precisión, para poder llegar mejor a la gente que ha acudido a oírlo en el Palau Macaya. Es verdad que no se expresaba a la perfección, pero la claridad de su discurso ha sido extraordinaria. Y eso es bueno para asentar ideas en un tema que aún estando a la orden del día, se escurre de un lado hacia otro, impreciso, enormemente.
Lo suyo ha sido una crítica al populismo desde la izquierda. Ha empezado fuerte, convenciendo de que no nos encontramos tanto en un momento de auge del populismo como del fascismo. Que el tema de los nombres con los que se denominan los fenómenos no es baladí, y que el uso del de “populismo” puede dar a entender que existe aún con sus partidarios una cierta posibilidad de diálogo, mientras que si se supiera que se habla de fascismo ya estaría claro que no. Ha perfilado la situación actual: Estamos en un momento neofascista del neoliberalismo.
Ha hecho otra aclaración: Se habla de que el populismo es un fenómeno que surge por todo el mundo como reacción contra el neoliberalismo, pero el populismo no es una reacción, sino un síntoma del neoliberalismo. Eso se demostraría viendo, por ejemplo, que votar a Trump es votar a Wall Street, o que Bolsonaro no sólo se apoya en “el pueblo”, sino también en las clases más ricas.
Ahí ha entrado en otra diferenciación. Los populistas hablan de “El pueblo”, mientras que él habla de “un pueblo” y, ya puestos, de un pueblo de izquierdas. Para defender que no es verdad que las clases populares sean hoy en día de extrema derecha, ha indicado que incluso en países como en Francia, donde es verdad que es a la extrema derecha a la que más votan, sigue habiendo entre ellas más abstención que votos populistas.
Un tema que me ha parecido muy interesante ha sido su defensa de que no hay porosidad entre partidos de derecha o de izquierda. Eso, señala, es demostrable trabajando estadísticas de votos en Francia, por ejemplo. Mélenchon quiso transformar los votos de ultraderecha en votos de izquierda, lo que es, en su opinión, un completo error. De enarbolar la bandera roja pasó a hacerlo con la tricolor, de cantar la Internacional, a la Marsellesa. Dio en las últimas elecciones un giro completo hacia “la nación”. Obtuvo, es cierto, mejores resultados, pero gracias a votos que no procedían de la ultraderecha. La porosidad se da entre los diferentes partidos de derecha o de izquierda entre sí. Ramoneda, en el coloquio, le ha indicado una posible diferencia en España, debido a la cuestión Cataluña/España, que habría propiciado porosidad tanto en una (Junts pel sí) como en otra. Pero Fassin ha r3spondido oportunamente que, por lo que alcanzaba a saber, Junts Pel Sí había sido una alianza, lo que no supone una transferencia.
Eso de saber que no hay porosidad derecha/izquierda, ha continuado, tiene consecuencias, porque entonces se pueden distinguir afectos diferentes.
En el caso de la izquierda se puede hablar, por ejemplo, de la Indignación, mientras que en la derecha lo que se distingue es resentimiento. Se pasa de un concepto global, común, a otro individual, del que sólo piensa en sus privilegios, no en los de la comunidad.
Más precisiones con los nombres de gran interés. El nuevo fascismo dice que la inmigración es un problema. No debe seguirse ese lenguaje. La inmigración, como la escuela, no es un problema, como sí lo es la pobreza: tienen problemas, lo que es muy distinto. Las cosas deben cambiarse para lograr acabar con los problemas que tienen. Si, en cambio, ellas por sí son un problema, hay que acabar con ellas, destruirlas.
Aspectos a buscar, ahondando en la diferenciación: Se debe cambiar de ser un
pueblo exclusivo a ser un pueblo inclusivo... de todo tipo de minorías. Se debe cambiar de elegir en una votación a una persona a votar una causa. No se debería pensar sólo en las elecciones (por las que se busca únicamente las mayorías) sino en apoyar movimientos sociales, de más fondo. Reclama, por último, reconstruir una izquierda con opciones positivas, no sólo rechazos de lo existente, no un populismo de izquierdas.
En el coloquio se ha hablado también un poco -muy poco- de Europa, de la Unión Europea. Él ha introducido un matiz. Que de acuerdo en hablar de Europa, pero según de qué Europa. La de las fronteras internas para los ocupantes de autobús (Valls inventó los controles fronterizos internos no para aeropuertos, sino para el más pobre de los transportes, el de autobús, y ahora mismo hay un control racial en frontera para los autocares entre Italia y Francia y España y Francia), para ese, no.
Ha acabado como empezara: Diciendo que él no define nunca al populismo, que no lo utiliza como descripción de un fenómeno. Que habla, en todo caso, de “estrategias populistas”.
Me ha gustado. En un momento en que todos los supuestos partidos de izquierdas reaccionan a las presiones de la ultraderecha asumiendo buena parte de sus presupuestos, está bien que alguien deje claro que ese proceder no hace sino hinchar el globo, y que lo que debe hacerse es abrir vías de izquierda.

No hay comentarios:
Publicar un comentario