sábado, 26 de abril de 2025

Philippe Sands


El jurista y escritor Philippe Sands está entre nosotros y aprovecha para dar una serie de entrevistas (ver eldiario de hoy o ayer) y conferencias. Aunque no he leído hasta ahora ninguno de sus libros, ante la estima de grandes lectoras de mi familia y la posibilidad de acompañarlas, he estado esta mañana en la entrevista que ha tenido con él, en La Central, Ramón Girbau, presentado como idóneo por Raúl Ramirez (director de la librería) por ser abogado, aunque probablemente ya sin dedicarse a su profesión, enfocado totalmente hacia su exquisita editorial “Días contados”.
La conversación ha empezado con bromas sobre la comprensión absoluta actual, por parte de Sands, del idioma español, lo que me ha animado un montón, pero desgraciadamente luego todo -incluida la única pregunta que le han lanzado al final desde un público que sorprendía por su juventud- se ha desarrollado en inglés. Aviso, pues, que puedo haberme columpiado, completando con mi imaginación todo aquello a lo que no la llegado mi conocimiento del idioma.
Me ha gustado el tipo de preguntas por el que le ha hecho navegar Girbau, que un cartel con el que me he topado después en la librería (segunda foto) me ha hecho ver puede ser el de todo un ciclo de la misma: “Los libros que me han influido”. Completaba así el conocimiento ofrecido sobre el autor, que en el CCCB parece respondía más a su papel de jurista internacional especializado en temas de Medio Ambiente y Derechos Humanos.
La cosa ha empezado por donde era de rigor, por su formación escolar, de la que ha destacado la suerte de haber contado con dos maestros de excepción, uno de ellos profesor de materias económicas.
De ahí ha saltado al conocimiento, cuando casi terminaba la veintena, de su mujer, además de por ella por quien se convertiría en su suegro, quien le hizo entrar en contacto con un grupo de personas excepcionales, conocedoras de desde leyes internacionales a otras materias todas de sumo interés. Aunque ha hablado en repetidas veces, sin nombrarlos más que por sus nombres propios, de los miembros de su familia política, ha sido gracias a una pequeña exploración por internet que he sabido que su suegro fue el famoso editor, biografiado y alabado por Jorge Herralde en alguno de sus libros sobre editores amigos. Su suegra María Elena de la Iglesia y su mujer Natalia, también jurista destacada.
No sé cómo ha llegado a explicar que suele prepararse sus conferencias y mesas redondas con antelación, para relatar su embarazo cuando, en una ocasión en Lyon, en un congreso, debió verse ante un auditorio de 600 personas frente a un escritor español, cuando entonces aún no sólo no había leído nada suyo, sino tampoco nada escrito en español. La primera pregunta se la hicieron entonces al escritor español, queriendo saber que le habían parecido sus libros, por lo que se hundió en la butaca esperando que a él le hicieran la misma pregunta sobre los libros del otro. Ha hecho reír comentando que pudo salirse del aprieto gracias a su experiencia como abogado, que como todo el mundo sabe, puede hablar de todo sin tener ningún conocimiento específico sobre la materia que se trate, para después desvelar la intriga diciendo que luego fue a cenar con Javier Cercas y desde entonces son muy buenos amigos. Pero, para hablar de embarazos, ha vuelto a recalcar que en todo su carrera como estudiante sólo conoció a autores -hombres, por supuesto- blancos.
Un primer intento de hablar mínimamente de sus libros ha llegado con -creo- East West Street: On the Origins of Genocide and Crimes against Humanity (2016), que ha definido como libro de transición desde lo académico a lo más literario posterior, y que Girbau ha calificado como el tipo de libro sobre cosas que todo estudiante debiera saber.
El carácter en tierra de nadie entre la ficción y no ficción de ese libro (y en toda su obra posterior) se ha convertido en el tema protagonista de la sesión. Ha confesado efectuar más lecturas de libros de no ficción que de ficción, pero mostrarse encantado con libros en los que es difícil diferenciar ambos cosas. Es la conexión entre ambos mundos la que ve en Bolaños o en el libro de Chatwin sobre la Patagonia.
No sé si ha sido mi fatal oído con el inglés, junto a mi imaginación, el que me ha llevado a entenderle hablar de los tres relatos totalmente diferentes del mismo hecho que supone la historia del “Ran” de Kurosawa, y a ligarlo con su formación como abogado, confrontándolo irónicamente con ese gusto suyo por los elementos de no ficción en su obra de ficción. Algo que quizás ha querido completar Girbau cuando le ha hecho confesar que sí, que escribir es para él una forma de abogacía, que cada acto de escritura lo es. Dicho sea esto con la múltiple traducción que se le puede dar a la palabra “advocacy”.
Ramon Girbau lo ha vuelto a llevar hacia ese mundo próximo, material, de los libros, preguntándole cómo era físicamente su biblioteca personal, cuántas bibliotecas tenía. Ha empezado diciendo que tiene en la sala en la que trabaja cuatro estantes con libros sobre el tema que está tratando en el momento, para señalar que el resto de la casa está invadida de libros, todas las paredes forradas de estanterías. ¿Cómo organizar esa locura? Abandonado un primer intento de hacerlo por orden alfabético, ha soltado sonriente que ahora lo tiene ordenado por color, dando un resultado muy bonito. Me da la impresión que ha debido decir una verdad a medias y que debe haberlos ordenado por editoriales y colecciones -como aproximadamente intentamos en casa-, pues es verdad que una colección suele respetar en general un color… Más recientemente, desde hace 5 o 6 años, ha señalado, ha organizado otra biblioteca agrupando los libros por los amigos que los han escrito, sintiéndose muy contento de la reacción de satisfacción y orgullo que detecta en ellos cuando le visitan.
Pero lo que realmente le provoca una fuerte admiración -¡y a quien no!- es disfrutar de la biblioteca de tres generaciones de la familia de su mujer Natalia. No en balde el abuelo de su mujer fue el fundador de los Libros de la Pléyade… En una ocasión, mientras pensaba escribir sobre Kafka, desesperado por la enorme cantidad de libros escritos sobre él, ha comentado que su suegra oyó el nombre, arrugó la cara, diciendo que creía que tenía algo suyo, se ausentó… y volvió con una primera edición de “La metamorfosis”…
Sobre pequeñas manías de bibliófilo, ha confesado leer los libros que son propiedad suya subrayándolos, anotándolos por todas partes. Y el placer de haberse hecho con libros con la firma de Leonard Cohen, o tener en sus manos un libro con la idea de que Lemkin lo tubo en las suyas. Más de este estilo: No podría destruir ningún libro. Los que no quiere conservar los suele ofrecer a Oxfam, con los que mantiene un flujo de unos 50 al mes. Que, cuando viaja y quiere deshacerse de un libro, tiene una técnica precisa para que no pueda asociársele como la persona que los ha abandonado. Los va dejando en diferentes rincones para que no se puedan relacionar entre sí y con él.
Ha dado unos cuantos nombres de autores favoritos. Ha salido el “Long Island” de Colm Tóibín como ejemplo de rara -por escasa- novela que le gusta y que va leyendo en pequeñas dosis para alargar el placer de su lectura. Ha subrayado y hasta deletreado el apellido de Jeanette Flannan, como una sensacional escritora, de las mejores observadoras de historias sobre juicios, pero no la encuentro por ningún lado por internet. ¿Se tratará de Janet Flanner, y habré errado una vez más mi traducción?
Más nombres de escritores preferidos que ha dado: Agnès Desarthe, y especialmente su libro “Cinco fotos de mi mujer”, Curzio Malaparte y su “Kaput”, o John Le Carré y su “Un espía perfecto”, un libro que leyó con el conocimiento adicional que le daba haber leído previamente el relato sobre su padre que el escritor escribió con su verdadero nombre para la revista “The New yorker”.
Y poca cosa más, de no ser recalcar esa intersección entre ficción y no ficción, que quedó claro es lo que más le atrae.


 

viernes, 11 de abril de 2025

Presentación de la Municipedia

El corte de municipio quizás más bestia. Hace algo más de un siglo, el municipio de Barcelona compró al de L’Hospitalet de Llobregat cerca de la mitad de su término municipal. Un trozo de Finestrelles, pero, sobre todo, todo el sector ocupado ahora por la Zona Franca, que llegaba a hasta el mar, con su faro incluido.


Con lo bien que se estaba en el atrio del Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya, quién iba a decir (¿acaso no es verdad que el calor sube?) que en su auditorio subterráneo nos iban a aplicar un tratamiento térmico que ríete tú de las saunas finlandesas.
Anteayer acudí ahí porque Josep Oliveras presentaba un libro, “Municipèdia. Rareses i curiositats dels municipis de Catalunya” (Josep María Olivé, ICGC, 2024) que hablaba de las rarezas que se podían encontrar en los mapas de los municipios catalanes.
El mismo Oliveras explicó en su intervención, que hizo troncharse al numeroso auditorio (tan numeroso que el calor animal correspondiente hacía aún más irrespirable el ambiente, pero nadie se compadeció de los asistentes moviendo un dedo para procurar un poco de aire liberador), que dijo que sí a hacer la presentación del libro porque se lo pedían del prestigioso ICGC y, aunque no conocía de nada a su autor, del que luego supo que era “del ramo de la logística de autobuses e ingeniero”, le gustaba eso de que tratara de las rarezas de los municipios.
Tras leerlo, pudo explicar, como se aprecia ojeándolo, que no es un libro con ambiciones académicas, sino que busca a un público popular. Tras un elogio encendido de la curiosidad, “motor de la ciencia”, Oliveras se puso a comentar el sumario y contenido del libro, sin poder evitar aportar anécdotas encontradas en su largo trayecto profesional. Una de ellas, por ejemplo, fue que el actualmente residente en Bélgica estuvo a punto de colarnos, saltándose todos los filtros, un municipio más (pasando de esa forma de 947 a 948) por los lazos familiares que le unían a ese territorio.
Luego comentó, sobre todo, que lo más interesante de esos municipios que, por ejemplo, tienen parte de su territorio como un enclave en el de otro municipio es conocer las razones que han llevado a ello. Y a las muchas cosas que ya dice el libro habló de una serie de casos de lo más variado, como el traspaso de un terreno aislado a otro municipio… para así cambiar de Diputación, y que la nueva pudiera pagar las excavaciones emprendidas.
Muchas otras causas de esos enclaves alejados -como vi en un documental que pasaba en Llivia con unos terrenos aún más adentrados en Francia- se deben a la necesidad de pastos para los ganados. Y hablando de uno de los enclaves que cita el libro, situado en el interior del recinto de las petroquimicas de Tarragona, invitó al auditorio para ir el día de su fiesta patronal, en que con esa excusa puedes visitar -cosa rara- el interior una de las dos petroquímicas allí existentes.
Siguiendo el índice del libro, sobre las extrañas fronteras comentó ese extraño caso en que debe verse el Campo de fútbol del Español, que tiene una portería en un municipio y otra en otro. Hace poco supe que eso era así debido a un cambio efectuado a lo largo del tiempo por el curso del río… Otras son bastante divertidas, como ese municipio que tiene su rectoría dividida entre dos, además de los numerosisimos casos de cementerios descolocados.
La conclusión de Josep Oliveras fue, sin embargo, nada jocosa: sería absolutamente necesario, si se quiere ser un país serio, replantear el mapa municipal, pero eso no se aborda por motivos políticos, siempre temerosos de que su acción sea mal entendida y pase factura en las siguientes elecciones.
Y ahí sí que acabó con un “Oliveras cede el paso a Olivé”.
Y Olivé jugó a las adivinanzas con el público y proyectó alguna sorprendente situación de algunos de los 947 municipios catalanes. Unos cuantos de ellos, comentados y visualizados en las imágenes.


J.M. Olivé empezó diciendo que lo que estaba claro es que, en lo que respectaba a sus municipios, Catalunya era bien diferente de, por ejemplo, Kansas.

Los habitantes de los otros dos núcleos de población de Tornabous tienen que cruzar una larga franja de terreno de Puigvert d’Agramunt para ir a su núcleo capital…

El Campo del C.D. Espanyol

Gracias a que la entrada a la estación de tren está en Vilassar de Mar, los vecinos de Cabrera de Mar pueden pagar sólo un billete de dos zonas para desplazarse a Barcelona. Si fuese al revés, ambos deberían pagar por tres zonas.


En el metro.

Por aquí tenemos varios municipios cuyo término municipal está englobado en el de otro municipio.

Parece arbitrario…

Pero además es una división que comporta muchas diferencias entre vecinos.


Perafort, en el Camp de Tarragona, tiene un enclave en la Pobla de Mafumet que permite ver por dentro una de las dos petroquímicas tarragoninas. Me puedo imaginar los follones burocráticos que eso puede comportar ante cualquier obra a efectuar, modificación o incidente.




 

Sobre la guerra Irack-Irán

El inicio de la guerra fue la invasión por parte de Irak de la región de Shatt al Arab, quizás pensando Sadam Hussein que en ese momento ten...