viernes, 11 de abril de 2025

Presentación de la Municipedia

El corte de municipio quizás más bestia. Hace algo más de un siglo, el municipio de Barcelona compró al de L’Hospitalet de Llobregat cerca de la mitad de su término municipal. Un trozo de Finestrelles, pero, sobre todo, todo el sector ocupado ahora por la Zona Franca, que llegaba a hasta el mar, con su faro incluido.


Con lo bien que se estaba en el atrio del Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya, quién iba a decir (¿acaso no es verdad que el calor sube?) que en su auditorio subterráneo nos iban a aplicar un tratamiento térmico que ríete tú de las saunas finlandesas.
Anteayer acudí ahí porque Josep Oliveras presentaba un libro, “Municipèdia. Rareses i curiositats dels municipis de Catalunya” (Josep María Olivé, ICGC, 2024) que hablaba de las rarezas que se podían encontrar en los mapas de los municipios catalanes.
El mismo Oliveras explicó en su intervención, que hizo troncharse al numeroso auditorio (tan numeroso que el calor animal correspondiente hacía aún más irrespirable el ambiente, pero nadie se compadeció de los asistentes moviendo un dedo para procurar un poco de aire liberador), que dijo que sí a hacer la presentación del libro porque se lo pedían del prestigioso ICGC y, aunque no conocía de nada a su autor, del que luego supo que era “del ramo de la logística de autobuses e ingeniero”, le gustaba eso de que tratara de las rarezas de los municipios.
Tras leerlo, pudo explicar, como se aprecia ojeándolo, que no es un libro con ambiciones académicas, sino que busca a un público popular. Tras un elogio encendido de la curiosidad, “motor de la ciencia”, Oliveras se puso a comentar el sumario y contenido del libro, sin poder evitar aportar anécdotas encontradas en su largo trayecto profesional. Una de ellas, por ejemplo, fue que el actualmente residente en Bélgica estuvo a punto de colarnos, saltándose todos los filtros, un municipio más (pasando de esa forma de 947 a 948) por los lazos familiares que le unían a ese territorio.
Luego comentó, sobre todo, que lo más interesante de esos municipios que, por ejemplo, tienen parte de su territorio como un enclave en el de otro municipio es conocer las razones que han llevado a ello. Y a las muchas cosas que ya dice el libro habló de una serie de casos de lo más variado, como el traspaso de un terreno aislado a otro municipio… para así cambiar de Diputación, y que la nueva pudiera pagar las excavaciones emprendidas.
Muchas otras causas de esos enclaves alejados -como vi en un documental que pasaba en Llivia con unos terrenos aún más adentrados en Francia- se deben a la necesidad de pastos para los ganados. Y hablando de uno de los enclaves que cita el libro, situado en el interior del recinto de las petroquimicas de Tarragona, invitó al auditorio para ir el día de su fiesta patronal, en que con esa excusa puedes visitar -cosa rara- el interior una de las dos petroquímicas allí existentes.
Siguiendo el índice del libro, sobre las extrañas fronteras comentó ese extraño caso en que debe verse el Campo de fútbol del Español, que tiene una portería en un municipio y otra en otro. Hace poco supe que eso era así debido a un cambio efectuado a lo largo del tiempo por el curso del río… Otras son bastante divertidas, como ese municipio que tiene su rectoría dividida entre dos, además de los numerosisimos casos de cementerios descolocados.
La conclusión de Josep Oliveras fue, sin embargo, nada jocosa: sería absolutamente necesario, si se quiere ser un país serio, replantear el mapa municipal, pero eso no se aborda por motivos políticos, siempre temerosos de que su acción sea mal entendida y pase factura en las siguientes elecciones.
Y ahí sí que acabó con un “Oliveras cede el paso a Olivé”.
Y Olivé jugó a las adivinanzas con el público y proyectó alguna sorprendente situación de algunos de los 947 municipios catalanes. Unos cuantos de ellos, comentados y visualizados en las imágenes.


J.M. Olivé empezó diciendo que lo que estaba claro es que, en lo que respectaba a sus municipios, Catalunya era bien diferente de, por ejemplo, Kansas.

Los habitantes de los otros dos núcleos de población de Tornabous tienen que cruzar una larga franja de terreno de Puigvert d’Agramunt para ir a su núcleo capital…

El Campo del C.D. Espanyol

Gracias a que la entrada a la estación de tren está en Vilassar de Mar, los vecinos de Cabrera de Mar pueden pagar sólo un billete de dos zonas para desplazarse a Barcelona. Si fuese al revés, ambos deberían pagar por tres zonas.


En el metro.

Por aquí tenemos varios municipios cuyo término municipal está englobado en el de otro municipio.

Parece arbitrario…

Pero además es una división que comporta muchas diferencias entre vecinos.


Perafort, en el Camp de Tarragona, tiene un enclave en la Pobla de Mafumet que permite ver por dentro una de las dos petroquímicas tarragoninas. Me puedo imaginar los follones burocráticos que eso puede comportar ante cualquier obra a efectuar, modificación o incidente.




 

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