martes, 21 de febrero de 2017

Ximo Bosch

La platea del Romea empieza a llenarse para la conferencia.

También ayer, la Fundació Romea presentó en su sede -quizás el teatro con más solera de Barcelona- algo bastante insospechado: Joaquim "Ximo" Bosch, el popular miembro de la asociación "Jueces para la democracia", dio una conferencia sobre "La corrupció política", así, en su valenciano natal, lleno por cierto de las para nosotros divertidas expresiones tipo "aixina".
No es que explicara, desgraciadamente, nada nuevo. Tras iniciar su charla con la frase de que "Todo poder corrompe, pero el poder absoluto corrompe absolutamente", señaló que por esa razón era absolutamente necesario en un sistema la existencia de contrapoderes, y vino a documentar que la corrupción tan expandida hoy en día es no una ola pasajera, sino algo sistémico.
Para él, según indicó, el prototipo de corrupción fue la existente en la dictadura franquista, y si no se ve verdadera voluntad de acabar con ella (porque se han rechazado todas las propuestas efectuadas para ello), es por su funcionalidad. Una gran funcionalidad para enriquecerse ese trozo de iceberg que ha emergido, pero sobre todo para la financiación de unos partidos con una enorme estructura jerarquizada, muy burocratizada, que necesita pagarse de algún modo para sostenerse.
Tras esta exposición se dedicó el resto de la conferencia a enumerar lo que, a su juicio, podía hacerse para realmente erradicarla, partiendo de la voluntad política para ello:
Si lo que más corre por ahí es ese "que paguen los culpables", con penas de cárcel y demás, justificó que eso sería el final de todo un edificio, porque en el momento en que se aplica una pena el mal ya está hecho. Que lo que tocaría sería prevenir, evitar el saqueo, regulando aspectos como los sistemas de contratación institucional, aumentando las competencias de técnicos independientes, implantando controles externos, separando los cargos públicos de los políticos, paliando la pobreza de recursos judiciales, disminuyendo la posibilidad de indultos políticos, etc.
A un señor del público le pareció una conferencia pesimista, porque no dejaba muchas esperanzas para acabar con la bicha. Fue entonces cuando Bosch sacó fuerzas de flaqueza de su agotada garganta por tantas declaraciones, sacó su mejor sonrisa y, confesándose un pertinaz optimista, dijo que sí, que él veía indicios, brechas impensables hace veinte años.
Me impresionó, por significativa, la frase que rememoró, que se ve que Aznar soltó en una campaña, en una plaza de toros: "Vamos a barrer de las calles a todos los pequeños delincuentes". ¡Nada contra los grandes delincuentes!
Y de cajón una explicación de lo que debiera ser pero no es: Que un partido o un político tiene dos vías de actuación cuando se les acusa de corrupción: O bien disolverse o dimitir, para poder pasar a ser ante la ley gente común, que puede por razones de su defensa no responder a las preguntas de jueces y fiscales, o bien responder absolutamente a todas las preguntas, dando explicaciones sobre su actuación.

En el escenario, Carles Canut (que llevó con mano de hierro el pequeño coloquio final, sin dejar que el público se fuera por las habituales e inflamadas "consideraciones", porque "hemos venido a escuchar al conferenciante) y Joaquim Bosch.
 

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