viernes, 4 de octubre de 2024

De Musolini a Meloni: Guerra, resistencia antifascista y República -1939/47

Soldados Italianos tras su pírrica victoria sobre Francia unos días antes del armisticio de ésta, para arrancar algo en el mismo.

En el curso “De Mussolini a Meloni”, hoy era el día de explicar -también por parte de Alberto Pellegrini-, un capítulo de la historia italiana que, desde nuestra situación, a la fuerza hemos conocido muy mal: “Guerra, resistencia antifascista y República -1939/47-“.
Una primera sorpresa: sabiendo de la modernidad y eficacia que supuso en la guerra civil española el material que aportó al bando franquista la legión italiana, saber que antes del comienzo dela II Guerra Mundial, el italiano era un ejército no preparado, con un material -salvo la marina, entre las mejores del mundo- totalmente obsoleto.
La conciencia de esa situación fue, posiblemente, la que hizo a Mussolini optar en 1939 por una estudiada “no beligerancia”.
Pero, si algo ha quedado claro en la sesión de esta mañana ha sido el oportunismo de Mussolini quien, en la Primavera de 1940, viendo cómo se desarrollaba la guerra, con Francia prácticamente aniquilada, triunfos alemanes imparables en el Este, y queriendo participar el el casi seguro botín, efectuó un cambio radical de postura, acercándose al carro vencedor.
Si no fuese de lo más trágico, con un número brutal de muertos por el medio, sería risible la estrategia planteada por el sumo líder, la de la “Guerra paralela” con los alemanes. Mientras éstos se concentrarían en la guerra en Europa, Italia lo haría en los frentes en los que tenía puesta su ambición: África, los Balcanes y la zona francesa que había sido de la Saboya.
Pero los fracasos en todos los frentes fueron casi absolutos, con muertos innumerables: En el ataque a Francia, por los Alpes, a días del armisticio, se anexaron por los pelos una estrecha zona por Menton, con más de 600 muertos entre los soldados italianos, por 100 entre los franceses. En el mar sostuvieron una increíble postura defensiva, pese a su situación predominante, lo que llevó a la reacción británica, que hundió media marina italiana y dificultó enormemente el suministro preciso para las tropas africanas. En África, presionados por Mussolini, el ejército organizó ataques descontrolados, sin medios, en todas direcciones. Sólo tomaron la Somalia Británica y, a cambio, iniciaron una serie de suicidas avances. Penetraron desde Libia, por la Cirenaica, unos 80 Km en Egipto, pero empezaron a tener problemas serios de intendencia.
No contentos con tantos frentes y tales fracasos, atacaron Grecia, que era un país neutral, bastante facha, desde Albania. La reacción del despreciado ejército griego, que llegó a entrar en Albania, ocasionó una de las anécdotas más divertidas explicadas por Pellegrini: en la frontera francesa colgaron un letrero: “¡eh, griegos, paraos, que esto ya es Francia!”
Pese a la evidente minoría numérica, en África, el ejército británico eliminó al italiano en la Cirenaica y Mussolini tuvo que pedir ayuda a Hitler.
En el Mediterráneo, tras el bombardeo de las ciudades marítimas, se produzco el hundimiento de casi toda la flamante marina italiana y, finalmente, la práctica desaparición de toda el África Oriental, el sueño del fascismo, con prisioneros para dar y vender.
Las tropas italianas participaron en los Balcanes con las alemanas, cometiendo sus más despreciables crímenes de guerra: La película “Mediterraneo” (Gabriele Salvatores,1991) no hace -advierte Pellegrini- sino expandir una enorme mentira.
Un poco antes de la pérdida total de África se da la enorme catástrofe del ejército del Don, con la pérdida de más de 100.000 soldados.
Toda la parte final de la guerra, después de tan disparatados empeños, la tenemos más clara, aunque quizás algo equivocada en sus tiempos. Por ahí tenemos la pérdida absoluta del prestigio de Mussolini, si detención por parte del Rey, el gobierno de Badoglio y su armisticio, el rescate de Mussolini por los alemanes, que además entran en media Italia cuando los aliados ya han invadido todo el sur, y la creación de la República de Saló.
A todas estas, los bombardeos aliados destrozan las ciudades del sur italianas y, más tarde, las industriales del Norte. Hasta Roma llegan, con la destrucción de todo el barrio de la estación de tren y más de 1000 muertos de población civil.
Para la confusión que produjo la caída de Mussolini, que casi se confundió con el fin de la guerra, ocasionando un júbilo mayúsculo, yo recomendaría ver “Todos a casa” (Luigi Comencini, 1960). Las cosas, explicadas con Alberto Sordi como italiano medio quedan mejor fijadas.
Pellegrini ha acelerado por la parte final de su clase. Nos trasmite el desorden mayúsculo del armisticio, sin órdenes dadas a las tropas, que no saben cómo actuar, mientras el poder oficial huye vergonzosamente a la Puglia, a refugiarse con los aliados. Se creó, por un tiempo, tres italias: ésta última, en el sur, la del cruento gobierno fascista del norte y la Italia de los partisanos, haciéndose fuerte paulatinamente y llegando a ser ésta la que liberó a ciudades y zonas enteras, antes de la llegada de los americanos, en su casi último hecho de guerra en Europa.
Luego, la creación de un gobierno provisional, el referéndum para decidir si seguir con la monarquía o la república, la aparición de la Democracia Cristiana,…
Seguiremos estando bien entretenidos.

Desbandada del ejército italiano al caer el frente del Don. Murieron cerca de 100.000 soldados…

Interminable columna de prisioneros italianos en Egipto.

Bombardeo americano sobre la católica (y confiada por eso) Roma: 1000 muertos.
 

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