viernes, 4 de octubre de 2024

El cambio (Montse Bovet e Isabel Mercadé)


Estaba más contenta que unas pascuas Montse Bovet, co-autora junto a Isabel Mercadé de “El cambio. Crónica de una erosión” (Stonberg editorial, 2024), tras el acto de presentación del libro:
-¡Qué bien! -decía- Con todo lo que habéis dicho y expresado, ¡si no lo hubiera escrito corría a comprarlo!
Y es que, realmente, el acto parecía haber obtenido uno de los efectos que busca y sería bueno obtuviera el libro: que la gente reconozca la experiencia transmitida como propia (porque, ciertamente, es -desgraciadamente- universal) y llegue a compartir una forma de ver cómo se ha ido produciendo la gran estafa colectiva en la que parecemos estar metidos.
Pero vayamos por partes y, quizás mejor, por el orden en el que se produjeron los acontecimientos.
El acto tuvo lugar ayer tarde en la Biblioteca Josep Benet, en la base de la grabadora, el edificio del museo del diseño de la plaza de las Glorias. Satisfecho por ver la sala llena, el editor, que me dio la impresión que sólo estaba previsto que, en todo caso, saludara a los presentes, anunciase su libro y presentara, dándoles paso, a los ponentes, se lanzó a leer una explicación al máximo detalle de su cosecha, muy trabajada, sobre el contenido del libro.
Yo iba mirando, sobre todo, la cara de Concha Fernández Martorell, anunciada como presentadora, para ver cómo le sentaba el que se le avanzaran en muchos de sus eventuales argumentos. Pero bueno, a decir verdad, como intentaré transmitir más adelante, era imposible que nadie chafara la impresionante demostración de conocimiento, dedicación (señaló que se había leído para ello el libro -es verdad que es de sólo un centenar de páginas y de muy fácil lectura- en tres ocasiones), condensación, orden, amenidad, agudeza y facilidad expositiva que desarrolló la presentadora oficial, que dejó a todo el auditorio boquiabierto, en comunión con lo expuesto y con ganas de lectura devoradora, para confirmar impresiones.
Antes, sin embargo, fueron Isabel Mercadé y Montse Bovet, las dos autoras, más seria y formal la primera, soltando de tanto en tanto unas explosiones de risas incontroladas la segunda, arrastrando en ocasiones a plenas risotadas cómplices, a dúo, a su compañera, las que dieron brevemente dos o tres claves genéricas de lo que habían perpetrado.
Primero, Isabel, diciendo que, una vez pasado todo, escribieron sin ninguna intención de publicarlo, únicamente como medio para intentar comprender lo que habían vivido.
Luego, Montse, dando una cierta descripción de lo que encerraba el libro, cuyo título se había dado cuenta que podía servir tanto para un barrido como para un fregado. Ese “cambio” -explicó- no es, por ejemplo, el inexorablemente producido con el paso del tiempo en nuestros cuerpos, aunque también vaya en línea con lo de la continua erosión: la cosa va de los cambios en las relaciones laborales en las últimas épocas. Para situarlo un poco, desde la caída del muro hasta el auge y triunfo absoluto actual del neoliberalismo.
Si Isabel había citado en su presentación a Camús, Montse acabó con una sentencia anónima, resumen un poco de las intenciones y estilo del libro: que la vida había que vivirla con amor (para comprenderla) y con humor (para soportarla).
Y llegó la medida, ordenada y espléndida disertación de Concha Fernández Martorell, que las autoras y el mismo editor harían bien en imprimir en la segunda edición como epílogo, completando al prólogo actual también suyo del libro, y distribuirla como separata para extender la difusión del mismo.
Me siento incapaz de reflejar aquí ni sus grandes líneas. Situó la peripecia de ambas -docentes en un centro de enseñanza para estudiantes de dirección de empresas, que inicialmente hacía gala de su carácter e impulso humanista- como víctimas de todo un proceso de cambio de las formas y finalmente un ERE consecuencia derivada de la crisis económica del 2008 y los cambios directivos y de filosofía empresarial para buscar la eficiencia financiera donde antes parecía que se buscaban otras cosas.
Señaló la lectura del libro como clave para constatar cómo se van transformando, paulatinamente, los conceptos. Exteriorizó su -compartido- agradecimiento como ciudadana, por haber las autoras exteriorizado la deriva tan personal e íntima que sufrieron, viendo cómo toda la voluntariosa y emocionante ilusión inicial con que afrontaron su trabajo educativo fue atenuándose ante cambios de orientación profundos, impulsados por unos cursos de formación, cada uno con su slogan, que, como punto básico, se centraban en hacer ver a sus forzados asistentes su propia inoperancia. Y, sobre todo, por haber sabido exteriorizar todo ello sin olvidar el sentido del humor.
Acentuó la utilización que en las empresas se hace del miedo (a perder el puesto de trabajo) como elemento de fuerza para doblar voluntades.
Y habló, claro está, del concepto mismo de cambio, tan etéreo como para llevar aparejado todo tipo de malentendidos. Y tan sobrevalorado.
Por si la fiesta no hubiera alcanzado ya el nivel necesario, surgió entonces, como colofón, la intervención de un cuarto ponente, del que, como no estaba anunciado y lucía un apellido anglosajón difícilmente pronunciable, no retuve más que su nombre, Michael, quien advirtió que su exposición sería inicialmente heavy para acabar de forma lírica.
Michael, de hecho, lo que hizo fue ampliar el universo tratado, enmarcando lo sucedido a las dos autoras en su institución (aunque extrapolable a cualquier tipo de entorno laboral), tras hablar de las transformaciones habidas en el capitalismo, en el actual capitalismo crepuscular que nos rige como sistema.
Y hasta aquí mis torpes intentos de reflejar lo que el acto de presentación del libro dio de sí. Para impulsar su búsqueda, compra y lectura, quizás me sería suficiente con reproducir algunas de las frases y conceptos esparcidos por el mismo. Posiblemente no sería el único que tendría entonces un cierto sobresalto y comprobara que la experiencia que las dos autoras nos habían ayudado a ordenar y entender es la vivida por tantos en tantos sitios.
Baste, para simplificar, con hacer mención, por ejemplo, de uno de los mencionados, utilizados en uno de los cursos de formación. Del título de ese libro, auténtico best seller, que hacían leer en una época muy concreta, como auténtica terapia, a todos aquellos que no acababan de ver que los cambios propuestos eran los imprescindibles para salvar y hacer avanzar la empresa: ¿Quien se ha llevado mi queso? ¿Alguien se acuerda de tan simpático, pobre, equivocado ratoncito? Se había de espabilar por su cuenta en encontrar sus habilidades, porque ya no disponía de queso alguno que roer.



 

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