viernes, 18 de octubre de 2024

La Italia de la postguerra


Empezando poniendo “Tu vuò fa l’americano” (Renato Carosone, 1956) y acabando haciendo lo mismo con una pieza de Adriano Celentano para caracterizar el período, José Maria Rua mostraba un sentido del espectáculo importante. Le tocaba hablar esta mañana de “Los años de la reconstrucción y el centrismo. 1947 - 1960” dentro del ciclo de la UB “Italia. De Mussolini a Meloni”.
La canción de Carosone contrastaba enormemente con “Fischia il vento”(1940), la auténtica canción partisana, con música épica, pero algo tristona de la Lalinka soviética a la que habían puesto otra letra.
“Tu vuò fa l’americano” (Carosone, 1956), con su música alegre, constataba en su letra y hasta ironizaba un poco con las nuevas modas de la juventud, ya lejana de las preocupaciones de la guerra, en busca del modo de vida americano, de pasarlo bien.
Hasta 1947 hubo en Italia, como en toda Europa Occidental, salvo esos dos pobres países olvidados de la Península Ibérica, gobiernos de concentración, en los que políticos de todos los colores aunaban sus fuerzas en la reconstrucción del profundo revés económico, social y humano que supuso la guerra. El demócrata-cristiano De Gasperi era el jefe de ese gobierno plural, que impulsó leyes que pueden resultar hoy en día sorprendentes, como la expropiación de tierras abandonadas, que rápidamente fueron combatidas en el sur por latifundistas y la mafia.
Pero en 1947 apareció la doctrina Truman y la guerra fría. Tras su retorno de un viaje de Estados Unidos, De Gasperi consumó la rotura con los comunistas, paradójicamente aprovechando el salvaje ataque de Salvatore Giuliano a una fiesta del PCI.
Rua ha dibujado esta mañana las razones del Plan Marshall (1948-1956, del que Italia fue el cuarto receptor, tras Gran Bretaña, Francia y Alemania) desde el punto de vista americano por razones económicas (para colocar el excedente producido por la máquina puesta a trabajar en el esfuerzo bélico y crear un mercado) y políticas (la mejora de imagen en Europa respecto a la del bloque soviético). Para la recepción de las ayudas, los países debían cumplir unas condiciones económicas -bajada de aranceles aduaneros, compra de productos norteamericanos (con lo que estaban creando un amplio mercado)- y políticas: alejamiento de los comunistas.
El caso es que esas condiciones crearon una fuerte división de las fuerzas de izquierda (se produjo la escisión de los socialistas, yendo a parar cada parte a terrenos opuestos) e influyeron un montón en las elecciones de 1948. Con el repaso de los carteles de propaganda electoral, buenísima por parte de la Democracia Cristiana, menos imaginativa y de menor valor en el campo de la izquierda, Rua nos ha convencido rápidamente de este extremo.
El curso no sólo habla de la política italiana. La irrupción del cine neorrealista, el predominio en el fútbol de Il Grande Tonino y su tragedia o los avatares de ese espléndido dúo de ciclistas italiano, Bartali y Coppi, han recorrido esta mañana el aula, pintando muy bien la época estudiada y marcando, quizás, el punto álgido de la sesión.
Tras eso, he anotado el sentido espíritu europeísta tanto de los políticos de derechas como de los de izquierdas del momento. Rua se ha detenido a hablar de Spinelli y del Manifiesto de Ventotene, escrito en 1941 en papel de fumar, surgido como idea remedio contra los nacionalismos y las guerras en Europa. (Profundo suspiro al pensar en la situación actual…).
Y también he registrado el origen de la red Gladio, el slogan de Giorgio Almirante, antepasado de Meloni y líder del MSI (“Non rinnegare, non restaurare”) para entrar y significar en la Italia de la postguerra,el giro hacia el conservadurismo, la autocensura y la marca de garantía moral en, por ejemplo, ediciones de cómic que curiosamente empezaban a tapar la piel de sus heroínas. Y, en el otro ámbito del espectro político, “el modelo PCI”, con su amplísima base de ayuda, sus fiestas de L’Unità, etc.
Luego, el dilema en la Democracia Cristiana, para ampliar base tras no haber logrado la mayoría absoluta que esperaban en 1953, bien asociándose con el MSI (Tambroni), bien estableciendo relaciones hacia los socialistas (Fanfani), y como los cinco muertos de las protestas en Génova al intento de Tambroni llevó al abandono de éste y abrió el paso a Fanfani.
Pero ya entraríamos en otro capítulo posterior, que espero que el viernes que viene sea de tanto interés como éste.

Rua, ante imágenes de carteles de las elecciones del 48 que advertían de los peligros del freno de la ayuda americana, de la posible llegada del divorcio que dejaría indefensa y abandonada a la mujer italiana y de la llegada de los bolcheviques si no ganaba la Democracia Cristiana.

Ha recalcado la inteligencia de este cartel, para acabar de convencer a los indecisos.

El frente de izquierdas se presentaba con la imagen de Garibaldi. El servicio de propaganda de la Democracia Cristiana hizo aparecer a Stalin al invertirlo…

Quitada la careta de Garibaldi, decían, aparecía Stalin.

Y, por si con lo anterior no quedaba claro…

En contrapartida, la publicidad de las izquierdas era de mucha menor fuerza y también mentía, como cuando hacía aparecer el puñal fascista bajo el escudo de Libertas: hubo demócrata-cristianos en la resistencia antifascista.


Bartali y Coppi.

Spinelli.



 

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