Cuando la navegación a vapor ya se veía que iba a imponerse, la navegación a vela puso en órbita sus mejores barcos. La transición entre ambas tecnologías supuso una lucha larga, que duró del orden de un siglo. Ésta es la tesis de la exposición que Enric García Domingo, director del Museo Marítimo de Barcelona, sostuvo en su conferencia para el Fórum de la Associació del Museu de la Ciència i la Tècnica de Catalunya el pasado lunes.
De unos iniciales utilizaciones en canales y cursos fluviales, primero colocando una máquina de vapor en el barco sin apenas adaptar éste, el vapor fue haciéndose durante el siglo XIX con la navegación. La puesta en marcha de las hélices (frente a las palas) como método propulsor y la sustitución de los cascos de madera por los metálicos, impusieron la nueva tecnología.
La vela, utilizada durante 2.000 años, dio, tras su casi total hundimiento durante la Primera Guerra Mundial, como pasa en otros sectores en el momento de un cambio de tecnología, un precioso canto del cisne, alcanzando su máximo nivel técnico con la botadura de los Windjammers. Luego ya quedó recluida para su única utilización en cabotaje y barcos-escuela.
Fue interesante su explicación de que con el cambio de tecnología se pasaba de un sistema artesanal, en el que todos (marineros, fogoneros, etc) eran engranajes de una misma máquina, a un sistema industrial, en el que todos ellos pasaban a estar al servicio de la máquina, a proletarizarse.
En un inicio, la caldera y resto de la máquina de vapor se incrustaba en un casco que no había variado en absoluto.
Poco a poco (ver las imágenes de la inferior a la superior) el casco fue cambiando respecto al de la vela.
El Cutty Sark, Clipper de casco metálico forrado de madera, para tener las ventajas de ambos tipos







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