Como en muchas ocasiones, la cosa se ha animado un montón en el coloquio. En una de las últimas intervenciones, por ejemplo, Horacio Capel se ha levantado, ha cogido el micro del conferenciante -el propio Oriol Nel.lo-, se ha mostrado visiblemente apesadumbrado por la reacción actual francesa votando al Frente Nacional y arrebatándole el modelo que siempre había representado para él -y para tantos- Francia, y le ha lanzado una acuciante pregunta dramática: ¿y si los movimientos sociales existen, pero van en esa horrible dirección, en retroceso, hacia un marcado color negro?
Era el acto de presentación de un librito ("La ciudad en movimiento". Editorial Díaz & Pons, 2015) en que Oriol Nel.lo habla del impacto de la crisis en la ciudad (evidenciada en sus desigualdades y segregación espacial) y da cuenta de que es en la ciudad donde se reflejan más este tipo de conflicto, pero donde también se puede iniciar, y con mayor fuerza, una respuesta.
En su intervención, Nel.lo ha recordado la continua presencia de movimientos sociales en Barcelona, mencionando la frase esa de Engels, dicha un par de años después de la Comuna de París, de que era sin duda la ciudad de todo el mundo que había visto más barricadas. Oriol Nel.lo es un magnífico conferenciarte (con el brillante pasaporte añadido de impulsor de la Ley de Barrios durante sus años de gestor gubernativo del tan denostado tripartito...) que, además de coger repetidamente el brazo de su compañero de mesa (en este caso Josep Oliveras, presidente de la Societat Catalana de Geografia, que organizaba el acto) para buscar su complicidad, sabe introducir observaciones que le dan un aire vivo a la sesión. En este punto, por ejemplo, ha explicado la reciente presencia en Barcelona de los grandes capitostes americanos del pensamiento social, y que alguno de ellos le preguntaba qué cómo, en una ciudad "tan hermosa como ésta, tan bien gestionada" ha habido siempre movimientos sociales tan potentes. Evidentemente él le había dado la vuelta a la pregunta. Si Barcelona había llegado a tener lo que le daba fama (cosas como el Ensanche, por ejemplo), había sido por la existencia y presión de sus movimientos sociales...
Ha criticado que siempre se califiquen los espacios ciudadanos según su posicionamiento en dos ejes: el eje social (izquierda/derecha) y, en el caso de Cataluña, el eje nacional. Ha echado en falta otra dimensión, otro eje que diera volumen a la representación. Uno que marcara la mayor o menor participación de la gente en las preocupaciones, las actividades políticas. Y ha alabado una reciente presentación de una tesis universitaria sobre este tema, que cuantificaba y cartografiaba las victorias sociales en Barcelona: una cada dos meses durante la transición, una cada dos años en los últimos tiempos. Temas para reflexionar...
Un antiguo compañero de instituto le ha recordado -ya he dicho que hoy las intervenciones no se lo han hecho nada fácil- cuando iban a manifestaciones con los obreros de las grandes empresas, y le ha preguntado, en dos fases, si le ve futuro o no a la case obrera. En una primera respuesta ha divagado por aquí y por allá. Cuando su amigo (lo ha tildado de ser de los que tiran con fuego) le ha dicho que no le había respondido a su pregunta, ha dado, a mi entender, una respuesta muy interesante. Más o menos que habría que subir el listón para mirar a nivel universal al responder, y que seguramente habría que pensar en las reivindicaciones actuales de los obreros coreanos o chinos, en busca de condiciones de trabajo adecuadas. Y chapeau a su colofón, citando a Gramsci:
Seguramente hay que actuar con el pesimismo de la inteligencia, y el optimismo de la voluntad...





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