El de la foto es Wolf Lepenies (un laureado sociólogo y politólogo alemán), escuchando la presentación que sobre él hacía Josep Ramoneda (sin enterarse ni papa, porque se ha liado de lo lindo con el aparato ese tan insidioso para traducciones, que estorba además una enormidad la comprensión cabal de la conferencia, pues la gente se lo pone mal en el oído y lo deja a todo volumen, resonando entonces la chirriante traducción por varios puntos de la sala).
Ha empezado recordando cuando en 2007 Sarkozy pugnó por una unión de los países del Mediterráneo, lo que, según Lepenies, podía haber sido una buena idea, pero sobre la que el entonces presidente francés sólo sabía precisar que era contra el poder de Alemania. Desde entonces -ha precisado, invitándonos a marearnos un poco con la relación- han sucedido muchas cosas. De una cierta pugna entre el sur y el norte hemos pasado ahora básicamente a una confrontación entre europeistas y nacionalistas y populistas, de tal forma que ya teme lo que puedan deparar las elecciones de 2019.
Wolf Lepenies nos ha dicho que, nacido en 1941, pertenece a una generación para la que la existencia de una Unión Europea creada con el objetivo de evitar nuevas guerras internas sigue siendo muy válida. “Para mí generación -ha rematado- la caída de la UE sería una catástrofe”.
El repaso histórico ha sido esquemático, pero muy certero: tras la caída del muro de Berlín y de todo el bloque comunista, surgió una etapa en la que muchos líderes de los países del Este eran literatos. Pero las segundas elecciones ya hicieron huir la sonrisa de la boca. Empezaron a salir las fuerzas que ahora atenazan el futuro de casi todos esos países, y notoriamente Polonia y Hungría.
Ha explicado una experiencia personal bastante aterradora. Viendo que muchos artistas y gente de valor se iba de sus países para vivir en Occidente, participó en varios proyectos allí de escuelas de investigación. Dice que un mandatario húngaro le recibió muy atentamente. Estuvieron cenando juntos y mientras él le explicaba las intenciones de la escuela, el mandatario iba tomando notas en una libretita de mano, soltando de tanto en tanto un “Hay demasiados”. Hasta que le preguntó qué qué es lo que habría demasiados y obtuvo una respuesta escalofriante, por lo que tiene de retorno al pasado: “judíos”. No quería la formación de esa escuela porque eso significaba admitir la llegada de gente de otros lados y eso “no sería bien comprendido en nuestro país” (sic).
Dice Wolf Lepenies que varias veces se ha hecho la pregunta: ¿Por qué ha vuelto el nacionalismo a Europa? Una de las respuestas que se ha dado y nos ha trasmitido es muy interesante: Desde las instituciones europeas se ha infravalorado la resistencia a lo que supondría de pérdida de soberanía nacional el sometimiento a los reglamentos comunitarios. Para los países occidentales esto también ha sido así, pero es que la gran mayoría de esos países del Este nunca tuvieron la suerte de ser totalmente independientes, y por eso reclaman su cuota de soberanismo. Bruselas no ha seguido nunca el principio de subsidariedad, y eso, en su opinión, ha sido un enorme error.
Esto último es también aplicable, ha seguido, para la cuestión de la inmigración. En su opinión, lo de la cuota no puede funcionar nunca. Esos países hoy por hoy no quieren admitir inmigrantes y quizás se les debiera permitir, pero -y ahí se ha puesto rígido- en ese caso lo que no se les puede dejar pasar por alto es que no paguen a los países que sí los acojan.
Tras esto, ha seguido mencionando aspectos preocupantes relativos a esos países, en los que la separación de poderes está yéndose a la porra rápidamente y donde el nacionalismo se ha mostrado como de lo más “sexy”.
Después de hablar de cómo Macron, que parecía en un primer momento querer reforzar (reuniones iniciales con Ángela Merkel) la Union Europea, parece haber fracasado en el intento, sin haber logrado un franco apoyo de la jefa de gobierno alemana, ha dibujado cómo se encuentra en plena bronca con Matteo Salvini, como ejemplificación de cómo han derivado los asuntos.
Acercándose a las conclusiones de su charla, ha planteado su idea de que el futuro de la UE depende en gran medida de lograr una política de inmigración y africana unificada. Admite que muchos de los problemas de África, por ejemplo, venían de las políticas colonialistas europeas, pero rápidamente ha señalado que hace ya mucho tiempo que el mal funcionamiento de estos países se debe en buena parte a la corrupción de los nuevos gobernantes del continente. Él es partidario, sí, de inversiones europeas en África, pero siempre supervisadas para confirmar que no van a parar a manos de los corruptos.
Antes de acabar ha mirado a la audiencia y ha dicho que su charla estaba programada para hace justo una semana, pero que Josep Ramoneda le había explicado por qué no era oportuno darla ese día, tratándose del 1 de octubre. Ha dicho entonces que había una cosa que le iba a generar “muchos amigos”, pero que para ser honesto debía decirla y que para ello antes se paraba un momento y bebía un buen vaso de agua. Tras hacerlo, ha ido hacia ello:
No estoy cualificado - ha advertido- para hablar del tema catalán. Sí tengo varios amigos viviendo aquí, favorables o contrarios a las tesis independentistas, que me han hablado de ello, pero no puedo intervenir con gran conocimiento de causa. Para ser sincero-ha seguido- no creo en muchas de las razones de los independistas. Sí creo en los conflictos entre centro y periferia, pero una cosa tengo clarísima: “¡Olvídense de las razones históricas como base argumental!” La otra parte también tendrá las suyas. Dedíquense a discutir los problemas que llevan a las diferencias de criterio, pero sin invocar razones históricas, por favor.
Y ha finalizado: La revolución francesa propugnaba un estado jacobino, centralista, aunque también hubo una alternativa con los girondinos. Éstos eran más partidarios de una autonomía periférica. Por ahí se situaría el modelo suizo. Ha reafirmado su creencia de que una amplia autonomía no va contra los lazos, sino que crea mejores lazos, en su creencia en una plena solidaridad y se ha despedido con un deseo: Que Madrid ceda mucha autonomía para que Cataluña siga, satisfecha, en España.
Viendo Ramoneda que este tema iba a monopolizarlo todo, ha propuesto no abordarlo en La Ronda de preguntas que él suele hacer en ese momento y dejarlo para el coloquio final con el público.
En ese, una intervención de un asistente ha hablado de la existencia de ganadores y perdedores en Europa tras el proceso habido desde la caída del muro, pero Lepenies le ha contradicho: “Mirando cifras, todos han sido ganadores. Hable, en todo caso, de desigualdades: Corrijámoslas.”
Contestando otra pregunta se ha puesto a hacer, aunque mostrándose algo reacio para ello, una especulación muy interesante: “Yo no acabo de creer en las propuestas de todos estos movimientos populistas. Si Italia deja la UE, a la semana siguiente está en bancarrota...”
Otra especulación, llegando al límite. “Pensemos por un momento en que se llegasen a cumplir los pronósticos más negros, con triunfos electorales de esos partidos populistas. Yo sería partidario entonces de que Alemania, Francia, los países contrarios a esas ideas, salieran de la Unión Europea y crearan otra Unión que marcase y controlase estrictamente las condiciones de sus socios.”
Me gustaría, por último, y como se trata de una notoria excepción en este tipo de actos, valorar la magnífica intervención de una mujer del público, que se ha presentado como argentina (con experiencia en muchas crisis, pues) y más tarde como economista, pero sin solución alguna que aportar. En un primer momento ha apuntado hacia la falta de idea ilusionante por parte de las instancias europeas, que mirase más allá de la defensa del estado del bienestar. Pero luego ha lanzado un pequeño dardo contra lo que Lepenies sugería de ir dando más y más autonomía a los territorios locales. Según ella, esa era la forma de dejar el camino expedito al gran capital financiero, cuyas barbaridades sólo podrían ser combatidas a base de una Europa fuerte... y no dependiente suyo. Me parece una idea a tener en consideración, que se parece bastante a la que oí mencionar a Jordi Borja el otro día.

No hay comentarios:
Publicar un comentario