jueves, 4 de octubre de 2018

Ciudadanía y derechos en una ciudad global

Jordi Borja, durante su conferencia.

Aviso que aquí sigue un rollo excesivo porque, por si no se me habìa notado, el tema de la ciudad y de la planificación urbana me ha atraído desde antiguo y el histórico Jordi Borja, pese al cansancio que le produjeron las dos horas de su exposición, que le llegó a afectar a su flexibilidad de habla, dijo mucha cosa, expresó muchas ideas y trasmitió un montón de sensaciones interesantes.
Su charla tuvo lugar ayer, se llamaba “Ciudadanía y derechos en una ciudad global” o algo así -aunque eso es lo de menos- y era la que inauguraba el curso de la Societat Catalana de Geografia.
Josep Oliveras, presidente de la SCG, le presentó, como suele hacer, con recuerdos personales que van muy a cuento y aclaran mucho sobre el personaje. Explicó que la primera vez que lo vio fue en una conferencia sobre el barraquismo que dio hace ya 50 años, también para la SCG, entonces aún en el Palau Dalmases de la calle Montcada, y que al acabar se acercó a Pau Vila, preguntándole qué le había parecido. “Aquest xiquet ha fet una conferència molt cartesiana”, recuerda fue la respuesta del decano de los geógrafos catalanes.
Jordi Borja, para llegar a hablar del tema de la conferencia, empezó haciéndolo de su historia personal con la geografía. Se definió como “geógrafo degenerado”, explicando que había sido un pésimo estudiante hasta llegar a la Universidad. Le gustaban, eso sí, los mapas y sentía una fascinación enorme por la ciudad.
Para detallar y que entendiéramos por dónde iba esa fascinación que sentía por la ciudad citó a Cesare Pavese (“Cruzar una calle para escapar de casa”), a un inicial Josep Pla describiendo todas las sugerencias que ofrecía la ciudad de forma muy precisa o hasta a André Bretón (“Me gustan las ciudades porque en cada esquina puedes tener una sorpresa”). Haciendo novillos -siguió- se lanzaba a recorrer la ciudad, que era la aventura (el Barrio Chino) o el descubrimiento de la injusticia (el Carmelo, el Buen Pastor, gente viviendo en cuevas en Collblanc, en barracas de Les Corts,...): Vio entonces que existía una injusticia espacial.
Inició Derecho, carrera que no acabó (no explicó las razones, que tuvieron que ver con su militancia política en el PSUC, que luego le llevaría a Bandera Roja) porque “se tuvo que ir a Paris”. Allí conoció y siguió el maestrazgo de Pierre George y de Yves Lacoste (de quien explicó que sigue estando vivo, habiendo publicado recientemente unas memorias), que acabaron cursando visita más tarde a la Universidad Autónoma de Barcelona. No hizo, en cualquier caso, apenas referencias a su pasado político, sólo le salió un espontáneo “Más tarde, con las elecciones, sí aprendí a perder”.
Su gran tema, qué duda cabe, es Barcelona, pero lanzó una frase terrible: Tengo muy pocas cosas que decir de Barcelona, me aburre ahora soberanamente como tema de conversación. No por las actuaciones del gobierno actual de la ciudad, que ya va haciendo alguna cosa, sino por las pocas cosas que puede hacer.
Lanzó entonces su visión sobre la situación actual en cinco puntos que dejaban ver que seguía teniendo una fuerte visión marxista:
1 - Vivimos en un mundo sometido al Capitalismo.
2 - Más allá del “bloque cementero” ahora hay algo nuevo a lo que es muy difícil enfrentarse: un capitalismo financiero descentralizado. Para ir contra ese enorme poder se necesitaría una UE fuerte. Los Estados de Europa debieran desaparecer y así, de paso, acababa el problema catalán.
3 - No te puedes fiar de los gobiernos, no por su corrupción, que desde luego vemos que existe, sino por su absoluta debilidad.
4 - Si no hay movimientos sociales fuertes, la ciudad pasa a estar en venta.
5 - Detecto un cierto nivel, preocupante, de fascismo intolerante en grupos sociales de arriba y abajo.
Se quejó entonces amargamente de la escandalosa falta de código ético de la profesión de urbanista, contrariamente a lo que pasa con la medicina o la enseñanza, que atenúan ciertos desmanes. Como ejemplo, puso el de varios disparates cometidos en la planificación de polígonos sociales en Latinoamérica, contraria a lo mínimo que razonablemente debería respetar una planificación de este tipo.
Por último, pasó a hablar de lo que sorprendentemente calificó de “la chorrada del modelo Barcelona”, que tanto le han asociado como componente del equipo Maragall, cuando todo el mundo debiera saber que la ciudad no es algo fijo, sino un proceso. Se detuvo en analizar la evolución de la planificación urbana en Barcelona: se parte de una tradición progresista de la que sentirse orgullosos. Por un lado Cerdá, más adelante el GATCPAC, ambos con una imprescindible visión metropolitana (los ejes marcados por Cerdà de la Meridiana, la Diagonal o el Paralelo, por ejemplo, para dar una continuidad futura a la ciudad y permitir unos claros enlaces). Luego Porcioles, que es un ejemplo de lo que no se debe hacer, tuvo el mérito de hacer cosas después de una época de paralización absoluta. Y se llega al periodo Maragall. Pero con él se acaba la ciudad. Ya no quedaron más espacios vacíos. Y tras su mandato quedaron paralizadas la ciudad metropolitana y la capitalidad catalana. Dos proyectos fundamentales.
Ahí echó la culpa no sólo a populares y convergentes, sino también a los mismos socialistas. Nombró, para que se viera claro, a Mercè Sala y lo que le oyó decir en un pleno metropolitano totalmente socialista cuando presentó su propuesta: “Ahora todos tenemos cargos. Dejémoslo así.”
¿Qué dijo que se debía intentar en Cataluña? La creación de unos ejes de ciudades potentes, como Sabadell/Terrassa o Tarragona/Reus, que puedan llegar a competir con Barcelona, una ciudad ésta que no debe acumular, sino verse tan fuerte como para irradiar hacia el resto de Cataluña.
Pero explicó que lo que ve por todos lados (y ahí debe radicar la desazón que le he adivinado todas las veces que he coincidido con él últimamente, viéndolo como un alma en pena, muy despistado) es una completa falta de ideas de ciudad y de país del futuro.
Tras esta gozada de conferencia, aún hubo un coloquio, ya más confuso, en el que se habló de “los efectos perversos de los proyectos”, que acaban haciéndose cuestionar uno si en ocasiones no sería mejor no hacer nada, porque si no, el mercado tergiversa siempre lo que con buenas intenciones se planifica. Le oí preguntarse entonces si en el centro de la misma Bolonia, la ciudad tan alabada por su planificación de izquierdas, siguen viviendo los mismos. De la ciudad de Barcelona señaló que ya estaría bien que se quedase en un 50%, pero que, si no se hace nada, va camino de tener únicamente un 20% de habitantes fijos. De España, que hay mucho que recorrer en el camino de traspasar poder al ámbito local, que se ha quedado estancado en del orden de un insuficiente 13%
Una conferencia larga, pero vivificante.

Antes de empezar(se había equivocado de hora y al entrar en la sala con un amigo vimos que estaba ahí el solo) con Jaume Miranda.

Con Horacio Capel y Mercè Tatjer.

Josep Oliveras durante su presentación. Como en ciertos recitales, una primera fila de lujo.

Oriol Nel.lo haciendo una pregunta.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Sobre la guerra Irack-Irán

El inicio de la guerra fue la invasión por parte de Irak de la región de Shatt al Arab, quizás pensando Sadam Hussein que en ese momento ten...