martes, 3 de marzo de 2026

La modelo y las prisiones barcelonesas

La prisión de Amalia y su patio.

Pere Armengol.

Nicomedes Méndez.

Como si se tratase de una conclusión lógica después de todo lo que se ha podido saber de la Barcelona canalla en sesiones previas, el seminario que ha organizado Alberto Valle en Finestres finalizó ayer con una sesión dedicada a la ciudad dentro de la ciudad, la Modelo: no podía acabarse de otro modo tras tanto exceso.
Para desarrollarlo contó como experto en el tema carcelario con César Lorenzo Rubio y, con los comentarios de los dos, la verdad es que, pese a que a priori el tema no me atraía demasiado, resultó una sesión muy interesante. Aunque se centraba principalmente en la Modelo, abarcó todo el sistema penitenciario, desde el siglo pasado a la actualidad.
La primera protagonista, entonces, fue la prisión de la calle Amalia, que ya apareció en la sesión que tuvimos con Elsa Plaza. Abierta en 1838, fue una prisión para hombres, mujeres y niños, en condiciones inhumanas, con su patio tristemente famoso por tener lugar allí lugar las ejecuciones a garrote vil. Cuando se abrió la modelo, en 1904, pasó a ser la “cárcel vieja”, y dedicarse a mujeres. Al empezar la guerra civil el ayuntamiento pasó a derribarla.
Quien propuso la construcción de una nueva cárcel, tras haber recorrido las mejores extranjeras, fue el jurista e higienista Pere Armengol y Cornet. Proyectada por los arquitectos Salvador Viñals y Josep Domènech Estapà, fue inaugurada -no estando acabada- en 1904, cuando Armengol ya había fallecido. Lorenzo explicó que, entre otras novedades, a los presos, tomando el modelo de los monasterios o conventos, les correspondía una reclusión celular. La idea era que el aislamiento podía llevarles a reflexionar sobre sus actos y, de ese modo, no volver a delinquir en el futuro. Pero la medida no fue entendida así por los reclusos quienes, acostumbrados a estar en unas enormes salas comunes, protestaron mucho, diciendo que no lo iban a resistir mentalmente.
Siempre atento a este tipo de cosas, Alberto Valle introdujo el nombre de un personaje singular (con una biografía bien curiosa, escrita por Toni Hill en “El último verdugo”), muy asociado a la Modelo. Se trataba de Nicomedes Méndez, el verdugo que consumó la primera ejecución en el recinto, en 1908.
A las deficiencias de la Modelo provocadas por no haberse acabado todo lo que se quería hacer en ella, se sumó el hecho de que el sucesor de Armengol era de una religiosidad enorme, no mejorando en absoluto las cosas. Como consecuencia, los motines se sucedieron, empezando por uno el temprano año de 1906. No sólo eso, sino que los tiempos turbulentos que se vivían, como la Semana Trágica (Ferrer y Guardia sufrió el juicio que le condenó a muerte en la propia Modelo), la huelga general, etc, fueron llenándola de presos.
Llegada la República, las cosas cambiaron un poco al ser nombrada Directora General de Prisiones Victoria Kent quien, entre otras cosas, consiguió la erradicación de las órdenes religiosas de los centros penitenciarios, que se abandonaran los grilletes en los traslados de presos, etc., pero Azaña acabó destituyéndola del cargo. Su sucesor, Vicente Sol, aplicó en seguida métodos de mano dura, muy opuestos a los desarrollados por Victoria Kent, y luego, el bienio negro y sus políticas volvieron a llenar las prisiones.
Tras el cierre de la prisión de la calle Amalia, el correccional de mujeres pasó al asilo de Les Corts de la Diagonal. Por su parte, la Modelo fue vaciada de sus 850 presos, liberados en los días de la primera revolución, una vez declarada la guerra civil. Pero durante la contienda fueron aumentando de nuevo, llegándose a contabilizar unos 3.400 presos políticos en Barcelona. La Modelo se llenó, pues, combinándose entonces como centro de reclusión con el barco-prisión Urugay y las sofisticadas checas, una idea de origen soviético. De entre las más perversas, las ideadas por Alfonso Laurencic.
Lorenzo señaló que las checas no fueron el único sitio donde se torturaba. Como ejemplo -para mí muy sorprendente- puso el del castillo de Casteldefels, donde las Brigadas Internacionales recluían a sus propios miembros que hubieran querido desertar, o cosas parecidas.
En todo caso, las cárceles, y con ellas la Modelo, volvieron a vaciarse antes de la huida de los republicanos de la ciudad por la inminente entrada en la misma de los nacionales. Duró muy poco vacía, pues bien pronto el nuevo régimen la llenó, como llenó también campos de concentración (como el de Horta) y otros sitios. Su capacidad máxima, de hecho, se vio duplicada o triplicó.
Hubo entonces una cuña explicando la formación de la Brigada Política y Social, con ejemplares como los famosos Antonio y Vicente Juan Creix, y un desvío por el recorrido de éste último quien, después de martillo de comunistas, vio que debía reciclarse y fue a hacer un curso a los Estados Unidos con la CÍA para aportar nuevos métodos. Finalmente fue el único comisario expedientado por el propio franquismo y acabó su carrera sellando pasaportes en el aeropuerto de Barcelona. También se habló, claro, del nefando TOP, Tribunal de Orden Público creado en 1963.
Entre 1955 y 1963, por cierto, la Modelo fue también cárcel de mujeres, pues a ella acudieron las que residían en el Asilo de Les Corts cuando las monjas quisieron vender su terreno a los que hicieron años después El Corte Inglés de la Diagonal.
En 1974 se dio garrote vil en la Modelo a Salvador Puig Antich. Fue el último ejecutado ahí y, junto al desgraciado Heinz Chez, el último uso de ese método de ejecutar la pena de muerte.
Durante la transición se amplió la diferencia de trato entre presos políticos y comunes. Terminó consiguiéndose la amnistía para los primeros, pero los segundos la reivindicaron también para sí. La creación de la COPEL (Cooperativa de Presos en Lucha) ayudó mucho en sus reivindicaciones y en la divulgación de las mismas.
Empezaron a haber fugas (como la de Diego Redondo Puertas -el malo Dieguito- en junio de 1978 y motines continuos que, pasada la transición, ya sin la COPEL, adquirieron una espectacularidad y una violencia (época de la heroína) enormes.
Antes Alberto Valle introdujo otro personaje singular, el mercedario Bienvenido Lahoz, quien, combinado con Maximo Cuervo como Director General de Prosiones y el sucesor de Lahoz, Martín Torrent, todos ellos nombres esta vez aportados por Lorenzo, enfocaron la cosa tirando hacia el lado fanático religioso. Se editaba la revista Redención, con artículos muy exaltados. Lahoz fue quien hizo decorar la capilla de la Modelo a Helios Gomez, que pintó unos ahora famosos ángeles con rasgos de su raza gitana.
Cuando en 1984 se cedió la gestión de las prisiones a la Generalitat, los conflictos no acabaron. De ese mismo año es el famoso motín liderado por El Vaquilla, quien para liberar a los funcionarios que habían secuestrado exigió un chute de heroína, que se dio ante las cámaras de TV, que también había exigido se presentaran para dar a conocer sus reivindicaciones.
La puntilla de la mala situación de la Modelo, y la decisión de cerrarla, quizás estuviera en el asesinato del preso Vaccarazi, mediante un tiro desde un balcón de un edificio de viviendas.
Por cierto: Nuria Gispert mandó tapar los frescos de Helios Gomez. Se ve que no le gustaban nada esos ángeles gitanos, ahora reivindicados como una de las grandes obras del arte de la postguerra.

Una checa, diríase que de op-art.

Los ángeles gitanos que Helios Gomez pinto en la capilla de la Modelo.

Antonio Juan Creix siendo condecorado.

Nuria Gispert, consellera de Justicia que tapió las pinturas de la capilla
 

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