martes, 3 de marzo de 2026

Etimología: sustratos y supraestratos


Llegó el momento en el curso sobre Etimología que da Javier Velaza de hablar de los sustratos lingüísticos: una lengua como el latín, cuando llegó a un lugar como la Península Ibérica, seguro que adaptó algo de las lenguas que habían en ella, a las que se superpuso.
Para enfocar el tema, Velaza ha puesto primero el primer mapa, que indica de una forma aproximada los pueblos con los que se encontraron a su llegada. El efecto que ha producido ha debido ser similar al de la introducción del famoso caballo en Troya, pues todo el mundo se ha puesto a hacer preguntas sobre el mapa, alargando el momento de hablar de los sustratos asumidos por el latín.
Ese mapa deja claro la existencia (mucho antes de esas otras “dos Españas”) de dos Hispanias en la Península, divididas por la lengua que hablaban: unos pueblos (los más cercanos al extremo noroccidental) hablaban lenguas indoeuropeas, mientras que los más cercanos al extremo suroriental hablaban lenguas de otro origen.
Dice Velaza que las fuentes clásicas en realidad hablan de pueblos, pero nada de lenguas. Los romanos no se preocupaban para nada de cómo hablaban los habitantes de los sitios que pasaban a dominar. De hecho, no impusieron nunca su idioma, sino que éste fue circulando por comodidad. No obligaban a nadie, más que para las cosas oficiales. Y es que -ha recalcado- las lenguas no tenían el carácter identitario que se les ha dado recientemente, desde el siglo XIX.
Pero volvamos al mapa. Los pueblos cuyo territorio está marcado en amarillo son todos íberos, pero hay enormes diferencias en cuanto a cultura material, ceremonias funerarias y de todo orden entre ellos. Disponemos de unas 2500 inscripciones en su lengua común, la ibérica, que no se ha descifrado. Sólo se ve claro que no se trata de una lengua indoeuropea.
En el territorio de los celtíberos y berones hablaban la lengua celtibérica, pero en cambio los lusitanos hablaban el lusitano, lengua indoeuropea, pero no celta.
Los de por el Algarve, a los que se les ha llamado Tartesos, aunque hay aún muchas dudas sobre ellos, no hablaban una lengua indoeuropea. Y luego están los vascones.
Muchos de esos pueblos, como los galaicos, no dejaron ningún texto escrito. Para los territorios en los que no se han encontrado nada escrito, los estudiosos de la cuestión se basan en sus deducciones en la antroponimia, en decir en la posterior conservación de nombres de gente que son claramente anteriores. La otra fuente sería la toponimia (los nombres de los sitios), pero Velaza, después de confesar que su primera publicación fue de toponimia, echa pestes de ella como forma para aclarar las cosas y de su inocencia inicial al respecto.
Otra cosa que parece ponerle nervioso es que se suele decir que esos diferentes sustratos con los que se encontró el latín como superestrato son causantes de las diferencias entre las diferentes lenguas romances. Es la teoría general, pero Velaza se identifica como enemigo de ella, en tanto en tanto no la ve en muchísimas ocasiones lo suficientemente demostrada. Y explica que de poco le sirve si le dicen que una palabra es de origen prerománica si no le demuestran el camino que ha recorrido hasta su estado actual.
Y esta mañana ha puesto un ejemplo de una de las cosas que se oían sostener sin demostración alguna y ahora se sabe falsa, como es la de la sonorización de las consonantes sordas Intervocálicas, que Menéndez Pídal decía que se daba en Hispania y no en otros lados, por lo que lo atribuía al sustrato celtíbero. Pero ahora se sabe más del celtíbero, y resulta que no sonorizaban…
Y es que es muy difícil sacar deducciones de lenguas de las que no quedan muchas fuentes escritas. Del celtíbero (lengua indoeuropea) han quedado 300 inscripciones. Pero se hace difícil entender sus textos largos. Del lusitano sólo hay 6 inscripciones. Del ibérico 2500, pero no se entiende nada. Del Vasco sólo quedan 4 o 5.
Posteriormente ha pasado ya a poner ejemplos de palabras que sí, que se ha podido demostrar que llegaron al latín (como superestrato) a partir de su estrato: las lenguas paleohispánicas. Pero bastantes de ellas resulta que no pasaron directamente de la capa inferior a la superior en su localización, sino que el trasvase al latín se dio en otro lugar y luego el latín, a su vez, las exportó por todo su territorio. Voy a por los ejemplos:
Empleos de celtismos:
-Cerveza. Del latín cervēsia, que venía del galo cervesia (inscripciones galas). Pero no ha llegado del celtíbero directamente…
-Carro. Del latín carrus, préstamo del celta (irlandés antiguo o galés carr o car)
-Brezo
-Barranco. Celta barro: cima, borde.
Palabras catalanas:
-Banya (cuerno). Del latín bania, de origen celta ban (punta, cuerno).
Palabras en Gallego/Portugués.
-Bardo, del celta bardos (poeta)
-Canga, del celta canga (yugo)
Etc.
El siguiente punto del programa nos ha llevado a los superestratos que podemos encontrar en nuestras lenguas: ha empezado por los germanismos. Los godos adaptaron muy pronto (antes de la invasión posterior que ellos, a su vez, desencadenaron en terreno del Imperio romano) el latín. Se trata lo que dejaron sobre todo de una herencia léxica, centrada principalmente en el ámbito bélico y sus aledaños. Un obispo que escribió la biblia en gótico ayudó muchísimo a seguir estas cosas:
-Guerra (que recordemos que en latín era bellum!). Del fráncico werra, conflicto, pelea.
-Guardar. Del germanico ocidental wardon, vigilar. Relacionado con el inglés guard, ward.
-Ganar. Waidanjan. Del francico cosechar, obtener
-Espía. Del germánico spāhōn, observar, examinar.
-Rico. Del germánico riks, poderoso, jefe.
-Robar. Del fráncico raubōn, saquear. Relacionado con el inglés rob o el alemán raub.
-Ropa. Del germánico raupa, botín, prendas arrebatadas.
-Alguna palabra, como orgullo, llegó del germánico (en este caso el fráncico urgol, sino a través del francés medieval.
-La palabra italiana ‘braga’ (bragueta, pantalón rústico) viene del italiano bracae, que tiene su origen en el galo para pantalones.
El próximo día seguiremos con el superestrato árabe en nuestras lenguas.


 

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