El libro ahora presentado.
El mapa original de Borsano, que contiene tanta información que se hace difícil su lectura.
He asistido a bastantes conferencias en las que se utiliza y valora cartografía histórica y, al no tratar con ello cotidianamente, no retengo demasiado sus nombres y demás elementos, pero se ve que entre cartógrafos interesados en los mapas de Cataluña, “el Borsano” es uno muy especial.
Mapa de “El principado de Cataluña y Condados de Rosellón y Cerdeña” elaborado en 1687 por el ingeniero militar Ambrosio Borsano, éste lo ofreció al rey Carlos II con la intención de que mandara su impresión, cosa que no sucedió, y el mapa manuscrito acabó en posesión de la Biblioteca Nacional, y situado concretamente en la sala de su sección de cartografía (no accesible por el común de los mortales) de esa institución ubicada en Madrid,
Allí, según me enteré ayer en la sesión organizada por la Societat Catalana de Geografía, había ido alguna vez algún estudioso para analizarlo y, armado de una escalera, intentar distinguir cierta información que, en cualquier caso, dado su enorme tamaño y su mal estado, costaba desentrañar. De ahí salió el acuerdo entre la Biblioteca Nacional y el Institut Cartogràfic i Geològic para lanzar un proyecto para limpiarlo, digitalizarlo y hacerlo accesible que, una vez cubiertos sus objetivos, en noviembre en Madrid y ayer en Barcelona, se dieron a conocer sus resultados.
El más aparente debe ser el mapa restaurado y bien protegido, pero como permanece en una pared detrás de la mesa de la Jefa del Servicio de Cartografía, M. del Carmen Garcia Calatayud (ayer presente), debemos dirigir nuestra atención al libro editado por ambas instituciones, según explicó Carme Montaner, una de sus autoras, un atlas, elaborado a partir de la digitalización previa, en la que forzaron el color para que fuera más legible la abundante información que contenía, auténtico objetivo de la edición.
Junto a alguno de los mapas resultantes del altas -también explicó- han colocado el ortofotomapa de la zona representada, para que el lector pueda observar su transformación a través del tiempo. Cuelgo una imagen que enseñó para el caso de Palamós, que indica la perfección del trabajo de las proyecciones efectuadas por Borsano en su día. Por último, también han ampliado algunas de las vistas de ciudades, muy pequeñas en el mapa original, para que puedan admirarse sin dificultad.
Otro de los autores del libro, Francesc Nadal, dio una serie de informaciones para situar en su tiempo y razón de ser el mapa, y para que pudiéramos valorar su importancia, entre las que señalo:
-Que debe de entenderse y estudiarse en el marco de la cartografía militar de la monarquía española. Señaló, para que viéramos cómo iba la cosa, que la monarquía destinaba a un ingeniero italiano como él en Cataluña, y a otros de la Península en destinos por Italia o en la misma Península, pero también alejados de su casa de origen.
-Como tal mapa militar, está hecho sobre todo para dar a conocer los caminos por los que pueden ir las tropas, donde pueden pararse a acampar con agua y comida suficiente para sus caballos, etc., pero que aún así contiene otra mucha información de otra índole.
-Su elaboración es seguro que se basará, como mínimo, en el “Discurso General” que el mismo Borsano dirigió a Carlos II, en el que constan buena parte de los datos que volcó en su mapa, y en un fogaje que, por lo que oí ayer de varias voces, aún debe explorarse e investigarse en profundidad.
-Aunque precisando la poca fiabilidad de las transformaciones de las leguas castellanas en otras similares, la escala del documento es la sorprendente -en relación a los mapas que nos han llegado de esa época, de ca 1:150000
-Està cargado de toponimia de todo tipo, señalando por ejemplo el nombre de asentamientos humanos de diferente importancia. Para dar un ejemplo, puso la representación en el mapa del Cabo de Creus, en la que se ve (foto) 52 topónimos que identifican todas sus calas, frente a los 15 o 3 respectivos de otros mapas de la época con los que se podría llegar a comparar.
-Ya había otros mapas previos con especificación de la red viaria, pero éste es el primero con cara y ojos. Aparecen caminos principales, secundarios,…
-Se detecta algún olvido (datos que, en cambio, ha indicado en el discurso general) como para justificar que hay una persona detrás, que de tanto en tanto debió mostrar su cansancio.
-Aparecen en él 29 unidades político administrativas. Andorra, a sus efectos, era considerado entonces como de la corona española…
-Está repleto de santuarios marianos, pudiéndose quizás deducirse de ello que ya pensaba en su entrada posterior en la orden franciscana.
Cerrando el acto, el Director de la Biblioteca Nacional, que también se desplazó a Barcelona, expresó su deseo de presentar en un futuro próximo el mapa original en Cataluña, mediante una exposición que haga honor a su importancia. A ver si llegamos a verla.
Rafael Giménez Capdevila (presidente actual de la Societat Catalana de Geografia), M. del Carmen García Calatayud (Jefa del Servicio de Cartografía de la Biblioteca Nacional), Francesc Nadal (historiador de la Geografía, sobre todo en su vertiente geográfica), Jesüs Burgueño (SCG, moderador del acto) y Carme Montaner (Antigua responsable de la Cartoteca del Institut Geogràfic i Geològic de Catalunya) ayer, en el acto.
Cuatro técnicos de la operación para descolgar el mapa y sacarlo de su protección para proceder a su limpieza y digitalización (sacado de un vídeo de la Biblioteca Nacional que se pasó ayer).
Limpieza del mapa original por parte de una miembro de la BN.
A la izquierda, Palamos en el mapa de Borsano. A la derecha, su visión reciente en su ortofotomapa.
El Cabo de Creus y la inmensa cantidad de toponimia que incluye el mapa de Borsano.
Abajo, a la derecha, uno de los motivos artísticos del mapa. Lo que parece un pintor dibujando de la naturaleza.
Retrato de Carlos II que figura en el mapa, quizás pintado por Borsano con el propósito de vencer su voluntad y que, entonces, mandará imprimir el mapa. No coló.









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