Si el otro dia, de la primera sesión del curso sobre etimología que nos da Javier Velaza, todos salimos con el espíritu ensanchado, pensando en los caminos repletos de sugerencias que se abrían ante nosotros, hoy, tras la segunda sesión, creo que hemos tomado conciencia de la complejidad de ese mundo al que nos estaban invitando.
Quedamos el otro día en que la consideración científica de la Etimología no surgió hasta que, tras comparar la mayoría de lenguas occidentales entre sí, se empezaron a encontrar una serie de analogías que, tras analizarlas convenientemente, llevaron a la idea de que todas ellas tenían un origen común, en un lenguaje indoeuropeo.
Las raíces etimológicas indoeuropeas de cada palabra no dejan de ser una reconstrucción teórica, y por eso vienen precedidas, al escribirlas, de un asterisco.
Cada vez le voy dando más vueltas a la cabeza a lo siguiente: dijo Velaza el otro día que la Etimología tiene mucho que ver con la Arqueología y, como tuve ocasión de ver in situ la forma de trabajar de los arqueólogos, noté que en su disciplina funciona todo a base de hipótesis que van lanzando, construidas a partir de los descubrimientos que van efectuando en las capas arqueológicas del terreno explorado. Al igual que nuevos descubrimientos arqueológicos ponen en duda y hacen replantear las teorías existentes, me parece a mí que en la Etimología puede pasar otro tanto.
Pero, dejando mi elucubración a un lado, vuelvo a la exposición de Javier Velaza de esta mañana. A partir de ahí nos ha ido llenando la pizarra de tablas y más tablas.
Una primera mostraba las similitudes (o no tanto) de ciertas palabras entre diferentes lenguas indoeuropeas (1). Una segunda las correspondencias de letras entre esas mismas lenguas (2), porque se da el caso que la transmisión de las lenguas ha sido siempre por su fonética, cómo suenan, y su representación gráfica ya es harina de otro costal. Hay un diccionario fonético universal, pero por lo que he llegado a ver, no aclara mucho.
Ha alertado de unos cuantos peligros en los que se puede caer al establecer este tipo de comparaciones. Por ejemplo, con el caso de los números, los numérales (un asistente ha hecho una intervención de esas brillante, diciendo que la dificultad es nombrar los números grandes: unos surgen por suma, como mil tres, otros por multiplicación, como dos mil), que aunque parezca que sigan la regla general, hay muchas lenguas que, por la causa que sea, han tomado si sistema numérico de otras lenguas.
Si a eso le sumamos que existen enormes desfases de tiempo entre las primeras muestras escritas de los idiomas de uno u otro lado, con lo que con ese paso del tiempo ha podido pasar de todo, ya iremos viendo lo complicado que es establecer relaciones.
Lo siguiente ya ha sido extraer del Diccionario etimológico de la lengua española que usa (3), una serie de árboles etimológicos de palabras indoeuropeas (colocadas al revés), que aportan sus sorpresas (4)







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