viernes, 21 de febrero de 2025

El Estado democrático y la industria bélica (Ángel Ferrero)


Estoy asistiendo a un seminario en el CCCB, “Guerra y capitalismo. La destrucción como fundamento”. Tras la sesión “Modernidad y violencia. Afinidades electivas”, en que se abordaba el tema “con las gafas de Benjamin”, ayer tocaba el turno a el mucho más directo y sin florituras “El Estado democrático y la industria bélica”, informado por el periodista Ángel Ferrero.
Iba a poner aquí todo el preámbulo teórico, desde Clausewitz, pasando por Marx y Lenin, sobre qué son y cómo surgen los conflictos bélicos, pero prefiero centrarme en lo que dijo de las industrias bélicas, existentes desde siempre, en principio estatales, pero pronto provocando “conflictos incestuosos” con el Estado, a medida que empezaron a dejar la fabricación de ciertos elementos a consorcios privados. Entresaco varias cosas entre las que dejó sobre la mesa, si bien, como no empleó apenas soporte visual y todo lo dijo de palabra, me temo que no podré dar más que ideas generales, sin particularizar facilitando nombres de empresas, cuáles están participadas y por quién, etc:
-En la actualidad es notoria la existencia de empresas de inversión (citó las principales, alguna muy conocida) en las empresas bélicas.
-Las cinco primeras industrias bélicas del mundo por sus cifras de venta son norteamericanas. Luego van una británica, dos chinas…
-En el primer (segunda foto) cuadro proyectado se ve (apenas…) el reparto porcentual de las ventas de armamento por países. El primer vendedor es Estados Unidos, seguido de China con un tercio de su volumen de ventas, Rusia (un octavo), etc.
-Más de la mitad del gasto militar se halla en los países de la OTAN, quedando muy por detrás China y, sobre todo, Rusia, de la que ahora nos están convenciendo día a día de su peligrosidad belicista.
-Los países de la Unión Europea se impusieron a sí mismos un objetivo de gasto militar del 2% del PiD, al que ahora, para defenderse del peligro ruso, España ha dicho que alcanzará en 2030. Pero, como sabemos si seguimos las noticias, cada día hay alguien (cosecha mía: empezando por ese simpático chico holandés, que ha empezado el cargo mostrándose un perro faldero de su amo y en los años de las tensiones por la crisis daba lecciones moralistas sobre lo que se había de hacer con los PIGS, países del sur nada de fiar, que habían llevado a la ruina con sus continuas juergas) que va subiendo la apuesta. En Europa ya hay países que han alcanzado un 3% que se empieza a pedir a todos y el bailongo del espectáculo diario impulsa a un 5%. ¿Hace falta decir que subir ese porcentaje de gasto quiere decir bajarlo de otros sectores?
-El gabinete Trump quiere utilizar la motosierra que popularizó Milei con la administración del Estado. Mirando el cuadro de la tercera foto, si lo hiciera con lógica, debería ir contra los funcionarios de los departamentos militares, que suponen directa o indirectamente (tres primeros del cuadro), más del 60% del presupuesto. Quizás lo haga el encargado Musk, externalizando mucho costo, favoreciendo así a su bolsillo personal, puesto que tiene participaciones importantes en tres grandes empresas del sector.
-En lo que respecta a empresas privadas que llegan a enviar gente a luchar en guerras, por aquí nos hemos hecho con el nombre del Grupo Wagner, pero Estados Unidos tenía otras de ese o mayor calibre, que utilizaron en Irak, dejando por donde pasaron una gran impresión de caballerosidad, delicadeza y educación.
-El sector bélico está muy representado en Bruselas, constituyéndose como uno de los lobby más importantes. Entre esos, los think tanks y los “expertos en seguridad”, que suelen practicar las puertas giratorias, podemos estar casi convencidos de que en Europa irán dejándose a un lado otras vías de solución de conflictos para meter la directa y acudir a la amenaza -o los hechos- bélicos.
En los años recientes la histeria armamentista está prendiendo. Se puede acudir a declaraciones sembrando el pánico muy variadas. Como mar de fondo, señala Ferrero, puede estar también el tema de la lucha por la imposición de la tecnología propia frente a la de China. Y, en otra dirección, la necesidad de materias primas esenciales, que suele estar en países alejados. Sitios poseedores de estas materias primas tan escasas (podemos apuntar quizás para el futuro hasta el agua) que siempre se han convertido en puntos de conflicto.
-Ejemplos: El uranio para el funcionamiento de los reactores franceses, mayoritaria fuente energética suya, significa el 20% de sus importaciones. En Nigeria en 2006 empezaron ataques de una guerrilla política -en principio con quejas del daño causado a sus habitantes que no fueron nunca atendidas- a empresas petroleras occidentales. De ese mismo año fue el conflicto gasístico entre Ucrania y Rusia. En 2007 un grupo salafista actuó igual por todo el norte de África. En 2013 en Argelia una milicia efectuó secuestros a responsables occidentales de estos tipos de empresas. En 2013 también eso, en Libia, en una planta de gas italiana. En 2014, también en Libia, un sabotaje de un oleoducto que llevaba petróleo para Europa a sus refinerías. No he captado bien algo sobre unas declaraciones de Musk animando a un golpe de estado en Bolivia, que no por casualidad es el que tiene las mayores reservas de litio. Necesario para muchos de los negocios del chico, como sus cohetes. Y ahora, descaradamente, salta Groenlandia a la actualidad. Resulta que posee 25 de las 34 materias primas que ha señalado Europa cómo esenciales para los nuevos productos (móviles, elementos de los automóviles, etc).
-No sólo se habla de fondos estructurales europeos para invertir más en la que de joven oí caracterizar -y me pareció una definición tan feliz que desde entonces la recuerdo y empleo- como la industria más esquilmaste del mundo, la armamentista. Hay, por ejemplo, unos fondos que son para mejorar las interconexiones europeas que entre sus puntos tienen, por ejemplo, reforzar los puentes, porque quizás no estén calculados para que puedan pasar muchos tanques por ellos.
-Pese a lo que se suele decir, la industria bélica supone un impacto relativamente muy débil en la economía de un país como fuente de contratación de empleo.
-Hay múltiples efectos dañinos colaterales del incremento de fabricación de armas, como que la experiencia dice que éstas acaban llegando en mayor o menos medida (mayor en cuanto más haya) a grupos criminales. El resultado inmediato es siempre el de ir entrando en una espiral de violencia, olvidándose todos de otros medios para solucionar problemas, dando, aún más, paso a éstos. En vez de solucionar el problema, lo agravan.
Claro que, viéndoles el lado positivo, las armas y métodos bélicos creados, tienen un cada vez más amplio “uso social”, también distanciándose de otras vías de solución a los problemas, en cosas como:
-El control de la inmigración
-La creciente militarización de la policía. (Basta pensar cómo van equipados los policías que se enfrentan a manifestaciones).
Por último hizo un rápido retraso a otras formas de entrada de la población en todo ese mundo de las armas. Ahí, por ejemplo, la cada vez más frecuente colaboración con los estudios cinematográficos (ultima foto) para que éstos ayuden a mejorar su imagen. O, claro, la colaboración con los fabricantes de videojuegos que tanto abundan entre la muchachada más joven, adquiriendo buenos hábitos.




 

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