1. Giulio Andreotti.
2. Un fin de semana en Milán en 1973, con medidas de austeridad que no permiten imprimir en coche.
3. Fracaso estrepitoso de la abolición de la ley del divorcio, un referéndum que ha movilizado a todo el país.
En estos repasos a la política y la sociedad italiana reciente del curso que vamos siguiendo en la UB, la semana pasada le tocó el turno a la década de los 70, pero J. M. Rua centró su mirada casi exclusivamente en los atentados de los años de plomo. Esta mañana, Alberto Pellegrini ha ampliado el punto de vista sobre esa misma década. Resumiendo:
En 1971 accede al cargo de Primer Ministro Giulio Andreotti (foto 1), un turbio personaje sin escrúpulos ante nada para obtener no lucro personal, que eso no, pero sí sus objetivos políticos. Pellegrini, para hacer palpable su peculiar sentido del humor -se ve que hasta obtuvo un premio en la especialidad- recordó la frase que soltó en una ocasión: “Quiero mucho a Alemania. Tanto que quiero dos”.
Lo que desde luego perdió del todo a Andreotti fueron “las amistades peligrosas”. No se ha llegado a poder demostrar sus actividades mafiosas posteriores a épocas cuyos delitos ya habían prescrito, pero si varias de las anteriores.
Una cosa que me sorprende que no llegara a ser tan notoria como para que me enterara en la época. En 1973 estalla la crisis del petróleo e Italia, país no productor de energía de ningún tipo, sufre las consecuencias. Se ve que se llegó a prohibir utilizar el coche los fines de semana (ver en la foto dos a la gente de Milán utilizando medios alternativos).
Pese a ello, el país experimentó un crecimiento económico brutal fuera del hasta entonces consolidado triángulo industrial. Regiones como la del Veneto, que habían estado a la cola del desarrollo, se pusieron súbitamente en cabeza. Es el momento de la moda, el diseño, los complementos italianos.
Un hecho con una incidencia brutal en la sociedad italiana: Promovido por el Vaticano, la Democracia Cristiana comete el error de solicitar un referéndum para eliminar la ley del divorcio. La sociedad se moviliza y su fracaso, estrepitoso, es saludado por toda la prensa (foto 3).
Eso es un síntoma más de la enorme evolución de la sociedad italiana, que Pellegrini demuestra dando nombres de las películas que triunfan en estos años (con, además de cine político, de terror y comedias eróticas, spaghetti western en los que los protagonistas siempre actuaban contra el poder establecido (foto 4), con músicas como las del genovés Fabrizio de André (5) o Francesco Guccini (6, quien proclamaba en una canción, y todo el público lo coreaba, que la justicia proletaria vencerá)
Otro siniestro personaje de la época sería Licio Gelli (foto 7), implicado en un golpe de estado, cara visible de la Logia Masónica P2. Las sospechas de su intervención en diferentes atentados son elevadas. Hechos constatados son, por ejemplo, la entrada de Rizzoli en el Corriere de la Sera, que había dado un giro a la izquierda notorio, como demuestra que publicase los Escritos Corsarios de Pasolini, para en su lugar publicar cartas de amor y cosas parecidas. Uno de los miembros de la Logia P2 fue Berlusconi, quien se encargó de uno de los puntos de su programa interno: debilitar la RAI a base de la creación de televisiones locales privadas.
Pellegrini se preguntaba esta mañana quien estaría en esa cúpula de la P2 de la que se hablaba, pues Gelli “era más bien tonto”, incapaz de ser algo superior a la cara visible. A la sombra de Andreotti apuntan muchos.
En la época se da también el auge de la mafia (curiosamente había un vuelo directo entre Palermo -no Roma- y Nueva York), se reorganiza y crece la Camorra, bulle la Ndranghetta calabresa en el mundo de la droga y, por último, la Banda de la Magliana, que se hace con el comercio de la droga en Roma.
Ante todo esto, con un discurso de honestidad, contra el fascismo y la corrupción, alejándose de Moscú, es la época de la respetada figura de Enrico Berlinguer, a cargo del PCI.
En las elecciones del 76 el PCI alcanza un 34,37% de los votos, a cuatro puntos de la DC, y venciendo en todas las grandes ciudades (ver mapa en la foto 8.Entre Enrico Berlinguer y Aldo Moro surge la idea del Compromiso Histórico, por el que el PCI iría apoyando a la DC para de esa forma apartar el peligro del fascismo. Al margen de la extrema derecha y la extrema izquierda, así como los otros países occidentales, que ya veían con malos ojos los tratos de Italia con “los del otro lado” (ver foto 9), el partido que, con un 9% de los votos, queda excluido, el Socialista, es, naturalmente, enemigo de ese acuerdo. Poco antes el PS ha elegido a un miembro de la PS2, Benito Craxi (foto 10). Berlinguer, que dijo conocer de qué hablaba, asombró en una reunión de su partido avisando del enorme desastre de ese nombramiento: “el PS -dijo- ha sido tomado por criminales”. El futuro pareció darle la razón.
Lo que siguió ya lo recordamos el otro día: el cadáver de Aldo Moro, y con él el del Compromiso Histórico (foto 11), apareció en un maletero de un coche en Roma (foto 12).
Llegó entonces a la sociedad el tiempo del “Riflusso”. Tras la enorme efervescencia política que se había vivido, se produjo el retorno a lo privado: el culto al cuerpo, al baile -es el momento de “Fiebre del sábado noche”-, la la felicidad personal. Un reflujo en el que, diría yo, aún nos encontramos.
También, ya “fuera de tiempo”, dos hechos violentos: la masacre de Ustica (todo apunta que un avión civil alcanzado por un misil en batalla entre aviones franceses y libios, foto 13) y el brutal atentado de Bolonia con el que también acabó la sesión del otro día.
4. Pier Paolo Pasolini haciendo de consejero revolucionario en “Descanse en paz” (Carlo Lizzani).
5. Fabrizio de André
6.Francesco Guccini.
7. Licio Gelli.
8. Resultados elecciones 1976.
9. El peligro rojo.
10. Benito Craxi.
11. Berlinguer y Moro. El Compomiso Histórico.
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14. Alberto Peregrini en un momento de la clase.














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