viernes, 22 de noviembre de 2024

Italia: Modernización y despolitización. 1980-1993

Napoli 2

No pensaba que los 80 italianos dieran para tanto. En la sesión de hoy del curso “De Mussolini a Melane”, tocaba “Modernización y despolitización. 1980-1993” y, además de confirmarse eso que desde Italia las cosas se extienden después a España, también me ha dejado la sensación de que entonces en muchas cosas se iniciaba una época que aún dura. Un resumen de lo explicado por Alberto Pellegrini:
Tras el fracaso del asalto al cielo de los 70 y 80, se produce el reflujo, un completo cambio de valores, la vuelta al privado. Se agota la contestación y lo único que interesa es el éxito personal y el enriquecimiento. El culto al propio cuerpo, la moda, las marcas,… Del 83 al 87 es la era de los Paninari, gente joven sólo preocupada en mostrar cómo se adentraban en el consumo.
Un buen ejemplo de lo que tiene éxito en esa época lo ofrece Silvio Berlusconi, quien, con dinero de procedencia más que dudosa, crea la urbanización “Milano 2”. Aislada pero bien comunicada, cerrada a los peligros del exterior. Los buenos contactos de Berlusconi se demuestran cuando en Milano 2 los ruidos de los aviones aterrizando se hicieron molestos. Consiguió que le dejaran construir un hospital y, una vez funcionando este, fue obligado variar las rutas de los aviones.
Ese fue el origen, además, del todo poderoso Fininvest, el Imperio televisivo de Berlusconi. Ofreció al barrio televisión por cable. Esa experiencia le hizo pasar a ofrecer una televisión comercial local y luego regional. Las leyes italianas no permitían que una televisión privada tuviera ámbito nacional, por lo que todas sus televisiones emitían regionalmente, pero hizo el truco de grabar los programas y emitirlo desde las diferentes TV regionales a la misma hora. Eso le abrió por completo el camino de los ingresos vía anunciantes, y ese dinero recaudado le posibilitó la contratación de los periodistas, programas y series más populares.
Un ejemplo de cómo logró imponerse a la televisión oficial: la compra de los programas infantiles de Los Pitufos y su emisión a las 20h, el horario del Telegiornale de la RAI: el poder dictatorial de los niños se impuso al de sus padres.
Sus programas machistas pero sin romper ningún límite infranqueable dieron paso a la ola de erotismo desatado, como canal de venta de todo, en los medios de comunicación.
Corresponde todo ello a una época de crecimiento de la economía, pero sin ser con una base sólida. Italia supera el PIB de Gran Bretaña, pero se dobla su déficit público.
A partir del terrible atentado de Bolonia, en el 1982, el terrorismo va de bajada hasta casi desaparecer. Paralelamente, es la época del completo declive de la izquierda. Sucumben también los triunfos de los grandes sindicatos. A una huelga con encierro en la FIAT, tras el anuncio de una seria reestructuración, se enfrenta en 1980 la “marcha de los 40.000” empleados de la empresa. Es el triunfo de los “white colors”.
En 1984, tras un pavoroso infarto cerebral mientras se encuentra ante un micrófono por un mitin, fallece Enrico Berlinguer. Se dice que a sus funerales asistieron dos millones de personas, toda una izquierda a partir de entonces huérfana de líderes con su carisma.
La Democracia Cristiana sigue tocando poder, pero debilitándose. Es la época de los gobiernos del CAF (Craxi, Andreotti y Fortani). Bettino Craxi ha visto que puede convertir al Partido Socialista en el líder de la izquierda al modo de lo que pasaba en otros países occidentales. En su reinado, entre otras cosas, establece una ley rápida que deja a las televisiones privadas de su amigo emitir a todo el país.
Por su parte, Cossiga substituye a Pertini en la presidencia: nunca rozaría la enorme popularidad de este último, acrecentada por su imagen en el Mundial de Fútbol en España del 1982, su presencia inmediata ante la mortífera erupción del Vesubio y otros acontecimientos similares.
Repasando la faceta cultural, destaca el nombre de Umberto Eco, hombre de enorme cultura que inicia la década escribiendo “El laberinto de la rosa”, con su erudición, su punto de novela de Sherlock Holmes: supo ver que la ingesta de ensayos de la década anterior iba a dar paso a un regreso a la narrativa.
Los años 80 dan paso a una irrellevante, nada crítica, canción pop, que lo inunda todo.
Como nombres de cantantes del momento sólo destacan gente como Eros Ramazzotti, Toto Cotugno,… También, claro, Battiato, Pino Daniele,…
En cine ya casi no hay películas de los grandes cineastas de las décadas anteriores. Está, eso sí, Nanni Moretti, muestra de quien contempla impotente la caída de la izquierda. Habrá que recordar esa frase que dice en “Caro diario” tras oír un discurso de D’Alema:
-D’Alema: di qualcosa di sinistra!
Pero el cine italiano, que en la década anterior había aún dado muy buenas películas, muchas producidas por la RAI, entra en pleno declive. Surge el gran éxito de “Cinema Paradiso”… Casi desaparece la comedia italiana, que se refugia en Verdone (en el ámbito casi exclusivamente romano), Troisi y hay la aparición explosiva -inicialmente- de Roberto Begnini. Pero es la época, básicamente, del destape, de la serie “Navidad en…”
Se dan entonces los grandes éxitos deportivos de los clubs de fútbol italianos, que tienen una justificación económica: aparecen los patrocinios en las camisetas, y eso les permite acumular fondos para la compra de los mejores jugadores mundiales. Pero tanto dinero en juego llevará a numerosos escándalos y violencias en los campos de fútbol, donde aparecen entonces los grupos de suporters de extrema derecha, los slogans racistas, etc.
Pellegrini gusta siempre de sazonar sus explicaciones con anécdotas, que hacen sus clases, además de muy claras, muy amenas. En este caso recuerda que, dados los insultos racistas a los napolitanos que se veían en las gradas del Verona en un partido (ver la foto), en el partido de vuelta todos esperaban qué habrían preparado en Nápoles. Pasaron los primeros minutos y los aficionados del Verona, que se esperaban algo gordo, estaban mosqueados: no pasaba nada. Pero, de repente, todos los espectadores de un lado de la grada montaron una enorme pancarta. Sólo decía, en napolitano: Giulietta: ¡eres una puta!”
Lo más importante de la segunda parte del periodo, que salpicaba toda la actividad política, fue la corrupción, totalmente institucionalizada. Sólo no caían en ella los partidos que no estaban en el poder, en sus diferentes niveles territoriales.
Esto, y los asesinatos de la Mafia en Sicilia, lleva, a partir de 1987, al declive absoluto del sistema, sin que las fuerzas políticas hagan nada para frenarlo. La población adquiere una completa desafección por el sistema político.
La caída del Muro acabará de redondear la cosa: el PC intenta salvar los muebles pasando a ser el PDS, pero no parece que el cambio le haya ido bien.
Aparece entonces el autonomismo. Primero la Liga Veneta (“Dime can, ma no italiano”, dice una pancarta suya, o “Veneto is not Italy”, en perfecto dialecto). Luego llega el avispado Bossi y la Lega Lombarda. En 1989, reunión de pastores: la Lega Nord, que obtiene un 19% de los votos en Lombardía.
En las elecciones del 1992 no hay forma de que el Parlamento, muy escindido, con grupos muy enfrentados, llegue a un acuerdo para nombrar Presidente, que es quien, a su vez, debe nombrar al Jefe del Gobierno.
Estalla la Tangentopoli. El juez António Di Pietro se convierte en un héroe popular, en un momento en que nadie quiere saber nada de la clase política. Surgen escándalos por doquier.
En otoño 1992 se llega al colapso. En las elecciones de 1993 nadie vota a los socialistas. Craxi, perseguido por los escándalos, huye a Túnez. También en 1993, un referéndum cambia la ley electoral.
Ante todo este caos llegará il salvatore, Berlusconi. Pero eso ya formará parte de la próxima clase.

Paninari.

Los 40.000 de la FIAT.

Dos amigos: Silvio Berlusconi y Bettino Craxi

Umberto Eco


Los patrocinios de las camisetas.

Roberto Begnini aúpa a Berlinguer.

Pertini postrado ante el féretro de Berlinguer. No paró de llorar.

En el campo del Verona. Pancarta bestia contra los del sur, tras la erupción del Vesubio.

La contestación en el campo del Nápoles.
 

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