Junio Valerio Borghese.
En el curso sobre la historia reciente italiana de la UB, hoy hemos llegado a los años de plomo (1969-1980).
Le ha tocado abordarlo a J. M. Rua, quien ha hablado de certezas, como la inapelable de los 409 muertos del periodo y otras que han podido certificarse, pero también de intuiciones sobre sus orígenes y de sus consecuencias.
Como antecedentes se ha remontado a la probada existencia de la Operación Chaos (1966), una ilegal infiltración de la CIA en movimientos estudiantiles norteamericanos con tal de hacer abortar desde dentro sus actividades. La expansión de este tipo de actividades fuera de las fronteras americanas pudo comprobarse en 1967, con el golpe de estado de los Coroneles en Grecia, reconocidamente apoyado por agentes de los servicios secretos con el objetivo de evitar los avances de grupos marxistas.
Ya en Italia, Rua ha hecho constar también la sospechosa existencia, por esa época, de una serie de reflexiones institucionalizadas sobre cómo parar las guerras revolucionarias, aunque para entonces no hubiera nada parecido a eso en el país.
En diciembre de 1969 tiene lugar el primer atentado de una larguísima serie. Una bomba colocada en el Banco Nacional de Agricultura de Milán mata a 17 personas…
Se acusa entonces a varios, entre los que luego serían declarados inocentes, como Valpreda o Giuseppe Pinelli. Darío Fo, en su “Muerte accidental de un anarquista” habla de la extraña caída mortal de éste último por una ventana…
Ante hechos de esta naturaleza, surge en el ámbito de la Democracia Cristiana la opción autoritaria, encarnada por Saragat, que pue frenada por Aldo Moro.
Se sucedieron entonces 36 largos años de juicios, de 1972 a 2005, que acabaron con la conclusión de que los anarquistas no habían sido los autores de la masacre, sino que éste estaba pensado por el grupo neofascista Ordine Nuovo, posiblemente infiltrado por servicios secretos.
Otros hechos violentos de la época fueron los de la revuelta de Reggio Calabria por un cambio administrativo, capitaneada por Ordine Nuovo y duramente reprimida, y los atentados de Trento (cuya facultad de Sociología era un fuerte núcleo izquierdoso) y de los que surgirían, como reacción, las Brigadas Rojas.
Un hecho también comprobado fue la organización de un golpe de Estado (luego hubo otros) capitaneado por el militar Junio Valerio Borghese, en el que se vieron envueltos 20.000 militares, y abortado aún no se sabe muy bien por quién y por qué motivos.
Con todo este caldo de cultivo, esta inestabilidad, el MSI, bajo la dirección de Giorgio Almirante, llegó a subir hasta a un 8,6% de partidarios en 1972.
Considerando al MSI insuficientemente rígido, el partido de extrema derecha sufrió una serie de escisiones, como Ordine Nuovo y Avanguarda Nazionale, nombres que siempre figurarán en los golpes violentos posteriores. Uno que trascendió de la primera fue el de Stefano delle Chiaie, un pájaro que se refugió en España, participando activamente en los hechos de Montejurra, para luego, ya en Latinoamérica, ser conocido por su papel en las atrocidades de varias dictaduras militares del momento.
En casi todos los atentados iniciales se acusaba en primer lugar de ellos a destacados anarquistas, para acabar demostrándose que habían sido cometidos por gente de extrema derecha infiltrada o que se hacía pasar por de extrema izquierda.
Rua ha señalado la confusión que sigue rodeando a todo ello, y ha puesto el ejemplo de atentados cometidos por la extrema derecha, llegando a matar a policías, para, viéndose instrumentalizados por el Estado, demostrar que no eran manipulables. Uno de estos atentados, en la zona de Gorizia, se atribuyó durante mucho tiempo a las Brigadas Rojas, hasta que un juez, en su investigación, ligó las armas empleadas con uno de los depósitos de armas que la red Gladio tenía por la zona…
La ambigüedad máxima de ciertos personajes como Andreotti deja suspendida por el aire una enorme sospecha, que Sorrentino, en su “Il divo” dio por certeza.
En el otro extremo del espectro político nos encontramos con organizaciones como Potere Operaio, Autonomía Operaia (de la que formó parte el cineasta Joaquín Jordá) o Lotta Continua, de los que surgieron desviaciones también violentas.
En este espectro encontramos nombres como el del editor Giangiacomo Feltrinelli, muerto al explosionarle una bomba que iba a colocar en una torre de alta tensión, o el de Toni Negri, fallecido el año pasado, teórico de peso y acusado algunas veces, pero nunca demostrado, de ser el ideólogo de las Brigadas Rojas.
Las Brigadas Rojas se caracterizaron inicialmente por lo que llamaban la “propaganda armada”, con una serie de secuestros exprés. A ellos estan asociados los nombres de Renato Cursio y Alberto Franceschini.
Rua ha explicado la ideología de las Brigadas Rojas con un texto del histórico Augusta Blanchi, que venía a decir que “El pueblo no sabe, y es preciso que sepa. Esto no puede lograrse ni en un día ni en un mes. Si se hacen elecciones, éstas serán reaccionarias”. Vamos, que los únicos que pueden educar a las masas son los componentes de una vanguardia revolucionaria.
A esta idea de Blanchi se opuso Engels, que le espetó que esa vanguardia se convertiría en una dictadura, pero no de todo el proletariado, sino del pequeño grupo que haya hecho la revolución.
En 1974 se producen cambios en la Democracia Cristiana y en 1975 las Brigadas Rojas (y Primera Línea) cambian su estrategia hacia auténticos atentados. Surgen también los Núcleos Armados Revolucionarios, de extrema derecha.
En 1978, ya en época del Compromiso Histórico, se produce el caso Moro, cuando Aldo Moro era el líder de la DC más proclive. Las dos magníficas películas de Marco Bellocchio, y especialmente “Esterno notte” dejan claros los diferentes puntos de vista sobre el asunto.
Con el descubrimiento del cadáver de Aldo Moro en el maletero de un coche aparcado en la Vía Caetani romana, a medio camino de las sedes de la Democracia Cristiana y el PCI, se produce el cierre de toda una época.
En 1979 es el fin del compromiso histórico, y en 1980, las brutales 85 muertes por la explosión de una bomba en la Estación de Bolonia, sin haberse aclarado aún hoy la enredada telaraña de posibles autores. Fue casi el último episodio de los años del plomo italianos.
Por sus consecuencias posteriores (el partido comunista ya nunca volvió a representar lo que había llegado a representar) podría cobrar fuerza la intuición de una búsqueda para llegar a la estabilidad a partir de generar la más bestia inestabilidad.
Giorgio Almirante. Rua, para hacernos entender que no todo es absolutamente rígido, y que caben modulaciones diversas, recordó como Almirante dejó a todo el mundo sorprendido cuando fue y se cuadró ante el féretro de Berlinguer, de quien explicó que había sido “un hombre digno”. Después se descubrió que, en medio de la gran confusión por los numerosos atentados, los dos se habían entrevistado, intentando que la violencia no lo cubriera todo
El pájaro Stephano de la Chiaie, en los hechos de Montejurra.
Feltrinelli.
La matanza (85 personas) de la Estación de Bolonia.





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