lunes, 27 de noviembre de 2023

El arquitecto Deogracias Mariano Lastra (Pedrio Fernández Lastra)

Una fotografía -¡qué fotografía!- de Deogracias M. Lastra. ¿Será de su época como director del Ateneo Popular de Santander?

¡Con qué emoción he visto el vídeo cuyo enlace incluyo al final! No es sólo porque sea amigo de Pedro Fernández Lastra, que es quien dio e ilustró su conferencia sobre su abuelo, el arquitecto Deogracias Mariano Lastra. Es sobre todo, creo yo, por ver que aún queda gente que se lanza a rebuscar por todos lados para documentar y explicar aquello que realmente vale la pena y otra gente, pese a las apariencias ambientales más numerosa de lo que podría creerse en primera instancia, interesada en saber de lo que, de alguna manera, ha servido de fundamento a su vida. Y uno y otros con la voluntad de rescatarlo del olvido.
Parece que hay aún tiempo hasta abril del 2024 para ver en la Torre de Don Borja, de Santillana del Mar, la exposición “De la madera al poliéster: el viaje moderno”, compuesta de una serie de piezas de mobiliario que, como quien no quiere la cosa, introdujeron la modernidad en España. Pues bien: una de las actividades promovidas durante esta meritoria exposición, fue la charla de la que hablo sobre detalles de apariencia -pero sólo apariencia- menor, como es el diseño de muebles y la caligrafía y presentación de sus obras de este arquitecto cántabro de primera línea, injustamente apenas conocido fuera de su región.
Deogracias Mariano Lastra es de la promoción de 1918 de la Escuela de Arquitectura de Madrid, compañero ahí de, entre otros, Rafael Bergamín (hermano del poeta) y, como se comenta en el vídeo, con méritos sobrantes para ser relacionado en la famosa generación del 25, la tan alabada que introdujo el racionalismo en el país, desarrollando en los años de la República una admirable, desgraciadamente efímera, arquitectura moderna.
Viendo el vídeo del enlace, uno puede hacerse una somera idea del personaje, implicado social y políticamente con la República, quien se desarrolló profesionalmente dibujando edificios primero regionalistas, luego, casi de repente, racionalistas y, ya en la postguerra, al volver del exilio, aún obras de calidad, pero ya sin la alegría y novedad de las anteriores. Tras la somera biografía, su nieto aporta en el vídeo una serie de planos y dibujos de los muebles que hizo para su propia casa y, luego, una muestra de las caligrafías y presentaciones que solía hacer. Todo ello intercalado con más o menos frecuentes silencios, que corresponden a las numerosas intervenciones de miembros de su familia distribuidos por entre el público, que querían aportar algún recuerdo y no pudieron grabarse.
He visto muebles y alguna obra arquitectónica de Lastra. Sabía de las preocupaciones de su nieto por salvar piezas (unas sillas diseñadas por él para un cine que iban a derribar, por ejemplo, si recuerdo bien). Ahora, tras ver la grabación de esta conferencia, me reafirmo en la cantidad de áreas a investigar y a sacar del olvido, y en lo emocionante que es que haya gente dispuesto, con honestidad y desprendimiento, a hacerlo.
Es más: por el final surge con cierta frecuencia la impotencia ante no sólo la inoperancia de la Administración, sino incluso su papel a la contra, causante directa de la desaparición de piezas de nuestro paisaje urbano que deberían ser preservadas, porque en ellas se refugian las únicas huellas de cómo podrían haber sido, de forma cálida y brillante, nuestras ciudades.

He buscado por internet la imagen de un Almilcar y me ha salido éste. Con uno imagino que similar, de color amarillo, se oye en la grabación que se paseaba a finales de los años 20 por Santander Lastra, pues lo compró imbuido por todo el mundo de la modernidad.

Uno de los dibujos de edificios suyos por Santander.

La casa De la calle Fernández de Isla de Santander, diría yo que visible y hecha desde la Alameda gracias a que se estaba haciendo la casa que luego la taparía. Ahí tuvo Lastra su despacho y vivienda, todos ellos dibujados íntegramente por él, muebles incluidos, mientras que otros pisos, pues fue el promotor de todo el bloque, tres números de calle, fueron a parar a diversos hermanos.

En la Torre de Don Borja de Santillana del Mar, durante la sesión.

Otro proyecto de Lastra, que la guerra civil ya abortó.

El grueso de la conferencia estaba en principio dedicado, para acompañar de alguna manera al tema de la exposición de Santillana, al los muebles que hizo para su propia casa.

He visto en directo este curioso sofá-cama, vestido con todo de libros y discos en sus estantes. En la grabación aparece la historia del mueble.

La Confitería Gómez de Santander que, después de haber sido cuidadosamente restaurada por continuadores de Lastra como su nieto, mandó destrozar sin apelación posible el Ayuntamiento de Santander, que había establecido un reglamento de obligada cumplimentación para “devolver su prestancia” al paseo Pereda.

Uno de los ejemplos mostrados de la caligrafía de Lastra en sus proyectos.

Y dos más.

Hay que oír la intervención de un señor del público que acudió a la sesión, temeroso de que la reforma que se va a hacer de los jardines de Piquio de al traste con la bola del mundo tan curiosa que su abuelo ayudó a hacer. Y oír, de paso, la historia de a donde fueron a parar las otras cuatro bolas que se hicieron al unísono. Sobre el cariño que, en ocasiones, se ponía en las cosas y las sensaciones que, a cambio, éstas devolvían.

Pedro Fernández Lastra.


 

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