Cuando hacen una cosa bien, me parece que hay que decirlo.
Hace muchísimo tiempo cesó para los ingenieros la obligatoriedad de colegiarse si querían ejercer. Hace menos, desapareció la obligatoriedad de los visados para la gran mayoría de obras, que los precisaban hasta entonces.
Los visados suponían más de la mitad de los ingresos del Colegio y Asociación de Ingenieros, siendo el resto las cuotas de pertenencia. Con su desaparición, al margen de un adelgazamiento bestia de su estructura de trabajo (vamos: despidieron a más de la mitad de empleados), se acabó el presupuesto para todo tipo de actividad cultural.
La Associació d’Enginyers había llevado a término una variopinta política de edición de libros, con cosas de interés, entre las que, sin ningún rubor, sitúo buena parte de la colección de 28 ejemplares que, a ritmo anual, complementados con documentales, editamos desde el Cineclub Associació d’Enginyers.
Con síntomas de una minúscula recuperación, no en forma de libro, porque ésta no da para tanto, pero sí de folleto (de esos que son tan antipáticos de ubicar y en su caso recuperar en una biblioteca) han emprendido, con la coordinación de Pau Verrié, la edición de la colección “Enginyers il.lustres” y el martes pasado una mesa redonda celebraba la aparición del último -séptimo- de la serie.
El cuadro de la primera imagen tiene, como primera prominencia, estar pintado nada menos que por un premio Nobel de Literatura, Claude Simon. Su modelo fue un buen amigo suyo de Perpignan durante los años de la postguerra española, Ferran Cuito, el ingeniero ilustre homenajeado.
Confieso que yo fui a la mesa redonda atraído, en buena parte, por su hijo Amadeu, quien resulta que no pudo asistir por una indisposición de salud a sus ya abundantes años, pero quedaron para hablarnos del personaje el historiador por antonomasia de los ingenieros de por aquí y hombre clave en el proceso combativo de los PNN durante la transición (Guillermo Lusa), el economista Francesc Roca y Pau Verrié (a quien no pude oír, porque me tuve que ir a otro compromiso.
De sus estudios e intervenciones pudimos llegar a saber no pocos detalles de la biografía de Cuito, un hombre de origen modesto hijo de un cerrajero que trabajaba en una industria textil de Sabadell. Ferran empezó ejerciendo de obrero mecánico y, habiendo cursado la carrera de ingenIería, tuvo incidencia en la sociedad (en el Centre d’Excursionisme, CEC) y cargos políticos en la República, hasta ser nombrado Director General de Industria. Durante su largo exilio, tras haber llevado durante la guerra civil unas misiones oficiales a Checoslovaquia y Polonia para la compra de armas, tuvo real incidencia en la recuperación cultural y política de Cataluña.
Tras oír el resumen biográfico enriquecido documentalmente por Guillermo Lusa a partir de las informaciones de Amadeu Cuito, Francesc Roca se centró en el papel de Ferran Cuito como propulsor de una bastante desconocida revista del exilio, publicada en Perpiñán, “Quaderns de Perpinyà”, en la que ofrecía tablas comparativos basados en datos económicos y demográficos entre la España de la República y la de los años 40 que hablaban por sí solos del brutal retroceso en todos los órdenes que supuso la irrupción del franquismo.
Con respecto al cuadro, la nuera de Ferran Cuito, que estaba entre el público, explicó que Claude Simon fue un segundo padre para su marido, Amadeu Cuito. Guardan una carta de Simon en la que le respondía, tras larga meditación, a su pregunta de cuáles eran los libros que indispensablemente había de leer para ser un hombre de cultura.





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