Me escapé cuando Joan-Ignasi Ortuño repartía no las doce botellas de vino que había asegurado, sino unos papelitos de color calabaza para ver si a alguno de los asistentes se le ocurría escribir alguna animalada vistosa.
Fue ayer, en el Col.legi de Periodistes, que anunciaba una mesa redonda amparada en la pregunta “L’aforisme. Un gènere periodístic?”, a la que fui para oír a un hombre tan sensato como Ceferino Galán, charquista y el factótum de El Naufraguito, y me encontré con el convocante de marras, queriéndose presentar como todo lo contrario de sensato.
Joan-Ignasi Ortuño, con sombrero, melena canosa, dedos ensortijados y uñas pintadas, al margen de dirigir con mano de hierro el cotarro, empezó, tras hacer moverse al público tres ocasiones, con un agradecimiento a los que dijeron que acudirían a la sesión y no lo habían hecho. Vino de su boca, eso sí, la definición del día: “De ser periodista, lo sería únicamente porque trabajo periódicamente”.
Carme Ferré-Pavía, como conocedora ortodoxa de la materia, respondió rápido a la pregunta suscitada por el título: “No. Es el género de un periodista, pero no un género periodístico”.
Ceferino Galán sorprendió al respetable sacando del bolsillo de la americana algo que, desde la butaca, parecían cartas. Lo explicó, para con ello dejar claro para qué sirven los aforismos: “Cuando en la redacción de ‘El Naufraguito’ tenemos algún problema que nos impide seguir adelante, consultamos uno de estos 23 aforismos, que nos diluyen en un periquete el atasco”. Nos quedamos, no obstante, sin saber qué pinta hacían esos aforismos de tan buen efecto desatascador. A ver si consigo, cuando lo vuelva a ver, que revele alguno de ellos.
David Rabadá, por su parte… ahora no me acuerdo que aportó a esas minúsculas intervenciones que permitía, bajo sus latigazos dialécticos, Ortuño. Algo serio, me parece,
A David Castillo únicamente le dio tiempo a auto-definirse como “la autoridad” en el tema y nombrar, como predecesor de alcurnia -pues él solo se basta y sobra para dar carta de naturaleza al aforismo por muy olvidado que lo tengamos- a Gracián. Luego Ortuño lo mantuvo a raya, en silencio, todo el rato.
Y es que, como críos, ellos dos se estuvieron todo el rato discutiendo por un dame a mí ese libro, que había arrebatado Ortuño a Castillo, cuando éste iba a servirse del mismo. Un libro que, astuto maestro, Ortuño estuvo todo el rato nombrando sin nombrarlo ni enseñarlo. Fue su forma de mantener el suspense (para hacerlo auténtico reclamo) sobre un volumen que, con dibujos de Kim y un texto de Joaquín Luna, acaba de hacer y presentará la semana que viene en el Dry Martini.





No hay comentarios:
Publicar un comentario