Quizás la reciente evolución de víctimas de la pandemia esté jugando una mala pasada a las simulaciones del demógrafo Albert Esteve, que presentó una de ellas en la sesión on-line de la Societat Catalana de Geografia del pasado 16 de junio. No he seguido el tema como para atestiguarlo. Quien lo haya hecho podrá saber si las evoluciones recientes de mortandad en Brasil, por ejemplo, se ajustan ahora más o menos a los resultados calculados. El giro dado por Portugal, en cambio, parecería darle la razón, pues cuando nos presentó el tema era una de las notorias excepciones de la bondad del resultado calculado.
Tampoco entré a fondo en las hipótesis de partida de la simulación de la que nos habló unos minutos, por lo que no sé si lo explicaré del todo bien o si tergiversaré en algún punto su trabajo.
Veamos el primer gráfico, que presenta los resultados obtenidos por su simulación. Clasifica los diferentes países de mayor a menor mortandad, según indicaría su modelo. A la izquierda aparecerían los países con una población más envejecida y a la derecha con una población más joven, por cuanto el Covid-19, que afecta por igual a toda la población, presenta una letalidad mayor con la edad.
Pero a estos resultados, que constituirían la parte más oscurecida del gráfico, Esteve les aplica un efecto corrector, que multiplica la letalidad en el caso de convivencia en el hogar de la gente mayor con otra más joven. Es así que en África y Sudamérica, por ejemplo, la mortandad “que tocaría” resulta en su modelo multiplicada por tres o cuatro, mientras que en el caso europeo sólo se doblaría.
El tercer gráfico ya lo presenté por aquí más completo, porque presentaba también la evolución del saldo migratorio, que parece ser, en cualquier caso, será la madre del cordero en cuanto a evolución efectiva de la población. Pero quiero detenerme aquí para resaltar la poca influencia que otorgan los demógrafos a la influencia futura de la plaga en la evolución de las curvas de nacimientos y defunciones.
En efecto: parece que no se dejan arrastrar en cuanto a nacimientos ya sea por un posible miedo hacia el futuro ya sea por un efecto -aplazado nueve meses- como el del famoso apagón de NY. Y en cuanto a fallecimientos, que prevalece la idea de que el incremento de defunciones que ha habido por el Covid-19 y otras causas que se han visto relegadas a un segundo plano, no será en general sino un cierto adelanto de las que se producirían de forma “natural” en los próximos tiempos.
Conviene comparar, por ejemplo con quien convive en casa la población de más de 80 años de Brasil y de España.



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