Jordi Llovet, la cultura universal y els castellers.
No me había inscrito en el seminario del Institut d’Humanitats sobre “La cultura del fin de siglo”, pero ayer -un día expresionista, según lo definió el ponente debido, claro está, al temporal de lluvia y viento que azotaba el país, que mermó hasta casi la mitad su habitual auditorio- quise asistir a la charla de Rafael Argullol sobre “Los pintores expresionistas alemanes”. No hube de arrepentirme de la decisión. Fue una sesión calmada, clara, de esas que ayudan a situar sin problema las cosas.
Jordi Llovet presentó previamente a Argullol como el conferenciante que inauguró, en los años 80, las sesiones de la institución, colaborando desde entonces sin interrupción. Estuvo divertido señalando su solidez cultural en un entorno que no parece dar muestras de valorar más que la cultura popular:
-¿Por qué se conoce la cultura inglesa? Por Shakespeare. ¿Por qué la cultura francesa? Por Montagne ¿Y la alemana? Por Goethe. En nuestro país parece que lo único que interesa dar a conocer de nuestra cultura sean els castellers...
Por lo demás, en cuanto a la charla, nos mostró unas pocas imágenes, a una per cápita, de predecesores (El último Van Gogh, el último Gauguin, Ensor, Munch) y luego de componentes del grupo Brucke (Kirschner, Jawlensky) y del Der Blaue Reiter (Kandinsky, Klee, Marc, Grosz), por los que se vio bien claramente que iban sus preferencias.
A todo el movimiento artístico lo calificó como el paradigmático, el más fundamentado en una base filosófica e intelectual, el que más repercusión, además, tendría posteriormente en todas las vanguardias. Y dejó una conclusión sobre sus tres principales características no formales, desde su punto de vista:
-Enclavado con la utopía
-Fuertemente influido por Nietzsche (muy interesante, por cierto -no tenía ni idea- lo que ha explicado de que Nietzsche era, al final de su vida activa intelectualmente, un don nadie, un outsider, sin ningún tipo de reconocimiento, reconocimiento que no llegó a existir para con él en los ambientes universitarios hasta después de la I Guerra Mundial, empezando antes en medios artísticos.
-Transición entre la tradición y el arte contemporáneo.
El Gauguin de Provenza y sobre todo la Polinesia como precursor.
James Ensor, recordando en cierto modo a ese precursor inicial en el que confluyen tantas cosas: Goya.
Autorretrato con modelo, de Kirschner.
Kandinsky, como en general todos los de El Jinete Azul, enlazados (como también hiciera cierto Goya) con el expresionismo abstracto posterior.
El jinete azul de Marc.
La Metrópolis de Grosz. Como luego en Lang, como primero en Beaudelaire, esa intuición de saber que la belleza ya no se encontrará en el mundo rural, sino en la confrontación, en los contrastes de la gran metrópolis.
Un conferenciante que midió, con tranquilidad y tino, sin aspavientos, su mensaje.








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