lunes, 16 de diciembre de 2019

Palermo española y el Mediterráneo

La fuente ocupa prácticamente toda la plaza. Pero es que la plaza no existía cuando trajeron la fuente. Derribaron casas para poder colocarla.

Para hablar hoy en el Instituto Italiano de Cultura de la “Palermo española y el Mediterráneo”, Fernando Loffredo ha ideado un subterfugio ingenioso: hemos seguidor recorrido de la cabalgata que organizó en 1624 el Virrey Emanuele Filiberto de Saboya para hacer reaccionar a la población de la terrible epidemia de peste que asolaba la ciudad. Eso nos ha permitido ver y entender alguno de los grandes monumentos que puntean el Càssaro -actualmente Vía Vittorio Emanuele-, la principal arteria de Palermo.
Para no alargar demasiado la entrada, reflejaré ahora únicamente lo que ha comentado de las vicisitudes de la Fuente de las Vergüenzas (por sus desnudos), en la Piazza Pretoria. Es un buen ejemplo de cómo se generan y visten las grandes obras para acabar siendo, finalmente, símbolos de las ciudades.
El origen de la fuente es ciertamente rocambolesco. Messina, ciudad siciliana rival, encarga a un discípulo de Miguel Ángel una hermosa fuente, la de Orión. En Palermo buscan superar eso, pero varios proyectos fracasan por una u otra causa. Don Pedro de Toledo, suegro de Cósimo de Médicis, había encargado al escultor Francesco Camillani una fuente para su jardín florentino. Aunque inacabada, la vende al senado de Palermo para aminorar un poco el peso de sus deudas. Su hijo Garcia de Toledo se encarga del transporte desde a Florencia.
La fuente, enorme, no cabe en la plaza a la que da la fachada del Senado (actual Ayuntamiento). Es entonces cuando compran y derriban una serie de casas a las que da la fachada posterior, insertando ahí la fuente.
Otro problema que deben afrontar es que las esculturas y relieves de la fuente hacen todas alusión a Florencia o a la familia de los Toledo o a la de los Medici. Encargan un poema para ligar todos esos elementos con la ciudad de Palermo y es así como los ríos toscanos se convierten en las dos secas rieras que cruzan Palermo y en otros dos ríos míticos, pero inexistentes. Y Baco en el Genio de Palermo pero, como no se parecen ni por asomo, el poeta habla del niño del origen mítico de la ciudad.
Hechos todos los apaños, la cosa tiene éxito. La plaza pasa a ser un icono de la ciudad.

El poderoso Arno se convierte en el escualido, seco, Oreto.

Y el Mugnone en el Papireto, al que, para darle empaque, en el poema emparentan con el Nilo.

Baco, que coronaba la fuente, pasa a ser el Genio de Palermo, fundador mítico de la ciudad.

Como no tiene nada que ver con la iconografía existente, se inventan eso de que se trata del Genio de Palermo en su tierna infancia.

Pero pese a todo la plaza pasa a ser la más característica de Palermo. Por eso aparece retratado Garibaldi en ella...
 

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