martes, 10 de diciembre de 2019

De Milán a Bolonia: la Estrategia de la tensión (Alberto Pellegrini)

Bolonia, 1980.

Inscrito en el III ciclo de conferencias sobre ciudades italianas, me había saltado las tres primeras. Sé de buena tinta que por lo menos la anterior, centrada en la canción genovesa y sobre Génova, estuvo muy bien y habría gustado un montón a Antoni de Moragas, pero no pude ir. Así las cosas, ayer, con pesadumbre, dejé otras cosas para acudir a oír “De Milán a Bolonia: la Estrategia de la tensión”, que exponía Alberto Pellegrini.
La estrategia de la tensión sería la asumida por las fuerzas de la derecha reaccionaria para evitar el éxito en Italia de los movimientos de izquierda. Milán (en 1969) y Bolonia (en 1980) serían los lugares y momentos, con atentados cruentos, de origen y fin de la citada estrategia, objeto de la conferencia.
Situó Pellegrini inicialmente el entorno previo: En 1947 Italia se hace receptora del Plan Marshall, pero para ello debe aceptar una condición previa: impedir a los comunistas acceder al gobierno. Se acabaron desde ese momento gobiernos de coalición con los comunistas como los que existieron ya en 1944. Eso con una Democracia Cristiana, que casi llegó a la mayoría absoluta en las elecciones del 1947, en permanente descenso de sus resultados electorales, mientras que el PCI iba, por el contrario, en aumento. Para parar ese ascenso empiezan a organizarse, en la tesis de Pellegrini, una serie de redes más o menos encubiertas para garantizar ese propósito de ausencia del PCI: surge la labor de zapa de la red Gladio (Cossiga) y otras redes secretas como Noto Servizio (Andreotti).
Vienen los años del milagro económico y la sociedad italiana efectúa un cambio radical. Para afrontar esos cambios, una Democracia Cristiana que surgió como partido de centro, agrupación de muchas tendencias, se plantea varias, sucesivas alternativas. Una primera fue el gobierno de Tambroni con el apoyo del MSI (neofascistas). A ésta, fracasada, siguió un gobierno con el PSI de Pietro Nenni, fomentado por Aldo Moro. Surge después el desarrollo del “Piano solo”, del general De Lorenzo, que no llega a materializarse, pero consigue que el PSI baje sus expectativas, tranquilizando a los militares y al influyente aliado norteamericano. El 1968 italiano y sobre todo la extensión de las protestas estudiantiles a las grandes huelgas obreras de 1969 provocan una reacción en el gobierno, que efectúa un aggioranmiento en el sistema legal en varios campos (mejoras sindicales, liberación acceso a la Universidad, estatuto de los trabajadores, ley del divorcio).
Empieza entonces lo que Pellegrini definió ayer como “estrategia de la tensión”, consistente en una serie de acontecimientos violentos, generalmente no reivindicados, protagonizados por organizaciones o grupúsculos de extrema derecha, aunque la mayor parte de las veces intentadas adjudicar a la extrema izquierda.
Ahí estuvo el grueso de la sesión, que sirvió -al menos así fue conmigo- para poner un poco de orden a tantas cosas de las que se han oído hablar, pero sin clarificar del todo nunca. Los actores que fueron desfilando fueron numerosos: los servicios secretos italianos y extranjeros, el gobierno de Nixon, los coroneles griegos, un bailarín anarquista, Pinelli -un caído desde la ventana de la policía milanesa (el de “Muerte accidental de un anarquista” de Darío Fo)-, Saragat, Aldo Moro, el juez Stiz de Treviso, Ordine Nuovo, el MSI, Junio Valerio Borghese y su intento de golpe de estado, De Carolis y su Mayoría Silenciosa, Andreotti, el Pasolini de las Crónicas Corsarias diciendo que él lo sabe todo, que sabe quienes son los autores de los golpes, Berlinguer y el Compromiso Histórico, las Brigadas Rojas, los NAR, la Logia P2, el banquero Calvi y hasta la Banda de la Magliana.
Y, por el medio, los atentados de la Piazza Fontana (Milán, 1969) y muchos más, con muertos y heridos, por toda Italia, hasta el terrible (casi un centenar de muertos) de la estación de Bolonia (1980), el más extraño, por descifrar, de todos.
Después, cerrada la estrategia de la tensión, casi desaparece el PCI y dominan las turbias personalidades de Craxi y Andreotti, para ir surgiendo con fuerza la triunfante figura de Berlusconi. Por ahí ya enlazamos con la serie de televisión “1992”...

Alberto Pellegrini, en un momento de su conferencia de ayer.

Y unos instantes después.

El cadáver de Aldo Moro, descubierto en la maleta de un coche aparcado.
 

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