miércoles, 22 de abril de 2026

El Afganistán "soviético"

Abril 1978: revolución de Saur.

Va de Afganistán en manos de los comunistas. Teóricamente, porque la realidad, esa que dicen que va por otro lado, es muy dura. Sigo desgranando los apuntes de la clase de José María de la Rúa.
El partido Democrático Popular de Afganistán, que agrupaba a dos grupos enfrentados, el más moderado Parcham (liderado por Taraki y apoyado por la URSS) y el Jalq (liderado por Amin, partidario del paso inmediato al socialismo, aunque las condiciones esas que se decían necesarias para ello no se veian por ningún lado), dieron en 1978 un golpe de Estado contra Daoud (del que hice entrada el otro día). El gobierno pasó a manos de Taraki, pero Amin dió inmediatamente otro golpe de Estado, ejecutando a Taraki…
El nuevo gobierno emprendió una serie de reformas (sobre el papel de la mujer -con un aumento de su edad para el matrimonio-y agraria) que pudieron de diente a las tribus y, como gesto llamativo, cambió la bandera por una roja con la hoz y el martillo, acción con la que consiguieron hacer ponerse a todo el mundo en contra suya.
Pero en enero de 1979 se produjo la revolución de los ayatolas (inicialmente apoyada por otras fuerzas) en Irán, con lo que se produjo un cambio en el tablero político de la zona. La URSS creyó entonces que, para compensar al Irán perdido, los norteamericanos querrían entrar a Afganistán, un temor adicional al de los ayatolás, que pensaban que podían acabar influyendo en las entonces Repúblicas Socialistas Soviéticas musulmanas.
Después de mucha discusión interna, en diciembre de 1979 tropas de élite soviéticas tomaron el aeropuerto de Kabul y el Palacio Presidencial, resultando muerto Amín en el asalto. A partir de entonces, empezaron a entrar tropas ordinarias por la frontera, pero no controlaron el país, que se ha visto varias veces incontrolable. Se encuentran con grandes resistencias:
-la islámica
-la tribal
-la internacional
25.000 yihadistas llegaron al país procedentes de todo el mundo para combatir. Por eso el número de tropas soviéticas van aumentando paulatinamente, hasta llegar a ser un máximo de 180.000 soldados los destacados en el país. En el período “soviético” llegaron a pasar por Afganistán 620.000. Pero era inutil: sólo controlaron las grandes ciudades y ciertas carreteras asfaltadas, que no son de las más frecuentes en el país… Los Comités Islámicos de los pueblos sí que eran, en cambio, como un pequeño Estado, a diferencia del de Afganistán.
Durante las hostilidades las tropas afganas, muy numerosas, apenas si intervinieron. No eran fiables, eran cooptadas frecuentemente por los islamistas y todo el peso de la guerra recayó en las tropas soviéticas.
En 1983 se apreció un cambio de estrategia. Sustituyeron los tanques, que no tenían nada que hacer en terreno montañoso, por helicópteros, con los que lanzaban una acción relámpago…. y al poco tiempo regresaban. Los soviéticos no iban perdiendo la guerra, pues tuvieron victorias temporales a base de enormes pérdidas humanas y materiales, pero tampoco la ganaban. Resistieron en Afganistán hasta que ya no pudieron aguantar económicamente.
Todo Occidente, por su parte, condenó la invasión soviética. Estados Unidos dejó de enviar los cereales que, a pesar de la guerra fría, había continuado enviando a la URSS, y efectuaron, por ejemplo, un boicot a las Olimpiadas de Moscú.
Es en ese momento en que incrementaron la ayuda que ya prestaban a los muhaidines (palabra que quiere decir “los que hacen la yihad”). De hecho, se establecieron campos de entrenamiento de muhaidines por todo el mundo, hasta unos cuantos en China.
De la Rúa nos pasó entonces una secuencia de “La guerra de Charlie Wilson” (Mike Nichols, 2007), que cuenta con un agente secreto interpretado por Tom Hanks llevando dinero a espuertas a los muhaidines para que lucharan contra los rusos, y a continuación se puso a explicar las numerosas trolas que incorpora, como que la Cia no se enteró del cruce de fronteras de los tanques rusos hasta el momento en que se produjo, y cosas así, y que quien se puso a actuar fue únicamente ese senador nortemericano. Efectivamente entregó dinero y un específico tipo de armas que se hicieron famosas, pero que en absoluto fueron determinantes. Quien seguro que sí lo fue es Brezinski, consejero de Seguridad Nacional originario de Polonia, furibundo anticomunista.
Siguiendo su batuta, la CIA había empezado las ayudas a los integristas antes de la invasión soviética. Según dijo Brezenski en una entrevista, quiso “darles a los rusos su Viet-Nam”. Fue en ese preciso momento cuando se produjo la reunión de siete grupos islámicos que hasta entonces habían funcionado totalmente separados.
Siguiendo una sugerencia de Gorvachov, Naibulah, el último primer ministro comunista del país, dio una serie de pasos para ganarse a grupos islamistas y diferentes tribus (entre las cuales el regreso a la bandera tradicional), ampliando su inicialmente reducido círculo. Pero en 1988 se firmaron los acuerdos de Ginebra y en febrero de 1989 se produjo la retirada de las tropas soviéticas.
Nailbulah resistirá en el poder hasta 1992, el año en que cayó la URSS… Los rusos tienen claro que nunca más mirarán hacia Afganistán.


Yaraki

Amín

La guerr de Charlie Wilson

Brezenski

 

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