miércoles, 5 de noviembre de 2025

Fascismo histórico



Pongo unas cuantas de las imágenes que Steven Forti ha enseñado cuando ha explicado que el fascismo (el histórico, el de verdad) tenía una visión palingenésica de la sociedad. Por suerte también ha explicado el palabro, que la verdad es que no lo empleo en mi vida cotidiana: va de búsqueda de la regeneración, de una vida nueva.
Está preocupado Esteve Forti - y yo creo que tiene más razón que un santo- con la confusión que existe en estos momentos con la utilización del término, que basta que uno presente algún síntoma de tener ideas que en tiempos se decían “reacccionarias” para que se le insulte acusándole de ser un redomado fascista. Hay que ser un poco cuidadoso en el uso de las palabras, porque de lo contrario no se podrá actuar con eficacia contra vientos tan dañinos que soplan hoy en día.
Con esta idea, nos ha dado una bibliografía básica nombrando a gente que ha estudiado el fenómeno del fascismo y de los que se dice son sus sucesores, y ahí han aparecido los nombres de Umberto Eco (que definió las 14 características de los fascistas, pero que luego resulta que también se encuentran en otros grupos), Jason Stanley (que revisa cómo funciona el fascismo en aspectos como su toma del poder, y llega a hablar de Orban como “fascista posmoderno”), Emilio Gentile (quien dice que, estando en la época del post, podemos caer en el riesgo de la ahistoriología, y no contextualizar), Roger Griffin (quien habla del fascismo como un concepto vaciado de sentido, convertido en un insulto), Enzo Traverso (quien habla de Trump como un líder posfascista sin fascismo) o Federico Finchelstein (quien obsesionado por su Argentina, habla del posascismo en los tiempos actuales).
Después de abierto el melón de tantos usos de la palabra, ha dado paso a las definiciones de diversos autores sobre el fascismo histórico, el de los años 20, acudiendo a textos de Bobbio, Paxton, Griffin, Estwell o Notte y preguntándose, como resultado, si deberíamos hablar de fascismo o de fascismos.
Ahondando un poco más, poniendo al fascismo en su contexto, lo ha caracterizado, entre otras cosas, como respuesta al ingreso de las masas en la historia, tras la gran guerra y sus trincheras, la revolución rusa o la misma organización de la izquierda en partidos de masas. Y ha hablado también, claro, de que tiene una evidente estética militarista, considerando a la violencia como una herramienta política legítima (y ahí ha recordado su uso de fuerzas paramilitares).
Pero también ha dejado sentado que no todo vino de la guerra, porque las cosas siempre tienen un componente de continuidad. Así, de antes de la guerra vendrían ecos del ultra nacionalismo antiliberal de finales del s.XIX, del darwinismo social, del pensamiento de Nietzsche, la psicología de las masas de Le Bon y el sindicalismo revolucionario de Sorel, como nos ha hecho ver que confesaba el mismo Mussolini en su “Doctrina del Fascismo”.
Finalmente, ha estado hablando de que, siendo el fascismo un fenómeno fuertemente reaccionario, también fue percibido, incluso más allá de por sus propios seguidores, como un fenómeno revolucionario, que quería darle la vuelta a la forma de vivir. Y ahí está, entre otras muchas cosas, su mencionada visión palingenésica.
De hecho, siempre existió dentro del fascismo una fuerte tensión entre modernidad y tradición, pero eso, concluyó, ya será cosa de la sesión del viernes que viene.



 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Sobre la guerra Irack-Irán

El inicio de la guerra fue la invasión por parte de Irak de la región de Shatt al Arab, quizás pensando Sadam Hussein que en ese momento ten...